A la hora de invertir, los vehículos de inversión más populares suelen ser las acciones y las letras del tesoro.  Pero aunque estos son los más populares, no son los únicos. Hoy día existe una gran gama de instrumentos financieros tan extensa que hace que haya un instrumento adecuado para las necesidades de cada inversor.

Podríamos definir un instrumento financiero como un reconocimiento de deuda que emite un prestatario a cambio de recibir una financiación y que, a cambio, es entregado al prestamista que facilita los recursos.

Instrumentos financieros: sus tres vertientes

Existen tres características básicas que determinan la adecuación de un instrumento financiero a un inversor en concreto y que están determinadas en función del perfil de este:

  • Liquidez: consiste en la facilidad y certidumbre de su rápida conversión en dinero sin sufrir perdidas. Sobre todo dependerá de que exista un mercado donde se pueda negociar dicho instrumento.
  • Rentabilidad: se basa en la capacidad del instrumento financiero de producir rendimientos.
  • Seguridad: radica en la probabilidad de que, al llegar el vencimiento del instrumento financiero, el emisor devuelva el crédito concedido. Es decir, la seguridad depende de la solvencia futura del emisor.

El mix de estas tres características principales determinara el tipo de instrumento financiero del que se trata. Obviamente, no se puede esperar encontrar un IF con alta rentabilidad, gran seguridad y elevada liquidez. Siempre acabaran primando unas en detrimento de otras.

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Instrumentos financieros: invirtiendo en el estado

Si nuestro perfil de riesgo como inversor es bajo, probablemente nuestro vehículo de inversión preferente será la deuda pública. Este tipo de instrumento financiero proporciona una gran seguridad teórica y una buena liquidez.

Como contrapartida, salvo en casos excepcionales, no suele tener una elevada rentabilidad. Dentro del gran saco que forma la deuda pública existen varias distinciones, en función, principalmente, del tiempo que dure la inversión:

  • Letras del tesoro: son un instrumento financiero emitido con un vencimiento a corto plazo. Se emite por el procedimiento de descuento, es decir, que los compradores pagan un precio inferior al valor nominal y reciben éste al vencimiento. Puede parecer complicado, pero es muy sencillo: por un letra del tesoro con valor nominal de 1.000 euros, duración de un año, y con un 5’26% de interés, pagaremos 950 euros y recibiremos 1.000 al vencer el plazo.
  • Bonos del estado: instrumentos de renta fija emitidos a medio plazo, es decir, tienen entre 2 y 5 años de vida, por el procedimiento de cupón periódico anual. Suelen tener, al igual que las letras del tesoro, un valor nominal de 1.000 euros.
  • Obligaciones del estado: del mismo modo que en el caso anterior, se trata de instrumentos de renta fija con un valor nominal de 1.000 euros y con el plazo de vencimiento más largo de todos los tipos de instrumentos que componen el catálogo de deuda pública: entre 5 y 30 años de vida.

Por lo tanto, se pueden adquirir instrumentos financieros a casi cualquier plazo de tiempo con la seguridad que proporciona saber que el estado los respalda y que, de algún modo, estaréis invirtiendo en el desarrollo de vuestro país.

Instrumentos financieros: una amplia gama

Los mercados financieros secundarios ponen en contacto a solicitantes y oferentes de financiación permitiendo a los ahorradores participar en el capital social de las empresas y adquirir títulos de deuda a largo plazo. Por regla general, los instrumentos financieros negociados en este tipo de mercados suelen tener una elevada rentabilidad en detrimento de la seguridad que ofrecen. Aquí se englobarían los instrumentos de renta fija, renta variable y algunos catalogados como híbridos.

Si pensamos invertir en renta fija podemos invertir en bonos u obligaciones. Estos títulos representan una parte de un préstamo que se hace a la sociedad emisora de los títulos. Su vencimiento suele oscilar entre 3 y 5 años y su interés o cupón se determina en el momento de la emisión. Además de bonos y obligaciones, podemos invertir en bonos de titulización (basados en ciertos activos) o en cédulas territoriales que no son sino una parte de la deuda que emiten las entidades bancarias para financiar al estado, comunidades autónomas y/o corporaciones locales.

A la hora de invertir en renta variable, la acción es la más popular. Una acción es la parte alícuota del capital de una empresa y su tenencia nos proporciona varios derechos, entre los más importantes: derecho a percibir un dividendo (en caso de que lo haya) y derecho a votar en las juntas de accionistas (también existen acciones sin derecho a voto). Existe una categoría especial de acciones denominadas acciones preferentes que son aquellas que dan derecho a percibir un dividendo fijo con preferencia a los accionistas ordinarios.

Los instrumentos financieros híbridos constituyen un intento, por parte de los emisores, de adecuar la rentabilidad y la seguridad a su necesidad de financiación y a la demanda del mercado. Entre ellos existen:

  • Obligaciones indexadas: cuya rentabilidad se determina en función de un índice o una divisa.
  • Obligaciones subordinadas: cuya rentabilidad está determinada en función de los beneficios de una empresa. Permiten el cobro de un cupón y, además, un porcentaje de los beneficios si los hubiera.
  • Obligaciones convertibles en acciones: su rendimiento puede ser convertido en acciones del emisor, esto facilita su colocación.
  • Participaciones preferentes y financiación subordinada: en ambos casos se trata de instrumentos financieros a muy largo plazo (a veces son emisiones perpetuas) y cuyos tenedores cobrarán cuando la entidad emisora tenga beneficios de libre disposición.

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