Antes de decidirnos por una inversión o la contratación de un producto de ahorro (como un fondo de inversión o un plan de pensiones), lo más importante es determinar cuál es nuestro perfil de riesgo.

El perfil de riesgo y el horizonte temporal de la inversión están íntimamente unidos porque, por regla general, cuanto más amplio es el horizonte temporal del inversor más riesgo puede asumir. Hay más probabilidades de recuperar pérdidas puntuales cuanto mayor es el plazo de la inversión.

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El perfil de riesgo se puede definir como la tolerancia a las pérdidas del inversor. Esa tolerancia tiene un componente puramente psicológico, porque cada persona tolera diferentes niveles de pérdidas. Pero también tiene un componente objetivo, que viene determinado por algunos factores como:

La edad. Este factor está unido al concepto de horizonte temporal. Una persona joven tiene mucho tiempo por delante para recuperar pérdidas en una inversión y, por tanto, puede asumir más riesgo. Una persona de edad avanzada tiene menos tiempo para recuperar pérdidas y, por tanto, su perfil de riesgo debería ser más conservador.

Las necesidades de disponer del patrimonio. No es lo mismo invertir un dinero que se va a necesitar para cubrir una necesidad, que un dinero que en ese momento no se necesita. En el primer caso, es preferible adoptar una actitud conservadora y optar por fondos de bajo riesgo que preserven capital. En el segundo caso se puede optar por activos de riesgo mayor.

El inversor averso al riesgo

Por regla general, los inversores con perfil de riesgo conservador y/o con un horizonte temporal para sus inversiones limitado, a la hora de decidir dónde invertir dinero, deberían optar por productos de inversión de riesgo bajo (renta fija a corto plazo, activos monetarios). Son fondos cuya rentabilidad esperada es menor que la de activos de mayor riesgo, pero más enfocados a la preservación de capital.

El inversor arriesgado

Inversores con perfiles de riesgo más decididos y/o horizontes temporales amplios, pueden optar por productos de riesgo más elevado, cuyo potencial de revalorización es superior, aunque a costa de soportar mayor volatilidad (renta variable, renta fija high yield).

Los beneficios de una cartera diversificada

En cualquier caso, sea cual sea el perfil de riesgo del inversor, es importante tener en cuenta el concepto de diversificación. Como se suele decir,  no hay que poner todos los huevos en la misma cesta. Una cartera diversificada por tipos de activo, geografías, sectores y/ estilos de inversión, soportará mejor los peores momentos de mercado. Se pueden construir carteras para perfiles de riesgo distintos: las más conservadoras formadas por fondos menos volátiles que las más decididas.

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