Hasta finales de 2012, obtener una rentabilidad del 4% TAE por nuestros ahorros era muy fácil: solo había que elegir uno de los depósitos a plazo más rentables del momento, un producto sencillo para inversores pequeños o conservadores cuyo máximo peligro era –y en una minoría de ofertas– no poder retirar el dinero hasta el final del plazo.

Pero entrados en 2013, a causa de la prohibición de extratipos dictada por el Banco de España, el panorama es bien distinto. En estos momentos, los depósitos rara vez alcanzan el 3% TAE, y las rentabilidades actuales en muchos casos ni siquiera le sirven al titular para cubrir la inflación.

Hasta finales de 2012, obtener una rentabilidad del 4% TAE por nuestros ahorros era muy fácil: solo había que elegir uno de los depósitos a plazo más rentables del momento, un producto sencillo para inversores pequeños o conservadores cuyo máximo peligro era –y en una minoría de ofertas– no poder retirar el dinero hasta el final del plazo.

Pero entrados en 2013, a causa de la prohibición de extratipos dictada por el Banco de España, el panorama es bien distinto. En estos momentos, los depósitos rara vez alcanzan el 3% TAE, y las rentabilidades actuales en muchos casos ni siquiera le sirven al titular para cubrir la inflación.

En este contexto desolador, los inversores buscan alternativas y los bancos, conocedores de esta búsqueda, se han apresurado a ofrecer las dos mejores opciones para sus intereses: seguros de ahorro y fondos de inversión que, a pesar de no ofrecer ninguna rentabilidad récord, sí suele superar la de los maltrechos depósitos a plazo.

¿Cuáles son los riesgos?

Lo primero que ha de tener muy claro el inversor es que en ninguno de estos dos productos su dinero estará garantizado por el Fondo de Garantía de Depósitos, sino solo por el emisor. Después, cada producto tiene sus propios riesgos.

    • Seguros de ahorro. A pesar de que se trata de una forma de inversión bastante segura, el problema aquí suelen ser los plazos largos, de hasta 10 años, no siempre aptos para el pequeño ahorrador. Antes de contratar, se recomienda entender muy bien cuál será la rentabilidad obtenida cada año y en total (ya que no siempre se presenta de la manera más clara) y si nos sale a cuenta tan larga espera con el dinero “secuestrado” para esas ganancias.

 

  • Fondos de inversión. Si bien existen algunos que garantizan el 100% del capital (la garantía es el banco), desde luego no son la mayoría. Y en los fondos no garantizados el inversor ha de ser muy consciente de que es posible que pierda parte de sus ahorros, tanto si invierte en renta variable como en fija. Es cierto que la variable tiene una mayor volatilidad, pero en estos momentos en que los tipos están tan bajos (al 0,50%), con la renta fija se corre el riesgo de que, una vez vuelvan a subir, el valor de los bonos actuales caiga, lo que conllevaría pérdidas en el fondo. Por último, cabe tener muy presente que estos productos, a diferencia de los depósitos, no tienen un plazo limitado, sino que será el inversor quien decida cuándo venderlos en el mercado secundario, atendiendo al valor que tengan en el mercado.

 

 

En resumen, estamos ante productos no garantizados y sometidos a los posibles altibajos de los mercados en un momento en que no se caracterizan precisamente por su estabilidad. Es decir, más rentabilidad, sí, pero también más trabajo de gestión y riesgo.