Llegaron las esperadas vacaciones de verano de Antonio Deudor. De madrugada, rumbo a la playa durante una semana, arrancas el coche y piensas en toda la lista de cosas que no se te pueden olvidar: suegra, suegro, mujer, hijos, maleta y cartera.

Todo en orden, tan en orden que ya empiezan las quejas: ¿Falta mucho?, ¡tengo hambre! ¡Papá, dile al ‘yayo’ que deje de roncar!

Todo va viento en popa y según lo planeado a un presupuesto que os habíais marcado. Pero bajas la guardia un momento, y ya has gastado 500 euros de tu tarjeta de crédito: una figurita para la suegra, recuerdos para todos los familiares en los que pone “Benidorm”, cenas en restaurantes…. En definitiva, la tarjeta de crédito echa humo.

Vienes de vuelta a la ciudad, el panorama similar al de la ida: pequeños tramos de escándalos y muchos otros de silencio, pues todos duermen menos tú. No paras de pensar debido a lo preocupado que te encuentras por no saber cómo devolver el dinero gastado de la tarjeta de crédito. ¿Horas extras?, ¿dinero ahorrado? Nada resulta factible, pues ni te otorgan horas extras ni tienes dinero ahorrado ya que los ahorros han volado en las vacaciones.

En medio de la depresión post vacacional que sufres acudes a tu entidad de crédito para pedir consejo. En medio de todas las opciones que te dan, te llama la atención la de un crédito al consumo o personal y la de aplazar los pagos de la tarjeta de crédito.

A causa de la pequeña cuantía del endeudamiento, el señor Deudor escoge la opción de aplazar los pagos de la tarjeta (entre 3 y 12 meses). No es que la decisión fuera de su agrado, ya que tiene que afrontar el crédito más unos intereses que parten desde el 3% y con una comisión por la gestión del aplazamiento que oscila entre 10 y 45 euros.

Desde entonces, el señor Deudor tiene muy presente en su vida que hacer un uso excesivo de la tarjeta de crédito puede causarnos serios problemas e incrementar el endeudamiento familiar. Es verdad que, de acuerdo con los ingresos, se puede escoger entre abonar una cantidad fija en cada vencimiento o pagar un porcentaje sobre el importe impuesto. Pero en ambos caso hay un mínimo, que se debe añadir todos los meses a todos los gastos de electricidad, hipoteca, etc.

También hay otra modalidad que es el de pagar todas las compras a finales o un día concreto, opción buena si llevas un buen control de los gastos de forma que no tengamos que pagar intereses mes a mes con un aplazamiento de las compras. Sea cual sea la modalidad, hay que ser conscientes de los gastos que podemos hacer con la tarjeta de crédito y convertirla en nuestra aliada. Si puede convertirse en nuestra enemiga, lo mejor es prescindir de ellas.

Imagen | Credit Card

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