¿En efectivo o con tarjeta? Esta frase tan oída a diario en millones de situaciones, va a desaparecer del lenguaje cotidiano.

Y la respuesta es: ninguno de los dos.

Según un reciente informe de Worldpay se estima que el mercado de pagos digitales alcanzará la plena madurez en el 2016. En dicho informe, en 2019 el uso de monederos electrónicos habrá superado a las tarjetas de crédito, mientras el pago en metálico continúa cayendo.

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Cada vez más sitios, máquinas de vending, parquímetros, sistemas de venta automáticos en general, aceptan tarjetas de crédito frente al cash. Y estas ya empiezan a sonar obsoletas. Gracias a tecnologías como NFC (Near Field Communication) que permiten el pago contactless, ya no es necesario ni siquiera llevar una tarjeta de crédito encima.

Los bolsos de las mujeres se aligeran y las carteras y monederos se quedan en casa sin que esto suponga una pérdida que nadie pueda lamentar. En los últimos años, han proliferado multitud de aplicaciones móviles que hacen las veces de monederos electrónicos. Cualquier propietario de un smartphone puede realizar pagos seguros a través de su dispositivo.

Y en esta era, hay una aplicación que por sus cifras de descargas, destaca en este maremágnum de apps financieras: BBVA Wallet, que ya ha sobrepasado el millón de descargas.

Cómo pagar con el móvil: el caso de BBVA Wallet

Desde su lanzamiento, en 2013, BBVA Wallet ha ido aumentando y mejorando sus funcionalidades, hasta ser hoy la app bancaria más descargada entre las de su clase. La posibilidad de “apagar” y “encender” las tarjetas, es una de las últimas incorporaciones, y permite que el usuario bloquee de manera temporal sus tarjetas. Además, desde la propia aplicación se pueden solicitar nuevas tarjetas, determinar qué tipo de operaciones se pueden realizar con cada una de ellas (sacar dinero, compras online, compras en el extranjero). De esta manera que el teléfono se convierte en el mando a distancia de las tarjetas.

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BBVA Wallet se ha ido adaptando con el tiempo a las necesidades de sus usuarios. Esto ha permitido que la aplicación esté hoy presente en distintos países (España, México, EE.UU, Chile y Turquía). En cada caso, ofrece las funcionalidades más determinantes para los usuarios. Siguiendo este modelo de tropicalización, en 2016 es posible que se expanda por tres países más.

La tecnología NFC

El pago realizado con el sistema NFC ha ido evolucionando en los últimos años. Por ejemplo, Vodafone Wallet, que lleva ya 3 años en el mercado español, requiere el cambio de la tarjeta SIM del teléfono para empezar a pagar a través de él.

De los otros actores que llegarán todavía no hay mucho detalle, excepto de Apple Pay. El principal factor diferencial de esta aplicación es que aúna un monedero electrónico con seguridad biométrica. Android Pay y Samsung Pay están todavía por llegar.

El otro factor determinante para que las tarjetas de plástico queden en el olvido, es que los comercios acepten los pagos sin contacto. La tecnología contactless llega unos ritmos de implantación muy buenos, especialmente en España, donde ya se usa en aproximadamente en la mitad de los comercios, y es uno de los primeros países contactless de toda Europa. La cifra para Europa es un 30%. España está en el top ten de Europa por volumen de transacciones y se estima que a finales de 2016, el 75% de TPVs serán sin contacto. En 2020 todas las tarjetas y los TPVs serán contactless.

Los medios de pago en general, están evolucionando la misma velocidad que la tecnología, es decir, a un ritmo vertiginoso. ¿Y cuál es su futuro? Una de las causas por las que el pago con el móvil está teniendo tanto éxito es que a través de un smartphone podemos hacer cualquier cosa, el hombre está hiperconectado. Hay estudios que afirman que una persona tarda en darse cuenta de que ha perdido su móvil 4 veces antes que de haber perdido la cartera. Pero, ¿y si el futuro estuviera en no tener que olvidar nada? es decir llevar el pago incorporado. Más allá de películas futuristas, las aplicaciones reales de la biometría van por este camino. Poder pagar el pan o la gasolina a través de un escáner de iris o a través de la lectura de las venas de la mano, puede ser una posibilidad que las generaciones futuras vean como cotidiano. ¿O no?

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