A partir de la crisis financiera de 2008, el papel que los bancos deben desempeñar en la sociedad parece haber quedado definitivamente clarificado. El propósito de un banco, o su razón ser, se define en la actualidad en términos de servicio a los ciudadanos, a la comunidad o a los grupos concretos con los que interactúa (stakeholders). En este nuevo modelo de negocio, los principios se integran en la estrategia del banco y dota de coherencia y unidad tres conceptos fundamentales: el propósito, la estrategia y la cultura corporativa. Hoy en la banca no se discute qué queremos ser sino cómo serlo. Esto es: cómo construir una cultura responsable.

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Las tres etapas fundamentales en el proceso de creación de una cultura responsable son: convicción con los principios, compromiso con la estrategia y acción con los clientes.

El caso reciente de Wells Fargo nos ha enseñado que el riesgo por mala conducta (Conduct Risk) en la banca sigue siendo hoy muy elevado. Más de 5.300 empleados fueron despedidos en los últimos meses por abrir cuentas a miles de clientes sin su autorización ni conocimiento, con el único objetivo para cumplir objetivos comerciales.

Es un caso más. Y es que el total del llamado coste por mala conducta (cost of conduct) de los grandes bancos internacionales ascendió en 2014 a 106.105 millones de libras, según los datos recopilados por CCP Research Foundation. ¿Cómo es posible que todavía los bancos estén incurriendo en un coste tan elevado por malas prácticas? Como acertadamente apunta Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, el problema es que la integridad no puede comprarse ni regularse. “Aún con el mejor marco posible de códigos, principios, sistemas de retribución y disciplina de mercado, los financieros deben cuestionarse constantemente los estándares que están aplicando”, sostiene Carney.

Para José María Roldán, presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), “uno de los factores determinantes para mitigar este riesgo de conducta en la banca es educar a las personas que integran la organización en los valores del banco; en su cultura”. Los profesionales de las finanzas son el stakeholder clave para garantizar la aplicación de unos estándares profesionales que permitan inculcar los valores deseados de responsabilidad y sostenibilidad.

Más de 185.000 profesionales de la banca consiguieron en 2014 el Estándar Profesional Fundamental promovido por los grandes bancos británicos desde el año 2011. También la asociación holandesa de la banca aprobó un código de conducta del empleado bancario que exige un juramento personal y cuyo incumplimiento genera una serie de consecuencias.

En el año 2012, desde el Instituto de Estudios Bursátiles y el World Savings Banks Instituto creamos­­­ el primer Máster en Banca Responsable dirigido a profesionales del sector. Está desarrollado en asociación con London School of Economics Custom Programmes y tiene como propósito promover una cultura responsable en la banca con un enfoque basado en la convicción de los principios, el compromiso con la estrategia y la acción del servicio a los clientes.

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Nuestra experiencia nos ha enseñado que los programas de formación en banca responsable permiten aprehender y socializar los valores y los estándares de conducta por parte de los empleados, contribuyen a crear una cultura organizativa alineada con la estrategia del banco y facilitan la correcta resolución de conflictos de interés por parte de los profesionales.

Con esta misma filosofía, colaboramos con BBVA para desarrollar el primer Programa en Gestión Bancaria Responsable, lanzado en 2015 para 25 empleados de diferentes áreas de negocio y procedencia geográfica. El objetivo era desarrollar un programa coherente con el modelo de negocio responsable del banco. La excelente acogida por parte de los participantes de esta primera edición nos reafirma en la convicción de que la educación es una herramienta fundamental para transmitir valores, crear cultura y compartir responsabilidades. La creación de valor compartido es una tarea de todos los miembros de la organización. Los participantes así lo han demostrado con la elaboración y presentación de cinco proyectos finales extraordinarios, que proponen acciones concretas bajo el denominador común de la rentabilidad enmarcada en los principios.       

Y es que, como afirma José María Roldán, “no se trata de hacer lo correcto sólo por una cuestión moral, sino porque va en el propio interés del banco, que se juega en este terreno de la ética y la cultura su supervivencia en el medio plazo”.

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