Aunque nos pueda parecer extraño, la bancarrota de las finanzas de España es una tradición histórica que se viene repitiendo con cierta frecuencia desde el siglo XVI. Nuestro país, fue el primero de la historia en crear bonos y en primero de la historia en dejar de pagarlos.

Desde el siglo XVI, se han sucedido ininterrumpidamente las quiebras del estado. La última de éstas, se produjo tras la Guerra Civil española. Uno de los motivos principales y más comunes, ha sido la tradicional falta de emprendedores nacionales, hecho que ha obligado continuamente a que fuese el sector público el proveedor de la mayor parte de las infraestructuras, cosa que no siempre se ha visto recompensada con ingresos posteriores.

Los principales motivos

Como ya hemos mencionado, la falta de emprendedores a la hora de proveer ciertas infraestructuras es uno de los motivos fundamentales, pero hay muchos más que tal vez os recuerden al presente.

Entre estas razones podemos señalar las diversas guerras sostenidas por nuestros monarcas durante largo tiempo, la pérdida de las colonias de ultramar (con sus ricos yacimientos de oro y plata) y las luchas políticas entre conservadores y progresistas que dificultaban la existencia de unas finanzas públicas y un presupuesto saneado.

Las primeras bancarrotas de España

La primera bancarrota se atribuye al reinado de Felipe II, pero no todo fue culpa suya. Su padre, Carlos I de España y V de Alemania, se endeudó fuertemente para obtener el título de Emperador del Sacro Imperio Romano. Éste último, firmo unos Asientos (lo que serían bonos hoy día) en los que se comprometía a abonar un principal y unos intereses, dicho asientos estaban respaldados por las minas de oro, de plata, impuestos, etc… en caso de impago del monarca.

Conforme crecía el imperio español, la deuda crecía con él. Imaginad el coste de mantener un “imperio en el que nunca se pone el sol”. Había que reclutar y equipar soldados para enviarlos a tierras lejanas para apaciguar rebeliones y ampliar los territorios. Finalmente, abrumado por las deudas, Felipe II tuvo que declarar una “suspensión de pagos de los asientos”. Se había producido la primera bancarrota de un país en la historia.

Tras la primera quiebra llegaron otras tres, todas en el reinado de Felipe II. Debido a la ingente llegada de oro y plata de las Indias Occidentales, se desató una inflación galopante por todo el país que afectaba, sobre todo, al grano. Además, en aquella época España era un país con una administración enorme y centralizada que requería una gran cantidad de dinero para funcionar. Por ello, el monarca se vio obligado a pactar con los banqueros que le financiaban el que le perdonaran el principal comprometiéndose a pagar los intereses. Los banqueros hubieron de avenirse al atrato, en aquella época era difícil embargar los palacios reales.

Continuando la tradición de bancarrotas españolas

Llegado cierto punto, daba la sensación de que el estado en general, y los monarcas en particular, se habían aficionado a declarar la suspensión de asientos o, como mínimo, a renegociar la deuda. Entre los siglos XVII y XVIII se produjeron cinco bancarrotas en el Imperio Español. La caótica situación financiera mejoró con la llegada de una nueva dinastía: los borbones.

Con la llegada de Philippe de Bourbon se retomó el comercio con las Indias Occidentales, se creó una Hacienda moderna, que permitía financiar con eficacia el estado funcionarial que el rey impuso.

No fue hasta finales del siglo XVIII cuando el fantasma de la bancarrota volvió a recorrer el país. La venganza de Carlos IV ante los regicidios de la Revolución Francesa (Luis XVI y Maria Antonieta) supuso el inicio de una guerra contra Francia. Para financiar la contienda, se realizó una emisión masiva de vales reales (deuda), tal fue la emisión que llegó a tener que suspenderse el pago de intereses provocando una nueva bancarrota del estado.

La penúltima quiebra española se debió a un intento de sufragar la revolución industrial, que no se produjo por iniciativa privada, y por la creación de líneas de Ferrocarril. Un estado dividido por los enfrentamientos políticos fue el responsable de intentar modernizar el país. La Reina Isabel II tuvo que elevar la rentabilidad de la deuda pública ya que las finanzas nacionales no ofrecían credibilidad. Finalmente, el déficit constante se tradujo en impagos a las empresas encargadas de construir las líneas de ferrocarril y a los bancos que los habían financiado, quebrando muchos de estos.

La última bancarrota de España

La última bancarrota de España se produjo tras la Guerra Civil. A pesar de que el General Franco reconoció la deuda de los prestamistas del bando republicano, estos no cobraron. Se estimaba que, al final de la guerra, Franco acumulaba una deuda de 85 millones de euros (de la época).

Como hemos visto, el default de un país no es un fenómeno nuevo en absoluto. En la historia de España, desde el siglo XVI, se ha producido un default casi cada 50 años. Desde el último, han pasado unos 70 años y, teniendo en cuenta la coyuntura actual, esperemos que ese fuera el último.

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