Entre todas las anécdotas, los trucos o los hábitos que Carlos Soria aplica en su vida diaria, hay uno que supone un gran beneficio para su salud: su afición a comer ajo. Por ello hemos querido hacer un pequeño análisis de este alimento, sus propiedades, su importancia en la dieta y qué beneficios aporta.

Pocas personas saben que el ajo en realidad no es un fruto, ni un bulbo. Se trata de una planta. Lo que sí es ampliamente conocido por la sociedad son sus propiedades altamente beneficiosas para la salud. D

iversos estudios han demostrado durante años su eficacia en prevenir y curar diferentes tipos de afecciones: resfriados, problemas respiratorios, de hígado o de circulación, o incluso su utilización como repelente de mosquitos.

“El ajo era el antibiótico de la guerra” relata Carlos Soria, “tiene propiedades curativas y favorece la recuperación de las vías respiratorias y la circulación”. Desde luego que el ajo son las espinacas de nuestro Popeye particular y uno de las mejores ayudas para afrontar cada Reto BBVA con esa salud de hierro que le caracteriza.

El ajo está siempre presente en su desayuno y en algunas comidas. Por supuesto, en cada Expedición BBVA es un parte imprescindible de los alimentos que viajan hasta el Campo Base.

Es tan importante para Carlos Soria que durante la presente expedición en el Annapurna, el cocinero del Celler de Can Roca, Jordi Roca, que elaboró los menús que han alimentado a los miembros del equipo en los campos de altura, realizó entre los diferentes platos una sopa de ajo liofilizada que, por supuesto, no dejó indiferente al alpinista de 76 años.

Por su afición a este producto, Carlos Soria fue nombrado en 2013 ‘Embajador del ajo morado de Las Pedroñeras’, título otorgado por la Indicación Geográfica Protegida de la provincia de Cuenca.

No obstante y a pesar de todos los beneficios que tiene el ajo, no deja de ser un alimento con un sabor muy particular y difícil de ingerir, o por lo menos en la forma que lo hace Carlos, ¡en crudo!.

Aquí surge la pregunta: ¿Cómo consigue hacerlo? ¿Tiene algún secreto? La respuesta es sí: “Si le quitamos la semilla central, pierde la mayoría de su sabor y olor, pero conserva todas sus propiedades”, afirma el alpinista.

Desde luego, con Carlos se cumple el dicho ‘somos lo que comemos’: dieta sana, aunque atípica, para un hombre extraordinario que no deja de sorprendernos.

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