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Lenguaje 01 dic 2017

De opa en opa y tiro porque son tropa

Si uno abre el periódico por la sección de las noticias económicas, práctica que no da calambre ni gangrena los dedos, no hay día que no encuentre noticias sobre ofertas públicas de adquisición de empresas.

Puesto que escribir oferta pública de adquisición se hace tan largo como verse del tirón ‘Betty, la fea’ y ‘El secreto de Puente Viejo’, los periódicos empezaron a emplear la sigla OPA.

Pero el proceso de reducción no acaba aquí: cuando una sigla puede leerse como una palabra normal y su uso se extiende en el idioma, cuando triunfa más que Gardel en una tangoteca, no es extraño que pase a escribirse en minúscula. Así, la oferta pública de adquisición, primero reducida a la grafía OPA, sustituyó después las mayúsculas por las minúsculas: opa.

En realidad, el cambio no es automático. Como si de un adolescente se tratase, la sigla suele sufrir crisis de identidad. Uno la mira y se enternece por esa inseguridad de voz en tránsito, que a veces suena grave y en los momentos solemnes suelta un gallo; que a veces se presenta con mayúsculas y otras con minúsculas.

Y aunque no es sencillo precisar cuándo se alcanza la madurez, hay hitos que ayudan a identificar que se está en vías de integrarse en el mundo adulto: así como abandonar el hogar paterno sugiere una autonomía del hijo emancipado, dar el salto de los diccionarios especializados al Diccionario de la lengua española es un rito de paso que certifica el cuajo y raigambre de una palabra.

Así pues, dado que la Academia registra esta acepción de opa en minúscula desde el año 2001, en frases actuales como «Atlantia calienta la OPA por Abertis» o «Axiare rechaza la OPA de Colonial», habría sido preferible escribir «Atlantia calienta la opa por Abertis» y «Axiare rechaza la opa de Colonial». ¿Para qué regresar a la mayúscula?, ¿qué adulto independizado regresaría con sus padres por más que los ame filialmente?

El sustantivo opa, tras un recorrido vital tan largo, ha ido forjándose un carácter: a veces las opas son totales, pues se pretende adquirir toda una empresa; a veces son parciales, cuando solo se desea una parte de las acciones; algunas son amigables, si existe acuerdo entre los altos directivos de ambas empresas sobre el precio y las condiciones de la operación, y otras son hostiles, aquellas que no cuentan con el consentimiento de los órganos de gobierno de la sociedad opada.

Sí, sí, opada. Y es que el sustantivo opa, ya maduro, es de los que busca crear familia —familia léxica, en este caso—, y en España no solo se usan las voces prefijadas contraopa y antiopa, sino también el verbo opar y los adjetivos opado y opable.

Todo ello es válido y se utiliza con profusión. Pero, por favor, no convirtamos nunca opa en palabra aguda. De lo contrario, las crías koalas dejarán de abrazar a sus madres para taparse las orejas y no volver a oír el escalofriante sencillo Opá, yo viazé un corrá.

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