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Opinión 20 agosto 2019

Préstamos morosos: ¿cuántas provisiones son suficientes?

El aumento de la morosidad como consecuencia de la crisis financiera representó durante años uno de los principales elementos de riesgo para el sector bancario de la eurozona. Dicho aumento fue además bastante heterogéneo, afectando en mayor medida a países periféricos del sur de Europa.

Para afrontar este problema, el Consejo de la UE aprobó en julio de 2017 un plan de acción para reducir los volúmenes de préstamos morosos (NPLs, por sus siglas en inglés) y prevenir su aparición futura. El plan propone medidas como la dinamización del mercado secundario, la creación de una plataforma europea de transacciones, la elaboración de guías de gestión de estos activos, o las plantillas de desglose de información.

Asimismo, la NIIF 9, en vigor desde enero de 2018, ha atajado el principal problema que presentaban las provisiones contables a la hora de reconocer las pérdidas por deterioro de préstamos, pasando de un modelo de pérdida incurrida (que dotaba provisiones relativamente tarde, cuando ya se había deteriorado el activo) a uno de pérdida esperada. Por otro lado, para la pérdida inesperada se han establecido requisitos de capital con los que una entidad financiera debe hacer frente a pérdidas que no son cubiertas por vía contable.

Sin embargo, en marzo de 2018 el BCE publicó una adenda a sus guías sobre NPLs mediante la cual establecía requisitos de Pilar 2 adicionales respecto al volumen de NPLs: a partir de la cobertura contable, el supervisor se reserva la discrecionalidad de requerir mayores niveles de capital en función de la antigüedad de la operación y el tipo de garantía de la misma, dentro de lo que se conoce como el diálogo supervisor en el marco del Proceso de Revisión y Evaluación Supervisora. Estas sendas de cobertura se aplican a los nuevos morosos y, con un decalaje que varía según el banco, al stock acumulado.

Además, el pasado 26 de abril la Comisión Europea puso sobre la mesa el famoso ‘backstop’ de NPLs, que siendo similar a los requisitos del BCE en cuanto a que se incrementan los niveles de capital en función de la antigüedad y tipo de garantías de la operación, representa un requisito de Pilar 1 y aplica sólo a NPLs originados tras la entrada en vigor de la norma.

En un contexto en el que los niveles de morosidad en la mayoría de Estados Miembros se encuentran ya en niveles pre-crisis, resulta excesivamente gravosa la existencia de dos ‘backstops de naturaleza y características muy similares, pero con especificidades y matices que obligan a las entidades a tener que cumplir con ambos ‘backstops’ de manera independiente. Por este motivo es fundamental que exista una coordinación entre autoridades de cara a que ambas medidas converjan a medio plazo.

Es razonable que las autoridades reguladoras y supervisoras vigilen con especial atención la evolución de la morosidad, pero con la rentabilidad del sector en mínimos históricos y con la entrada en el mercado de nuevos competidores digitales, se hace indispensable que la regulación y supervisión mantengan un equilibrio, de manera que la regulación preserve la estabilidad financiera sin que ésta tenga una incidencia negativa sobre la viabilidad del propio sector.

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