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Ciberseguridad 05 ago 2020

Padres y madres ciberseguros: cómo proteger a los más pequeños de los peligros ‘online’

Desde edades tempranas, los menores se desenvuelven con mucha soltura en el entorno tecnológico. Sin embargo, a menudo no son conscientes de los peligros asociados al uso de internet. El papel de los padres y madres es clave para ayudar a los más pequeños a que comprendan la importancia de adoptar prácticas ciberseguras y de contar con su apoyo ante cualquier problema en la red.

A pesar de que los niños son nativos digitales —cuando nacieron ya existían estas tecnologías y se mueven por internet como pez en el agua — y tienen una vida muy rica ‘online’ —juegan, se comunican entre ellos, e incluso, actualmente, utilizan la red como herramienta de trabajo para el colegio —, no suelen ser conscientes de los peligros a los que se exponen con su uso.

Si se tiene en cuenta que los adultos son inmigrantes digitales, es habitual preguntarse de qué forma pueden ayudar a sus hijos en este sentido. No obstante, a pesar de que en ocasiones son usuarios con menos soltura en ciertos aspectos, suelen tener más experiencia en general sobre los riesgos del día a día y, por tanto, deben informarse y entrenarse para trasladar este conocimiento al mundo ‘online’.

Es esencial que eduquen a los menores en un uso seguro y responsable de la red y les enseñen las situaciones de peligro que pueden afectarles a la hora de usar estas tecnologías.

¿Cuáles son estos peligros?

Existen riesgos que pueden ocasionar que los más pequeños de la casa sean vulnerables en internet, y que surgen principalmente de la compartición excesiva de información personal por cualquier canal: aplicaciones de mensajería instantánea, videoconferencias o conversaciones grupales y redes sociales de todo tipo.

Ante estas posibles situaciones, es recomendable acompañar al menor en internet y conocer cómo actúa para evitar los peligros a los que puede estar expuesto:

  • Las fotos y detalles personales que publica el menor o su familia pueden ser usados por delincuentes para crear perfiles falsos y engañar con ellos a otros niños y jóvenes.
  • La información personal también puede ser usada en intentos de ‘grooming’, es decir, intentos por parte de delincuentes de ganarse la confianza del menor para obtener algún tipo de satisfacción sexual. A estas personas les resulta más fácil acercarse a un niño si conocen sus aficiones, el nombre de sus amigos o familiares,  o dónde suele ir de vacaciones.
  • Los niños y jóvenes se incorporarán algún día al mercado laboral y entablarán relaciones personales diferentes de las que tienen en estos momentos. La identidad digital que han ido construyendo desde pequeños, consciente o inconscientemente, puede influir negativamente cuando son adultos si las fotos o los contenidos no son los apropiados.

Durante este proceso de acompañamiento, es fundamental que los adultos recuerden a niños y adolescentes que no se debe compartir información privada con personas de fuera de su círculo más cercano y de confianza, puesto que, una vez compartida, se pierde totalmente su control.

Una buena estrategia en este viaje conjunto es posicionarse como referentes para los menores y favorecer un entorno de confianza con ellos en el que poder ayudarles con sus inquietudes y amenazas en la red. Todo ello, manteniéndose al tanto de las opciones de seguridad y privacidad de las aplicaciones que usan con más frecuencia. Por ejemplo, en Instagram, se puede limitar sus interacciones a las personas que tienen dentro de su círculo, evitando que desconocidos se pongan en contacto con ellos.

También hay que recordar que existen entidades de referencia que pueden proporcionar ayuda a toda la familia, como son la Oficina de Seguridad del Internauta (OSI), Conectados BBVA o IS4K.

Más aspectos a tener en cuenta

Más allá de acompañarlos a la hora de compartir información, existen otros aspectos en los que la intervención de los padres es asimismo necesaria.

Al igual que los adultos, los menores también pueden ser objetivo de ataques de ‘phishing’ —correos o mensajes fraudulentos que buscan información personal o que descarguemos ficheros para infectar nuestros dispositivos—. En este caso, hay que estar alerta porque los ciberdelincuentes adaptan el contenido y los canales de los mensajes para hacerlos cercanos y atractivos a los menores.

Otro riesgos que se deben tener presente son los virus y otros programas maliciosos, que también pueden instalarse en los ordenadores, tabletas y teléfonos móviles que usan los menores. La mejor forma de evitarlos es garantizar que la protección de todos los dispositivos del hogar es la adecuada. Para ello, los adultos tienen la responsabilidad de supervisar siempre que las conexiones son seguras dentro y fuera de casa, que el antivirus está instalado y que las aplicaciones están actualizadas. Además, es fundamental prestar especial atención a la gestión de sus contraseñas.

En definitiva, no se trata de prohibir o aislar a los menores, sino de aprender juntos cómo hacer un uso seguro y responsable de las tecnologías y de internet. Es importante asegurarse de que entienden que deben llevar a cabo prácticas ciberseguras y de que cuentan con la ayuda de sus padres para cualquier consulta o duda que les pueda surgir.

Recuerda, también como padre o madre ciberseguro, ¡la defensa eres tú!

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