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BBVA world Act. 28 dic 2016

El partido de los sueños

La sensación es inigualable para un futbolero fanático de alma, y va más allá de los colores. Entrar en el vestuario local de la Bombonera; encontrar las camisetas prolijamente ordenadas con el número a la vista para los invitados; sentir la atmósfera mágica de un espacio inalcanzable para la gran mayoría de los hinchas de fútbol, y encarar el túnel para emerger en el imponente campo de juego de Boca Juniors, es difícil describirlo con palabras.

Aprovechando el receso veraniego del torneo argentino, BBVA Francés convocó a un grupo de clientes de sus Tarjetas Xeneize y FrancésGo y a periodistas para agasajarlos y los lanzó a la cancha. Dos días más tarde, otro grupo de clientes de Tarjeta River y periodistas vivió la misma experiencia en el estadio de River Plate.

Precisamente, el banco quiso que los periodistas, algunos que suelen cubrir las noticias deportivas y otros de secciones como Política, Economía y Sociedad, protagonizaran una de las experiencias que brindan la Tarjeta Xeneize y la Tarjeta River, que tendrán un relanzamiento en los próximos meses. Ambos plásticos les otorgan a los socios e hinchas de los clubes más populares de la Argentina una serie de beneficios que incluyen la posibilidad de sentirse futbolistas profesionales por un rato.

Periodistas en el vestuario local de La Bombonera. - BBVA Francés

Además, con las tarjetas se obtienen importantes descuentos en las cuotas sociales de los clubes, rebajas en la compra de abonos para la temporada, la posibilidad de participar del intento por convertir un gol desde la mitad de la cancha en los entretiempo de los partidos y hasta de sacarse fotos dentro del campo de juego minutos antes de que comience un encuentro oficial de sus equipos. También, Talleres de Córdoba cuenta con Tarjeta Talleres que otorga ventajas a los socios y simpatizantes del club.

Las caras de asombro, las sonrisas que no se borran, los ritos de quienes buscan su platea o el sector en el que suelen ver a sus equipos de local, y ahí van, corriendo como chicos que recibieron el permiso de sus padres para jugar al juego que más les gusta.

Hay quienes quedan comprimidos en las camisetas pero no dudan en plantarse en la mitad de la cancha para hacer circular la pelota, otros eligen tirarse a un costado y se deleitan mirando el partido y soñando jugadas imposibles, están los que se animan a picar como si la magia los hubiera rejuvenecido 25 o 30 años.

Y también llegan los goles, las bromas, las risas, las quejas y hasta alguna patada que combina la frustración por la falta de respuestas del cuerpo y las ganas de ganar, aunque se juegue solo por placer.

Un momento del partido en El Monumental. - BBVA Francés

En La Bombonera, la jornada tuvo un marco soleado y el calor tentó a algunos a recostarse sobre la banda de los palcos, en donde se podía conseguir una porción de sombra reparadora. En El Monunental, una llovizna tenue profundizó la idea de jugar como chicos y de embarrarse.

Como en el cuento de Cenicienta, el hechizo se termina, la carroza vuelve a ser calabaza, los caballos se transforman en ratones y, en este caso, de los jugadores sólo queda el espíritu infantil desparramado por el club, los ecos de las risas interminables y los recuerdos del gol, del pase y hasta del lateral sacado en la cancha.

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