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Ahorro 03 feb 2017

¿Qué es ahorrar y qué es invertir?

Las palabras son importantes. A veces nos encontramos con términos que parecen idénticos pero que no lo son, al en ciertos contextos. Y al revés, conceptos que parecen distintos, pero no acaban de serlo. Por ejemplo, ¿qué es ahorrar y qué es invertir? Consultaremos el diccionario de la RAE, la concepción a pie de la calle, la normativa comunitaria, etc.

Según el diccionario: ¿qué es ahorrar y qué es invertir?

Si buscamos en el diccionario de la RAE la palabra ahorrar nos encontramos con hasta ocho posibles significados. Si nos centramos en los relacionados con lo económico, vemos que tres de ellos se refieren a las dos vertientes clásicas del ahorro, que podríamos denominar ahorro negativo y ahorro positivo.

  • Así, el ahorro negativo supondría una disminución de costes: reservar alguna parte del gasto ordinario o evitar un gasto o consumo mayor.
  • El ahorro positivo estaría relacionado con la acumulación de efectivo: guardar dinero como previsión para necesidades futuras.

Obviamente ambos conceptos están íntimamente vinculados, de tal modo que el segundo se ve claramente influido por el primero. Pero nos vamos a centrar en el ahorro positivo, el más relacionado con la inversión. ¿Y que nos dice la RAE de la palabra invertir? De sus cuatro acepciones, la de contenido económico nos indica que es la acción de emplear, gastar, colocar un caudal.

Visto así, parece que ahorrar supone una primera fase de acumulación de capital financiero, más bien de carácter pasivo, mientras la inversión supondría la continuación de la anterior, desde un punto de vista activo, dándole uso a dicho capital.

¿Por qué nos hacemos estas preguntas?

Sin embargo, en cuanto investigamos un poco más vemos que la supuesta claridad del diccionario no es tal: ¿acumular dinero en una libreta de ahorro, es ahorrar o invertir?, ¿comprar una vivienda es ahorrar o invertir?, ¿contratar un fondo de inversión es ahorrar o invertir?

Antes de comprobar lo que cada cual entiende por ahorrar o por invertir quizás conviene pensar en el origen de la pregunta. ¿Por qué nos planteamos en si hay diferencia entre una cosa y la otra? Más allá de una cuestión de precisión lingüística, no es extraño escuchar expresiones del tipo “nosotros somos ahorradores, no inversores”, o “yo ahorro, pero no me atrevo a invertir”.

Como luego veremos, quien reclama ese tipo de marco lo que está haciendo es demandando una protección legal, un diferente régimen de tutela de sus derechos en los mercados financieros frente a quien se considera en un escalón superior.

Más allá del factor activo que asociábamos con la inversión, parecen confluir aquí otras tres características propias de la inversión: el riesgo, la complejidad y la rentabilidad. De algún modo parece que ha calado que el inversor es alguien que toma decisiones activas, asumiendo riesgos y acostumbrado a manejar productos o medios con cierta complejidad, todo ello en aras de unas expectativas de rentabilidad superiores.

El ahorro vendría a ser todo lo contrario, productos sencillos, sin riesgo, y sin necesidad de una gestión personal por parte de su titular, con una rentabilidad moderada.

El baremo MIFID

Podríamos entender que esta visión es la que ha trascendido en toda la normativa MIFID, encaminada a proteger al inversor en los mercados financieros. La normativa MIFID, impulsada desde la UE y adaptada a las legislaciones nacionales, tiene entre sus fines proteger a los clientes de las empresas financieras, estableciendo una serie de controles, de límites, a la comercialización de determinados productos o servicios. Conviene quedarse con cómo distingue entre tres grandes tipos de productos financieros:

  • Productos No MIFID: depósitos bancarios a la vista, depósitos bancarios a plazo fijo, depósitos estructurados con garantía de capital, préstamos, seguros, productos de previsión (planes de pensiones, planes de previsión asegurados, etc).
  • Productos MIFID no complejos: acciones, renta fija, fondos de inversión (salvo excepciones), Sicavs.
  • Productos MIFID complejos: acciones no cotizadas en mercados regulados, participaciones preferentes, depósitos estructurados sin garantía de capital, hedge funds, derivados, contratos de gestión de carteras, etc.

Así hay quien entiende que se ahorra en productos no MIFID, y que se invierte en productos MIFID, complejos o no complejos, ya que estos últimos son los que el legislador considera más arriesgados y complejos.

Cerrando el círculo

Posiblemente haya quien se encuentre cómodo con el marco anterior, sin tener en cuenta lo limitado que es:

  • Sólo se refiere a productos financieros, dejando fuera del mismo a la vivienda, el oro, las materias primas, etc.
  • Dentro de los productos no MIFID hay un buen número de ellos que pueden implicar un riesgo cierto de capital y que no son sencillos, como por ejemplo determinados productos de seguros o de previsión, o directamente los de financiación asociados a la inversión en activos tangibles.
  • Y si hablamos de riesgo, ¿es más seguro un depósito en una entidad financiera a punto de quebrar o un bono de una entidad financiera de primer orden?

Y es que el riesgo esta implícito en cualquier decisión del ahorrador o del inversor. El que acumula sus depósitos en una libreta de ahorro esta tomando decisiones y asumiendo riesgos, como el de la depreciación por la inflación o el de la devolución de dicho depósito. Más allá de de Fondos de Garantía de Depósitos o de garantías estatales, ese ahorrador confía en la situación patrimonial de la entidad, o se entiende que lo hace. ¿Hay tanta diferencia con un inversor?

Podemos concluir con que si bien existen los dos perfiles, con la diferencias que hemos podido señalar, la graduación es de grises, es cuestión de tonos, no de blancos y negros.

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