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Banca responsable 27 mar 2018

¿Qué es una empresa social?

Una empresa social es aquella que tiene un impacto positivo en el medioambiente o en la sociedad y, a la vez, resulta rentable como negocio.

Hay muchas formas de definir a este tipo de empresas que aportan soluciones empresariales a los retos sociales y medioambientales. Para aclarar el término, la Unión Europea ha marcado algunos requisitos como:

  • Tener como objetivo primordial el logro de un impacto social positivo y cuantificable. El beneficio es necesario para poder realizar su objetivo.
  • Utilizar las ganancias ante todo para lograr su misión.
  • Gestionarse con diligencia, responsabilidad y transparencia, involucrando a los empleados, clientes y partes interesadas afectadas por sus actividades comerciales.

Sin embargo, ¿cómo se distinguen en la práctica? Con el fin de unificar criterios, ya han surgido movimientos que certifican a las empresas sociales como tales y están formando comunidades de apoyo para ellas.

Es el caso del sistema B Corp que respalda a aquellas compañías cuyo objetivo es mejorar la sociedad. Su certificado garantiza que son sostenibles, que cumplen, por voluntad propia, con los estándares sociales y ambientales exigidos y que están comprometidas con la transparencia y la medición de su impacto.

Objetivo: las personas 

Es fácil reconocer a una empresa social porque nunca pierde su objetivo de vista: mejorar las vidas de los demás. En estas compañías, los dividendos se reinvierten en la realización del objetivo social para continuar creciendo y aumentando su impacto. Es el caso de Auara, empresa participante en el programa de apoyo al emprendimiento social, BBVA Momentum, que ha creado una marca de agua mineral cuyos dividendos se invierten al 100% en llevar agua potable a las personas que carecen de ella. Los resultados de su trabajo saltan a la vista: “El acceso a agua potable es un cambio de vida para las comunidades en las que trabajamos, ya que reduce drásticamente la incidencia de enfermedades, en la higiene y en la alimentación, aumenta la disponibilidad de tiempo para escolarización y el desarrollo laboral y económico”, explica Antonio Espinosa, cofundador y CEO de la empresa.

Innovación y talento de la mano

Atrás ha quedado la idea de que las empresas sociales suelen establecerse en modelos de negocio tradicionales. La innovación es la clave para dar con la solución y la formación juega un papel importante para fomentarla.

En universidades tan prestigiosas como Stanford, Harvard o Columbia existen, desde hace unos años, los “social enterprise clubs”, donde se enseña a los alumnos a crear nuevos modelos de negocios que cambien el mundo. Estos clubes se han convertido en auténticos ‘hubs’ de emprendimiento, cuyo objetivo es desarrollar el talento de los jóvenes para que sean capaces de crear e impulsar empresas sociales con enfoques nuevos, que motiven a los empleados. “Tienes que establecer una cultura de aprendizaje en tu compañía”, explicaba David Batstone, profesor de Estrategia Empresarial en la Universidad de San Francisco en un artículo para Stanford Social Innovation: “Atrae a personas con talento que valoren su propio crecimiento y que estén entusiasmados por adquirir nuevos conocimientos. En mi agencia, nos preguntamos: “¿Somos más inteligentes este mes respecto al anterior?”. Si la respuesta es “la verdad es que no” y esta se repite durante meses, comenzarán a ondear las banderas rojas”.

Un empleo mejor   

Si hay algo que define a las empresas sociales es que generan puestos de trabajo dignos y en buenas condiciones salariales. Este enfoque las ha hecho más resistentes y estables ante las crisis económicas. Según el informe “Boosting Social Enterprise Development” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD), entre los años 2008 y 2014, críticos para la economía, el empleo en este sector creció en países como Italia, Bélgica y Francia, a un ritmo del 20%, 12% y 0,8% respectivamente, mientras que en las empresas ordinarias la tasa disminuyó.

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