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Blockchain 18 sep 2018

Qué son las criptocarteras y qué necesitas saber de ellas

Estas herramientas, también conocidas como ‘cryptowallets’, permiten el almacenamiento e intercambio de criptomonedas, y están cobrando cada vez más relevancia en el contexto del auge de la ‘criptoeconomía’ impulsado por la tecnología ‘blockchain‘. Es importante conocer sus características y diferencias, ya que no todos tienen los mismos niveles de seguridad.

Conocer el origen etimológico de las palabras ayuda a entender su significado, pero a veces no es suficiente. Por ejemplo, el prefijo ‘cripto’ procede del griego clásico y significa oculto, pero para entender lo que es una criptocartera o criptomonedero hay que ir un paso más allá.

No es, evidentemente, un monedero bien escondido. Es la aplicación digital, en ocasiones con soporte físico, que permite almacenar monedas virtuales y operar con ellas, mediante la custodia y gestión de claves privadas. Es decir, es el espacio digital donde se guardan las claves que permiten acceder a las criptomonedas, no las criptomonedas en sí.

Las claves privadas son códigos hexadecimales (es decir, que utilizan los diez dígitos y las seis primeras letras del abecedario), y tienen una apariencia semejante a esta: ‘18978f661278acc6b8def352b354d’. Dada esta complejidad, que hace que sean prácticamente imposibles de memorizar, las claves se almacenan en criptomonederos.

Monederos en ‘hardware’

Al elegir una criptocartera, hay que tener en cuenta dos factores clave: su facilidad de uso y la seguridad que ofrecen.

En cierto sentido, la lógica de la elección debe de ser la misma que con el dinero convencional. Nadie lleva 10.000 euros en la cartera, ni abre una cuenta de ahorro para depositar 20 euros. En el mundo digital, el propietario de criptomonedas que solo quiera aprender cómo funcionan y hacer pequeñas operaciones puede optar por una de las opciones sencillas, mientras que el que se lo plantee como una forma de inversión de cantidades significativas debería optar por los métodos más seguros. Pero, ¿cuáles son estos?

La opción más segura son los monederos en ‘hardware’, también llamados carteras frías: dispositivos físicos que albergan, fuera de línea, la clave privada de las cuentas asociadas. Físicamente parecen un ‘pendrive’ y también se conectan por USB.

Al almacenar las claves ‘offline’, no son ‘hackeables’ a través de la red como un programa informático que tenemos en nuestro ordenador o en la nube. El problema puede ser el robo del aparato, pero incluso en ese caso las claves se pueden proteger con un PIN, y también se puede crear un código de repuesto secreto.

Se pueden adquirir criptomonederos físicos desde unos 30 euros, pero los que cuentan con una pequeña pantalla, útil para comprobar el valor de la cartera asociada de criptomonedas, se venden a partir de los 80 euros, aproximadamente. Entre las marcas más reconocidas están Trezor y Ledger.

Monederos dinámicos

El otro gran grupo de criptomonederos son los llamados ‘monederos dinámicos’, que funcionan en dispositivos conectados a internet como una computadora, teléfono móvil, o tableta. En consecuencia, existe un riesgo, no significativo pero reseñable, de ‘hackeo’ a través de la red.

Básicamente hay dos tipos de ‘monederos dinámicos’. Por un lado, las carteras en línea: sitios web en los que los usuarios tienen control exclusivo de sus llaves privadas y en los que no hay que instalar ningún ‘software’. Coinpayments es una de las más conocidos. Y otra alternativa son las aplicaciones de cartera: ‘softwares’ que el dueño de las criptomonedas instala en su móvil, PC o tableta, como Electrum y Jaxx.

De nuevo, el usuario debe tener muy en cuenta las medidas de seguridad; en este caso, mantener su dispositivo libre de virus y no entrar en páginas inseguras, no conectarse a redes wifi libres y no insertar periféricos desconocidos, como un ‘pendrive’, en el sistema.

Las criptocarteras ponen de manifiesto una de las grandes particularidades de las criptomonedas: el usuario tiene el poder, y también la responsabilidad. Ha de proteger su clave privada (sea con lo que parece un simple ‘pendrive’, entrando en una web o descargándose un programa) y ser muy consciente de que si la entrega a alguien, le está dando, de hecho, la capacidad de manejar sus criptomonedas.

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