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Innovación Act. 08 sep 2018

Rafael Luque: "La sociedad desconoce el potencial de una cáscara de naranja"

Rafael Luque, obtuvo  el premio MIT Technology Review Innovadores Menores de 35  en 2012 por las nuevas funciones que da a los residuos orgánicos a través de su empresa  Green Applied Solutions.

Cuando uno se come una naranja, la pela, la ingiere y tira la cáscara. Esta última parte del proceso es la menos importante, es la basura, aquella en la que nadie repara. Nadie, salvo el joven cordobés Rafael Luque, que ha sabido ver el potencial donde el resto de la sociedad sólo ve un residuo.  Gracias a este innovador punto de vista, Luque ha emprendido un proyecto para obtener compuestos de valor añadido como biocombustible y productos farmacéuticos a partir de residuos como este. Su avance le ha valido el premio MIT Technology Review Innovadores Menores de 35. 

¿Cómo ha afectado a tu trayectoria profesional haber sido ganador de este premio?

La verdad es que me ha afectado muy satisfactoriamente. Yo comencé a desarrollar investigación no relacionada para montar una empresa justo después de recibir el premio, y cuando estuvo recién montada, tuvimos muy buen feedback de algunos colectivos y de ciertas personas. Aún hoy, dos años después, la empresa continúa, poco a poco, avanzando bastante influenciada por los beneficios que me supuso el haber obtenido el premio del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts, en EEUU).

¿Cómo se te ocurrió este proyecto?

Básicamente, nuestro proyecto consiste en un proceso de reciclaje avanzado, que no es el reciclaje básico que convencionalmente conocemos. Este proceso de reciclaje avanzado tiene en cuenta los componentes que se encuentran presentes en los distintos residuos, y que representan las distintas materias primas de las que partimos. En función de estos distintos componentes vamos a poder diversificar y, mediante una serie de tecnologías, obtener algún producto de alto valor añadido o varios.

Todo empezó porque estuvimos analizando el potencial de distintos residuos y viendo las posibilidades que teníamos. Obviamente, uno de los residuos que nos llamó mucho la atención fue la cáscara de naranja. No sólo por la potencialidad que tienen, sino también por el gran volumen de producción de este tipo de residuos a nivel mundial. Y esto no sólo en España, que es uno de los máximos productores de naranjas del mundo, sino también en lugares como China, Brasil y el norte de África.

¿Crees que la mentalidad de la gente respecto a los residuos tiene que cambiar?

Sí, la verdad es que es una de las cosas que ha sido el caballo de batalla en los últimos años, el cambiar un poco la percepción de la sociedad a este respecto. Actualmente, la gente percibe los residuos como un problema, en vez de verlos como una materia prima con un grandísimo potencial y con un grandísimo valor para poder derivar a partir de ella.

¿Con qué problemas concretos te encuentras, en este sentido?

Pues, por una parte, con la poca aceptación del público en general, con mucho desconocimiento del potencial que tienen los distintos residuos para convertirse en una multitud de productos de alto valor añadido. El reciclaje básico que es lo que la gente conoce, dista mucho de lo que es un proceso avanzado de los que nosotros proponemos, en los cuales incluimos tecnologías medioambientalmente aceptables como el uso de microondas, el uso de ultrasonidos, y procesos de molienda y mecanoquímica.

¿Cómo se podría cambiar la mentalidad de la gente?

Es muy complicado, la verdad es que se necesita un poco de promoción de todo este tipo de iniciativas relacionadas con el reciclaje, pero también con la gestión avanzada de residuos. Los procesos de reciclaje más conocidos se limitan al  reciclaje del residuo pero, en muchos casos, no se aprovecha su potencialidad, es decir, la capacidad de obtener compuestos de valor de distintos tipos de residuos. Además, deberían llevarse a cabo iniciativas para fomentar la cultura de gestión y aprovechamiento del residuo distintas a lo que es en sí el proceso de reciclado simple.En este sentido, sería muy interesante si a los niños les involucraran en todo tipo de actividades en colegios e institutos para concienciar de la potencialidad y la fuente inagotable de productos de alto valor añadido que son, por ejemplo, las cáscaras de naranja que todos conocemos y generamos como residuo en nuestro día a día.  A partir de ellas se pueden extraer no sólo aceites esenciales para fragancias y compuestos farmacéuticos, sino también azúcares que podamos fermentar para hacer biocombustibles, proteínas y otro tipo de compuestos para fabricar, por ejemplo, pienso animal. Estamos hablando de un residuo altamente extendido en nuestra sociedad y que la gente desconoce lo que realmente se puede hacer con él.

Actualmente, ¿trabajas en algún otro proyecto distinto?

Sí, ahora mismo estamos llevando a cabo un proyecto con una empresa china para la extracción de compuestos importantes, como  sílice (dióxido de silicio), a partir de las cáscaras de arroz. Más de un 20% de peso de lo que es, en sí, la cáscara de arroz corresponde a esta sílice. Nosotros pretendemos extraerla y venderla por separado. Esta extracción supone, además, una ayuda a la industria dedicada a la quema de cáscaras de arroz, puesto que las abundantes cenizas resultantes, ricas en sílice, se reducirán gracias a la extracción previa de este componente.

¿Cómo ves la financiación de proyectos de innovación en España?

Va muy mal, y la verdad es que este año no se esperaba que la cosa fuera a mejorar, con lo cual, para iniciativas como la nuestra es muy complicado conseguir financiación. Nosotros, como empresa, hemos estado en contacto con varios grupos en España pero las posibilidades de financiación eran mínimas y, después de muchas reuniones, no hemos llegado a concretar nada con ninguna de las iniciativas que comenzamos desde hace más de un año. Sin embargo aquí en Hong Kong (China, donde Luque reside actualmente), en unos pocos meses he

conseguido un contrato bastante interesante con una empresa china. Por suerte o por desgracia, las cosas funcionan de otra forma completamente distinta fuera de España.

Además, eres docente universitario. ¿Cuál crees que es la principal carencia de la universidad española? 

Creo que una de las principales carencias de las universidades en España es su relación con la empresa. Esta relación siempre ha sido complicada y problemática. Son entidades que hablan un idioma completamente distinto. Yo soy consciente de ello porque, de hecho, desde mi grupo de investigación en la Universidad de Córdoba, hemos tenido varios proyectos con empresas y, en algunos casos, ha sido complicado entenderse. Por eso es fundamental que en las generaciones del futuro se fomenten todo tipo de prácticas emprendedoras, de relación universidad – empresa, ya que es una asignatura que tenemos pendiente como docentes. Es decir, no existen muchos proyectos con empresas en los cuales se dé la oportunidad, tanto a licenciados como a algunos estudiantes, de tener alguna oportunidad de prácticas o, incluso, de contacto cercano con actividades empresariales, para abrir un poco los horizontes de los estudiantes durante su formación. Esto es fundamental y aún tenemos mucho que avanzar en este sentido.

Como docente, pero también como joven innovador, ¿qué le recomendarías a un recién titulado que quiere emprender?

Ahora mismo le recomendaría mucha paciencia y mucha lucha, porque la verdad es que corren tiempos muy difíciles tanto para los docentes como para los chicos que acaban de terminar la carrera y quieren proponer la creación de alguna empresa de base tecnológica o cualquier tipo de iniciativa relacionada con la industria. Por el momento, le recomendaría que continúe formándose, que no pierda la ilusión ni la esperanza, porque obviamente habrá posibilidades en el futuro. Pero, sobre todo, que tenga mucha tenacidad y  empeño, y poco a poco irá avanzando. No es tarea fácil comenzar este tipo de actividades. Siempre se cuenta la parte más bonita de la historia, pero nunca se cuenta cuando llamas a muchas puertas y ninguna te abre. Esto puede ser muy frustrante, pero no hay que perder la esperanza.

 

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