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Coronavirus 17 abr 2020

Reciclaje y consumo energético durante la pandemia: ¿un experimento de sostenibilidad?

2020 es un año fundamental para la consolidación de la lucha contra el cambio climático,  tras la celebración de la COP 25 en Madrid a finales de 2019, y en plena estrategia de la ONU para marcar el camino hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, una pandemia mundial ha puesto a prueba la capacidad de resiliencia de las sociedades del planeta Tierra de forma simultánea. 

Nuestra rutina y como consecuencia, nuestras pautas de consumo, han tenido que adaptarse a esta nueva realidad. ¿Nos acercará esta experiencia hacia un nuevo modelo energético y de consumo más sostenible? Algunas tendencias de consumo ya se dejan notar, además de los efectos en materia de contaminación de nuestro reciente cambio de vida. Repasamos algunas de las lecciones de consumo y sostenibilidad que estamos experimentando en esta excepcional etapa de confinamiento.

Un respiro para la atmósfera gracias al COVID-19

En efecto, el Servicio de Monitoreo de la Atmósfera Copérnico (CAMS por sus siglas en inglés) controla los niveles de partículas finas (por debajo de 2,5 micrómetros de tamaño), uno de los principales contaminantes atmosféricos en relación a los riesgos que supone para la salud, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde que estallara la crisis del coronavirus en China a principios de año, el CAMS ha detectado una reducción de un 30% respecto a los niveles de los tres años anteriores para esas mismas fechas. Una tendencia que se confirma también en el caso de Italia. Sin duda, la cuarentena, las restricciones industriales, el tráfico ausente y la reducción de los desplazamientos al máximo tienen efecto directo sobre nuestra atmósfera, tal y como confirman los datos de la NASA y la Agencia Espacial Europea.

Dos imágenes tomadas por el satélite de la NASA Sentinel-5 muestran los niveles de concentración de nitrógeno sobre China antes y después de la cuarentena por la COVID-19 - Imagen: Josh Stevens / NASA Earth Observatory

En cuanto a las actividades de las que proviene la reducción de emisiones de CO2 de la Unión Europea – según datos de la consultora Sia Partners han disminuido en un 58% a raíz del confinamiento-, la industria sería responsable del 60% de la disminución de emisiones;  y el sector energético, del 40% restante;En cambio, el consumo en los hogares  ha repuntado las emisiones un 29%. En ese sentido, es importante destacar el papel del consumo de internet y los servicios de ‘streaming online’, que han aumentado notablemente, un 70% según datos de Forbes, lo que, también tiene una importante huella de carbono.

Sin embargo, es importante entender que, aunque las emisiones se reduzcan, eso no implica una desaceleración inmediata del cambio climático. Según Bloomberg, lo que conocemos hasta ahora sobre el impacto de la pandemia en las emisiones globales de CO2 es incompleto. Se debe tener en cuenta la perspectiva estacional, ya que la mecánica del ciclo de carbono de la Tierra es mucho más compleja y en ella intervienen factores de muy diferente naturaleza, como la capacidad de los bosques para generar más oxígeno, por ejemplo.

Nuevos patrones y necesidades de consumo energético

Una interrupción sin precedentes en la economía mundial ha redibujado el mapa de consumo de energía eléctrica y combustibles fósiles. Según un informe del grupo de expertos económicos de Bruegel, el consumo de electricidad en Italia se ha reducido un 27% en comparación con 2019 (tomando como referencia el mismo día del año anterior), tal y como demuestran estas infografías interactivas, desarrolladas por la misma fuente, la tendencia es similar en todos los países afectados por el confinamiento que se han incluido en el estudio.

Por su parte, un estudio de Carbon Brief considera que el año 2020 será un hito histórico en cuanto a la reducción de emisiones, pues estaría en camino de generar “la mayor caída anual de emisiones de CO2 en la historia”, según el citado análisis. En la misma línea apuntan los datos de la Administración de Información de Energía de Estados Unidos (EIA por sus siglas en inglés), que ha publicado un informe en el que pronostica que en 2020 habrá una reducción histórica en el uso de combustibles fósiles.

En paralelo, y aunque la EIA estima que la energía renovable será la fuente de mayor crecimiento en 2020, tampoco se librará de los efectos del COVID-19, ya que, según pronostica en el mismo informe, la desaceleración económica resultante de la crisis del coronavirus probablemente tenga un impacto en el desarrollo de nuevas construcciones, lo que implicaría una reducción del 5 y 10% en la capacidad de generación de energía eólica y solar, respectivamente, frente a las previsiones previas.

El coronavirus: un reto también para el reciclaje

Las medidas de confinamiento impuestas en diferentes países han obligado a millones de personas a permanecer más tiempo en casa, cambiando la forma en la que compramos, consumimos y reciclamos. Datos de Ecoembes sobre el reciclaje de envases en España confirman que el uso de los contenedores amarillos ha aumentado un 15 por ciento desde el pasado 14 de marzo. Según el mismo organismo, este aumento está directamente relacionado con los cambios de consumo en el hogar: cocinamos, comemos y bebemos más dentro de casa. Una tendencia similar se confirma con los datos sobre reciclaje en México publicados por la revista Forbes: el aumento del reciclaje de envases creció allí un 25% durante a primera semana de confinamiento. Quizás esta experiencia impuesta por las circunstancias nos sirva para interiorizar mejor la regla de las tres erres: reducir, reutilizar y reciclar.

Sin embargo, a pesar de estos datos esperanzadores sobre la concienciación en la práctica del reciclaje en los hogares, la paralización de la actividad industrial y el cierre de las fronteras también tienen consecuencias sobre los mercados del reciclaje. La logística de la recogida y el procesado, por ejemplo, se ven afectados por las restricciones de movimiento y el cierre de fronteras, lo que impide trasladar el material desde y hacia las unidades de reciclaje cuando este se realiza en otro país.

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