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Robótica 25 oct 2017

Robots astronautas y otros experimentos para descubrir el origen de la vida

Sabemos que existen planetas de un tamaño similar a la Tierra y a una distancia de su estrella que los hace habitables. Es posible que haya vestigios de vida en Marte, en los océanos cubiertos de hielo de Europa, satélite de Júpiter, o en Encélado, luna de Saturno. Enviar naves tripuladas por robots a estudiar el Sistema Solar, recrear las condiciones de vida en Marte dentro de una mina o tratar de sintetizar un organismo vivo en el laboratorio –como relata Dan Brown en su último bestseller– son algunos de los experimentos científicos que ya se están realizando para resolver el enigma del origen de la vida.

En los últimos 20 años, los astrónomos han descubierto que existen muchos planetas que orbitan alrededor de estrellas similares al Sol. No es posible observarlos directamente, pero nos revelan su presencia por los efectos que tienen sobre su estrella, como el movimiento en la órbita producido por la gravedad del planeta o el cambio en el brillo del astro cuando el planeta transita delante de él.

Estos pequeños indicios son detectados por telescopios de gran alcance como el satélite Kepler de la NASA. Sin embargo, estos aparatos no tienen la suficiente potencia y tan solo permiten ver la sombra de los planetas.

Aunque se están desarrollando nuevos telescopios más potentes, tanto espaciales como terrestres, Dimitar Sasselov, catedrático de Astronomía de la Universidad de Harvard e investigador de la misión Kepler, explicó durante una conferencia en la Fundación BBVA que no bastarán para obtener una prueba irrefutable que demuestre la existencia de vida en otros planetas, ya que los datos recogidos no serán fáciles de interpretar. “El obstáculo principal es la posibilidad de que la vida en otros planetas sea muy diferente y que por ello interactúe con su entorno de formas inesperadas. Esto dificultará nuestra capacidad para comprender los datos”.

Martin Rees, profesor de Cosmología y Astrofísica en la Universidad de Cambridge, coincide con Sasselov en que el primer paso para buscar vida en otros lugares del cosmos es enviar naves y robots a mundos vecinos como Marte, Europa y Encélado, donde se han hallado indicios de agua.


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En el libro ‘El próximo paso. La vida exponencial’, que se puede descargar gratuitamente en la web del proyecto OpenMind de BBVA, el astrofísico británico afirma que ha llegado el momento de que las máquinas se encarguen de realizar los primeros viajes interplanetarios y preparen el camino para que en un futuro les puedan seguir los seres humanos.

Es una postura que también respalda Mark McCaughrean, asesor científico de la Agencia Espacial Europea (ESA), que añade que una de las ventajas de poner en órbita en primer lugar tecnología es que puede ser correctamente esterilizada mientras que el ser humano no. La llegada del hombre a Marte puede afectar al ecosistema del planeta rojo de manera imprevisible, llegando incluso a terminar con la vida que pudiera haber.

Experimentos terrestres para hallar vida fuera de la Tierra

En el caso de que estos robots pioneros encontraran en Marte las condiciones necesarias para establecer asentamientos humanos, probablemente los entornos más adecuados para hacerlo serían los tubos de lava o las cavernas. Por este motivo, una treintena de científicos y astronautas de todo el mundo prueban las herramientas y las técnicas de muestreo espacial en lugares similares, como una mina de Reino Unido situada a un kilómetro bajo la superficie de la corteza terrestre.

La investigación desarrollada en el norte de Inglaterra continuará durante el mes de noviembre en los túneles volcánicos de Lanzarote: la campaña Pangea de la ESA desplazará a la isla española a 50 personas de cuatro agencias espaciales que realizarán un total de 14 experimentos.

McCaughrean y Sasselov también coinciden en que otra de las cuestiones fundamentales para comprender el origen de la vida y su posible aparición en otros lugares del Universo es entender los procesos bioquímicos de los que surge. Para lograrlo, Sasselov ha fundado en la Universidad de Harvard Iniciativa de Orígenes de la Vida, un instituto en el que colaboran biólogos, químicos y astrónomos que intentan sintetizar un organismo vivo, simulando condiciones planetarias en un laboratorio. Precisamente, un experimento similar –llevado a cabo por Miller y Urey en 1953– es una de las fuentes de inspiración de ‘Origen’, la última novela de Dan Brown.

Las fronteras de la ciencia avanzan deprisa y puede que encontremos vida más allá de la Tierra antes de lo que pensamos. En palabras del propio Sasselov, si así fuera viviríamos “una nueva revolución copernicana” tan trascendental como la primera, que desplazó a la Tierra del centro del Universo y transformó por completo la percepción de nuestro lugar en el cosmos. Para el astrónomo de Harvard, al fin y al cabo se trata de una búsqueda impulsada por el anhelo más profundo y característico de la Humanidad: nuestra necesidad de movernos y explorar.

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