América Latina apuesta por impulsar su creciente ecosistema emprendedor, y España se configura como uno de sus grandes aliados.

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Fotografía de las startups ganadoras del South Summit Alianza del Pacifico

Para América Latina, el riesgo de emprender es no hacerlo. Esa fue una de las principales conclusiones del debate ‘Latam y Europa: Cómo conectar los dos ecosistemas con mayor crecimiento mundial’, celebrado durante el South Summit Alianza del Pacífico, que tuvo lugar el pasado 1 de diciembre en Bogotá (Colombia).

La cumbre del emprendimiento y la innovación, que tras cuatro ediciones en España ha dado el salto a América Latina de la mano de la Alianza del Pacífico (la alianza económica, desde 2011, entre Chile, México, Colombia y Perú) y en colaboración con IE, resaltó la importancia que las ‘startups’ pueden tener en el desarrollo económico de Latinoamérica. Pero para ello, destacaron los ponentes, es imprescindible cambiar la cultura empresarial, financiera y hasta social de la zona.

Como destacó Marcus Dantus, de la incubadora de empresas StartUp México, “en América Latina hay mucha aversión al riesgo, tanta que tuvimos que dejar de hablar de capital riesgo para hablar de capital emprendedor. No toleramos el fracaso y castigamos el éxito, así que como sociedad estamos apuntando hacia la mediocridad: si triunfas mucho, la gente habla mal de ti”.

Carlos Fernández de la Pradilla, de Polymath Ventures, que invierte en empresas especializadas en las necesidades de la clase media en mercados emergentes, apuntó en esa línea: ”La percepción del riesgo es la mayor dificultad que tiene hoy el emprendimiento en Latinoamérica: las inversiones son más arriesgadas, pero no por falta de talento, sino por las carencias del ecosistema”. Además, según Fernández, en Latinoamérica la cultura inversora también puede ser un obstáculo. “Se centra mucho en la renta fija, y llegar desde ahí a invertir en emprendimiento es muy complicado”, afirma.

Frente a estos diagnósticos, Beatriz González, presidenta y fundadora del fondo de capital riesgo Seaya Ventures, con sede en Madrid y Ciudad de México, lanzó un mensaje más optimista. En España, aseguró, esa mentalidad era parecida, pero ha empezado a cambiar y, paradójicamente, hay que agradecérselo al estallido de la crisis económica. “Entonces muchos se lanzaron a emprender, y su éxito ha llamado al talento. El círculo ha empezado a funcionar”, explica.

González resaltó que la evolución de las inversiones de capital riesgo en América Latina “tienen una tendencia al alza considerable”. El mercado europeo es actualmente unas quince veces mayor pero, en opinión de la empresaria, “no hay mejor momento para invertir en Latinoamérica que ahora”.

La trayectoria de Seaya Ventures da pie a ese optimismo. Sus casos de éxito han sido capaces de tender un puente entre España y América Latina.

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fotografía de Óscar Cabrera presidente de BBVA Colombia en South Summit Alianza del Pacífico

Una de las primeras inversiones de este fondo fue en Sin delantal México, una empresa de comida a domicilio creada por un español, Diego Ballester, en el país norteamericano. “Se vendió en poco más de un año y medio, con un retorno muy bueno, a Just Eat”, recordó González. Y Ballester ha vuelto a crear otra ‘startup’ en América Latina, en este caso Colombia. Es BeWe, una empresa de software para centros de belleza con sede en Bogotá. Aunque sin duda alguna el mejor ejemplo para animar al emprendimiento con un negocio basado entre España y América Latina es otra participada por Seaya Ventures: Cabify, competidor de Uber, nacida en Madrid pero con un 80% de su negocio en América Latina. La empresa ya está valorada en más de 1.000 millones de dólares, lo que da pie a proclamarla, como hizo González, el primer unicornio español.

Claro que si se trata de buscar espejos en los que mirarse, Latinoamérica debería apuntar más al norte que a Europa. Dantus puso sobre la mesa un dato contundente: “En los últimos 35 años, la inversión del capital riesgo en Estados Unidos equivale al 0,2% de su PIB; hoy esas empresas suponen el 21% de la riqueza del país”. Su conclusión es clara: “Tenemos que entender que hay que arriesgar. De lo contrario, Latinoamérica se quedará muy rezagada”.

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