A los emblemáticos rascacielos corporativos de BBVA en Ciudad de México, Madrid, Lima y Santiago de Chile acaba de sumarse el más reciente de la ciudad capital de la Argentina en el polígono vertical contiguo al microcentro porteño. Sobresale en altura del resto y aporta eficiencia energética y diseño sostenible a un concepto edilicio en el que los hábitats generan sus propias leyendas.

La forma de un tótem asume la maqueta que reproduce a escala la quinta torre corporativa mundial del BBVA, inaugurada en un vidriado y espigado polígono de oficinas verticales, contiguo al microcentro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Hace acordar a la Gran Pirámide de La Danta de los mayas, la más alta mesoamericana, pero con 23 siglos de diferencia y ocho pisos menos, en su equivalente a un edificio moderno.

El libro ‘De las Pirámides a los Rascacielos (edificaciones en las Américas)’, adaptación de Seve Seoane de la obra alusiva escrita por la periodista de ‘The New York Times’, Judith Dupré, autora de la investigación sobre las nuevas Trade Center, despliega el abanico histórico, en el que 1974 se constituye en bisagra entre aquel acercamiento de los ancestros egipcios o mayas al cielo donde habitaban los dioses y la loca carrera posmoderna de las moles de acero y vidrio. Fue cuando los 443 metros de la torre Sears (ahora Willis) en Chicago, Estados Unidos, se elevaron por encima de los predecesores de los años 60.

Recién en 1996 las Petronas, en Malasia, le pudo arrebatar el cetro. Hasta que en enero de 2010 la imponente Burj Khalifa, de Emiratos, en Dubai, se enclava de lleno en la atmósfera con sus 124 pisos y se convierte en la número uno.

‘Skyline’ de Buenos Aires con la Torre BBVA a la izquierda.

BBVA Francés

En el nivel de los 150 metros de altura se posicionaron más de 3.000 entre terminadas y casi. Según el arquitecto, diseñador y escritor ruso, Vasily Klyukin, todas deben tener una leyenda, como la que contenían aquellas maravillas arquitectónicas del período preclásico mesoamericano.

La Ciudad de Buenos Aires se plegó a la corriente global de las grandes urbanizaciones verticales. Levantó en la zona aledaña a Retiro una emblemática para los negocios llamada Catalinas Norte. Empezó con el hotel Sheraton, en 1972 y a partir de ahí los espacios del polígono lindero con el microcentro porteño se empezaron a cubrir con otras torres: Conurban, Carlos Pellegrini (en la que funciona la Unión Industrial Argentina (UIA), Catalinas Norte, Madero, IBM, Laminar Plaza y las gemelas Catalinas Plaza y Alem Plaza. Cerró en 2001 ese febril ciclo la torre BankBoston, diseñada por el famoso arquitecto César Pelli.

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Una década y media de mutismo

La grave crisis económica e institucional que se incubó en Argentina desde finales de los 90 e inicio del siglo XXI durante 15 años echó un manto de silencio en las grúas torres de esas megaconstrucciones.

Un conspicuo inversor especializado en emprendimientos ‘premium’ y coleccionista de obras de arte, Eduardo Costantini, interrumpió el letargo: decidió que había llegado la hora de encarar un resurgimiento inmobiliario del polígono porteño. “El terreno de la Torre Catalina es el mejor de la zona por su visibilidad corporativa única, una condición que agrega valor a las empresas”, fundamentó.

“El terreno de la Torre Catalina es el mejor de la zona por su visibilidad corporativa única, una condición que agrega valor a las empresas

Concibió una nueva generación de gigantescas torres, con normas de eficiencia energética y diseño sostenible, que cubrió los tres lotes libres del terreno que le había comprado al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: una para IRSA (obra iniciada hace poco), otra para el banco Macro (próxima a inaugurarse) y la restante, la más alta de todo el complejo (155 metros), para su propia empresa, Consultatio.

El enorme cartel con este nombre sobresalió en el firmamento de Catalinas hasta que en 2013 fue reemplazado por el del BBVA, entidad de capitales españoles a la que le vendió 23 de los 33 pisos para instalar su sede corporativa y destacar su marca en las alturas de la torre, como sucede con otras grandes ciudades, como Madrid, México y Santiago de Chile. Previó una inversión de $ 1.200 millones con el propósito de concentrar las áreas centrales en un único, gran inmueble, enmarcado por una plaza pública de 3600 m2, cuya entrada replica a la torre Sears de Chicago.

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Fotografía de Torre BBVA Bancomer México

El estudio Arquitectónica (de Miami) junto a BMA Arquitectos y Asociados (Alvariñas, Bóscolo, Rodríguez) tuvieron a su cargo efectuar por fases el proyecto de migración corporativa. Lo tuvieron que adaptar a esta porción de la ciudad de Buenos Aires copada por oficinas verticales. Fue preparada para mudar 2.000 empleados que, si hasta hace poco miraban por la ventana del lugar de trabajo el clásico paisaje urbano, desde su nueva ubicación, en el punto más alto de Catalinas Norte, abarcarán una amplia vista del río de la Plata, el aeroparque Jorge Newbery, más una completa panorámica de la ciudad.

El edificio recibió la certificación LEED Gold (Leadership in Energy & Environmental Design), que garantiza que sea ambientalmente responsable y un espacio sano y seguro donde trabajar: reduce la emisión de gases dañinos, los costos operativos y mejora el nivel de satisfacción laboral.

La torre BBVA se convirtió en la más alta de las 12 que conforman actualmente el retazo neoyorkino de Buenos Aires

Una pieza icónica

Costantini sostiene que los objetivos corporativos no cambian mucho. Y aduce que siempre hay una cuestión de imagen cuando se trata de edificios aunque, con el tiempo, los inversores que pasan de la precaución a la audacia finalmente cambian los estándares de la arquitectura.

Rescata, sin embargo, la esencia mística que subyace en esta elevada búsqueda del universo, como la de un cohete espacial cuando despega. La define como “una pieza óptica que pone en relieve el valor del diseño como un faro, nuevamente como una pieza icónica”.

Así y todo, el creador del museo Malba supo especificar que “las torres argentinas no se juegan en la altura por un tema especulativo sino de prestigio y marketing”. Distinto era el caso de las milenarias culturas mayas, griegas y, mucho más atrás, egipcias, en el que las imponentes construcciones iban en pos de las deidades polivalentes que tenían por dioses.

La tríada arquitectónica de Catalinas pretende ser superadora de tres prismas puros, más bajos, que Consultatio Real Estate construyera en los 90: las mellizas torres Catalinas Plaza y Alem Plaza y el edificio Laminar, una placa más baja. Costantini ya había expresado su arrepentimiento por no haberlas plasmado en una sola superficie pero muchísimo mayor.

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Fotografía de la Vela de BBVA

Las nuevas formas nacen de una planta cuadrada de ángulos rectos en la planta baja y, a los tres metros de altura, las aristas del prisma base comienzan a rotar en diferentes ángulos en cada planta hasta convertirse en chanfles a 45 grados en el piso 25, pero siguen deformándose hasta el tope de la torre. En la última planta, una babilónica terraza simboliza el afán de superación sustentable del hombre, cuando el verde del elevado parque sembrado allá arriba se imbrica en las traslúcidas nubes.

La torre BBVA se convirtió en la más alta de las 12 que conforman actualmente el retazo neoyorkino de la ciudad capital, entre Retiro y la Plaza de Mayo. Ocupa el puesto 14 del ranking de rascacielos argentinos, sobre un total de 420, según publica el sitio Skyscraperpage. Buenos Aires, por su parte, se encuentra en la 15 posición mundial en cantidad de rascacielos.

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El pionero mundial en estas edificaciones de envergadura se construyó en Chicago y data de finales de 1800: se llamaba Home Insaurance y fue demolido en 1931.

En Argentina, el decano ha sido el Palacio Barolo, en la tradicional avenida de Mayo, que se inauguró en 1923 y, hasta que en 1935 se construyó el Kavanagh, en Retiro, venía siendo el más alto de Sudamérica.

En nuestros días, el liderazgo en las altas cumbres urbanas se desplazó hacia la exclusiva zona residencial de Puerto Madero: aunque no esté terminado, el Alvear Tower, de 235 metros, reservó el escalón mayor del podio.

Sin embargo, localizadas todas juntas, las torres de Catalinas pugnan por acariciar la cima de la civilización, y el letrero de BBVA ilumina todo el polígono desde lo más alto.

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