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Fintech Act. 08 ago 2017

Víctor Vilarrasa: “Mi meta es abaratar y hacer más seguro el almacenamiento del CO2 en el subsuelo"

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Víctor Vilarrasa es uno de los diez galardonados en 2014 por MIT Technology Review en EmTech España con el premio Innovadores menores de 35 años. Los trabajos de este ingeniero barcelonés abren una prometedora vía para abaratar y hacer más seguro el almacenamiento de CO2 en el subsuelo.

Capturar y almacenar las emisiones contaminantes que generan los combustibles fósiles es uno de los retos a los que se enfrenta la humanidad. Los métodos que se utilizan ahora son caros, porque el CO2 que se captura se inyecta a unos 800 metros de profundidad en acuíferos salinos subterráneos, y no son pocas las industrias y países que prefieren evitar estos gastos.

“Abaratar y hacer más seguro el almacenamiento del CO2 en el subsuelo” es precisamente la meta que se ha marcado el joven investigador Víctor Vilarrasa, cuya innovadora propuesta podría suponer un importante empujón para que industrias y gobiernos avancen en la lucha contra el cambio climático. Así nos ha contado cómo es este proceso por el que ha sido reconocido.

Las investigaciones de este Innovador menor de 3, que le han llevado desde la Politécnica de Cataluña a trabajar en el Lawrence Berkeley National Laboratory de EEUU y ahora en el EPC de Suiza, se centran en las condiciones en las que el CO2 se debe de inyectar en el subsuelo, que él propone hacer en estado líquido y no superlíquido, como se hace ahora. Tal y como ha contado al Centro de Innovación BBVA durante EmTech España, sus trabajos se encuentran ya en un estado bastante avanzado y prometedor, y ahora faltan los ensayos en el terreno, que probablemente se harán en parte en el almacenamiento de Hontomín (Burgos).

Según sus cálculos, inyectar ocho gigatoneladas de CO2 al año (que es la estimación para el año 2050) con su método permitiría ahorrar tanta energía como consumen 100 millones de habitantes en la UE. “Es importante abaratar costes, y que se haga de una forma segura”, explica, aunque admite que al final la adopción o no se su técnica “dependerá bastante de las decisiones políticas”, puesto que son tratados como el de Kioto y demás los que marcan cuán caro le sale a los países emitir CO2 a la atmósfera.

“En Noruega en 1992 hicieron una ley por la que por cada tonelada emitida de CO2 por las plataformas marinas se tenían que pagar 15 dólares. Entonces, automáticamente, las petroleras que sacaban gas del Mar de Norte y que anteriormente simplemente emitían CO2 a la atmósfera lo empezaron a inyectar en el subsuelo. Lo hicieron porque les salía mucho más barato inyectar que pagar por los derechos de emisión”, explica.

Al final, resume, “que se inyecte o no depende un poco de lo que cueste emitir el CO2 a la atmósfera. Nosotros trabajamos para que inyectarlo sea lo más barato posible. Pero al final hacerlo o no es una decisión política”.

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