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Economía y Finanzas 16 junio 2026

"Isaac Asimov, la IA y los objetivos de la regulación financiera"

Uno de los principales debates actuales en la regulación financiera europea es si deben establecerse objetivos de competitividad en el mandato de las agencias reguladoras y supervisoras europeas, complementarios a su mandato principal de asegurar la estabilidad financiera. El debate ha cobrado fuerza tras la reforma británica de 2023, que introdujo este tipo de objetivos, y en paralelo a los esfuerzos de simplificación regulatoria impulsados por la Comisión Europea. Bruselas ha abierto recientemente una consulta sobre la competitividad del sector financiero y prevé publicar un informe en las próximas semanas. Es importante aclarar que tanto la reforma británica como las propuestas en la UE se refieren a la competitividad en un doble sentido: la del propio sector financiero y la de la economía a cuya financiación contribuye.

La posición de la mayoría de las autoridades y de un cierto número de académicos es contraria a los objetivos de competitividad, con argumentos aparentemente de peso:

  • (i) la mejor contribución que las autoridades pueden hacer a la competitividad del sector financiero es asegurar el cumplimiento de sus objetivos de estabilidad financiera;
  • (ii) el establecimiento de muchos objetivos empeora la rendición de cuentas de un agencia independiente;
  • (iii) las Agencias Supervisoras Europeas (ESAs), como la EBA, ESMA y EIOPA, dependen de la Comisión, que es quien debe velar porque equilibren de manera adecuada los objetivos que se establezcan a nivel político y
  • (iv) respecto al Mecanismo Único de Supervisión (MUS, integrado en el BCE), se trata de un supervisor, no un regulador, por lo que no tiene sentido asignarle objetivos regulatorios.

Nótese que algunos de estos argumentos son contradictorios, como el (ii) y el (iii), ya que las agencias o son independientes o no lo son. Pero contestando uno por uno:

  • (i) es cierto que los objetivos de estabilidad financiera y competitividad se realimentan a largo plazo, pero es razonable pensar que existe una cierta disyuntiva entre ambos a corto plazo;
  • (ii) es verdad que muchos objetivos complican la rendición de cuentas, pero hacer explícita una disyuntiva que es implícita la mejora;
  • (iii) en la práctica, las ESAs son bastante independientes de la Comisión y
  • (iv) el MUS regula por la puerta de atrás, con mecanismos como las llamadas expectativas supervisoras.
Las claves de la regulación financiera en 2023

Para arrojar luz sobre este debate propongo el siguiente ejercicio: imaginemos que la regulación y supervisión financieras se encomendaran a una Inteligencia Artificial y que hubiera que definir su mandato mediante una instrucción o ‘prompt’, en el argot técnico. Una primera opción consistiría en establecer un único objetivo: preservar la estabilidad financiera. Una segunda alternativa añadiría un mandato secundario: preservar la estabilidad financiera y, sin perjuicio de ello, favorecer la competitividad del sector financiero y su contribución al crecimiento económico.

Esta segunda formulación es muy similar a los objetivos de la política monetaria: según el artículo 2 del Estatuto del BCE, su objetivo es preservar la estabilidad de precios, pero, sin perjuicio de este objetivo, apoyará las políticas económicas de la Unión.

El argumento principal en favor de un objetivo secundario es que las agencias reguladoras y supervisoras europeas no pueden ser indiferentes a la competitividad del sector financiero y de la economía europea. En economía son frecuentes las situaciones de equilibrios múltiples, en las que, dibujando en un plano dos variables, puede alcanzarse el mismo valor de una de ellas con dos o más valores de la otra. En este caso, imaginemos que podemos tener el mismo grado de estabilidad financiera con mucha o con poca competitividad de la economía. Tal como hemos formulado el “prompt” en la primera opción, la IA sería indiferente a ambas situaciones, lo cual es una aberración.

Por usar otro ejemplo, si encargáramos a una IA fijar el límite de velocidad en las autopistas y le dijéramos que su objetivo es evitar accidentes, pero no dijéramos nada de conseguir trasladarnos en un tiempo razonable, es probable que el límite se fijara en un mínimo, digamos 10 kilómetros por hora: máxima seguridad, nula eficiencia.

Isaac Asimov formuló hace ochenta años, en su serie “Yo, robot”, las leyes de la robótica. En ellas se ilustraba la importancia de una adecuada especificación y jerarquización de los objetivos para evitar aberraciones. Repasemos las lecciones y no nos dejemos fuera objetivos importantes.