"2026: tres estrategias regulatorias para la banca en un mundo cada vez más fragmentado"
Como es habitual cada año, los organismos reguladores tanto a nivel global como europeo han hecho públicos sus programas de trabajo anuales. Estos documentos especifican las diversas iniciativas regulatorias que tienen previsto presentar en 2026, así como aquellas que seguirán desarrollando de años anteriores. De su análisis se concluye que la actividad regulatoria bancaria seguirá siendo intensa, aunque marcada por notables divergencias en los enfoques y objetivos de los planes de trabajo según el área geográfica.
En el ámbito prudencial, la implementación de Basilea III avanza de forma asimétrica. Europa lidera la implementación, mientras que EE.UU. y Reino Unido optan por suavizar o retrasar ciertos requisitos. En materia digital, el ritmo de trabajo regulatorio continúa siendo elevado, aunque las distintas geografías trabajan con prioridades distintas. La Unión Europa (UE) avanza con el despliegue de normas como las de Inteligencia Artificial (IA) o criptoactivos. Por su parte, Reino Unido orienta su trabajo a convertirse en un hub de activos digitales y EE. UU en atraer inversión mediante la desregulación. Esta brecha es aún más pronunciada en sostenibilidad, donde la UE se encuentra en una fase de simplificación regulatoria para lograr mejorar su competitividad, pero sin abandonar los objetivos de sostenibilidad, mientras que la agenda ESG en EEUU se ha paralizado. Este escenario de divergencia eleva la complejidad operativa y puede debilitar la eficacia de los estándares regulatorios internacionales.
Europa lidera la implementación, mientras que EE.UU. y Reino Unido optan por suavizar o retrasar ciertos requisitos
El programa de trabajo de los reguladores que emiten los principios globales (el Consejo de Estabilidad Financiera y Comité de Supervisión Bancaria de Basilea) mantiene un enfoque continuista respecto a años anteriores. Continuarán trabajando en la mejora de la regulación de las Instituciones Financieras No Bancarias (NBFI por sus siglas en inglés), la promoción de pagos transfronterizos, la regulación de cripto activos y ‘stablecoins’, el desarrollo de principios en materia de resolución y la implementación completa del marco de Basilea III.
En todos los organismos y geografías destaca un mayor enfoque en la implementación y la simplificación de la normativa actual. Por tanto, 2026 será un año continuista, centrado en la aplicación de la normativa existente y un menor énfasis en desarrollar nueva regulación.
Al analizar bloques geográficos, Europa destaca porque sigue una estrategia que busca la competitividad, y desde la perspectiva regulatoria esto pasa por la simplificación de sus marcos tanto en el ámbito digital, como el de sostenibilidad y financiero. Para hacer esto posible la UE está proponiendo paquetes de simplificación (“ómnibus”) que revisan regulaciones existentes para aliviar la carga administrativa y los requisitos a cumplir por las entidades en respuesta a las distintas iniciativas regulatorias. Por su parte, Reino Unido se distingue especialmente por su nuevo mandato de facilitar la competitividad internacional y atraer la inversión y el crecimiento económico, con un enfoque cada vez más cercano al americano y más distante del europeo. Está utilizando su autonomía post-Brexit para crear un marco más ágil, especialmente en regulación digital, mercados de capitales y en materia ESG donde han optado por no contar con una taxonomía verde. Finalmente, Estados Unidos se está centrando en un enfoque de desregulación bancaria. Esto significa una relajación de normas con la finalidad principal de fomentar el crecimiento económico y, por ende, impulsar la rentabilidad general del sector bancario. La desregulación ha afectado también al campo de ESG, que pierde prioridad en este mandato. Se está desarrollando también un primer marco de criptoactivos con un enfoque favorable al desarrollo de este sector.
En un mundo en el que las regiones se esfuerzan por aumentar su competitividad, el enfoque normativo americano busca crear un entorno más flexible y favorable para el crecimiento de la actividad bancaria, centrándose en la resiliencia tecnológica y la recalibración de los requisitos de capital para los grandes bancos.
La UE está proponiendo paquetes de simplificación que revisan regulaciones existentes para aliviar la carga administrativa y los requisitos
Preocupa que dicha flexibilización otorgue una ventaja comparativa a los bancos estadounidenses, y que pudiera darse el riesgo de una "carrera a la baja" en los estándares prudenciales. Esto podría fomentar la toma excesiva de riesgos y erosionar las salvaguardas post-2008, poniendo en riesgo la estabilidad financiera. La Unión Europea apuesta por la simplificación mientras que el Reino Unido aprovecha su autonomía para diseñar un ecosistema más ágil y menos prescriptivo que atraiga la inversión tecnológica. Todo ello podría generar una tensión regulatoria a nivel global por el riesgo de una divergencia en la aplicación de los estándares internacionales.