En los últimos años, Europa ha desarrollado uno de los marcos regulatorios digitales más ambiciosos del mundo, abarcando temas como la protección y compartición de datos, la inteligencia artificial (IA) o la resiliencia operativa, entre otros. El resultado es un marco robusto, aunque también complejo y, en ocasiones, fragmentado. Sin embargo, desde 2023 con la popularización de herramientas como ChatGPT y en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas, han aumentado las críticas a un enfoque que a veces se percibe como excesivamente regulador y una de las causas de la brecha tecnológica de la UE frente a otras regiones.
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Ana Segovia
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Jesús Lozano