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De hablar de productos a acompañar decisiones: el nuevo rumbo de las campañas de BBVA

En un contexto de transformación social, tecnológica y económica, las marcas se enfrentan a una pregunta clave: ¿cómo seguir siendo relevantes cuando las expectativas de las personas cambian más rápido que nunca? En el caso de BBVA, la respuesta ha sido iniciar una evolución profunda de su posicionamiento de marca. Un cambio que parte de una idea sencilla pero poderosa: hoy el valor de un banco no se mide solo por lo que ofrece, sino por cómo acompaña a las personas y a las empresas en sus decisiones.

El posicionamiento de marca resume la evolución de BBVA hacia una forma de relacionarse más cercana, útil y anticipatoria. En un entorno de cambio constante, la entidad avanza desde una lógica centrada en productos hacia otra enfocada en decisiones, con el objetivo de acompañar a las personas y a las empresas en sus proyectos y en los momentos que importan.

Para explicar esta evolución, BBVA ha desarrollado una serie de píldoras de vídeo que recorren el camino seguido para redefinir su forma de entender la marca, la comunicación y la relación con el cliente.

Capítulo 1. Un nuevo rumbo

Durante años, el sector financiero ha hablado fundamentalmente de productos. Cuentas, tarjetas, préstamos o hipotecas han ocupado el centro de la conversación y han definido gran parte de la relación entre las entidades y sus clientes.

Sin embargo, las personas no viven su relación con el banco en términos de productos, sino de decisiones. Decisiones como mudarse, viajar, emprender, ahorrar, formar una familia o planificar el futuro. Detrás de cada interacción financiera hay una intención, una expectativa y, muchas veces, un proyecto de vida.

Ese cambio de perspectiva llevó a BBVA a replantearse su manera de relacionarse con los clientes. El objetivo ya no era solo ofrecer soluciones financieras, sino entender el momento vital de cada persona o empresa y ayudarle a avanzar con mayor confianza, claridad y acompañamiento.

De esa reflexión nace una forma de entender la relación con el cliente basada en anticipar, escuchar y acompañar. No se trata únicamente de responder cuando surge una necesidad, sino de estar presentes antes, aportando contexto, orientación y una mirada de futuro que ayude a tomar mejores decisiones.

Este nuevo rumbo responde a una convicción de fondo: acompañar no es solo resolver. También es comprender, personalizar y estar al lado de las personas y empresas cuando más valor puede aportar una relación de confianza.

Capítulo 2. ¿Avanzamos?

Todo posicionamiento necesita una forma clara de expresarse. Una idea capaz de condensar su significado y trasladarlo de manera sencilla, memorable y coherente. En este caso, la pregunta que guió el proceso creativo fue tan simple como reveladora: si acompañamos a las personas y empresas en sus decisiones, ¿cómo se siente ese avance compartido?

La respuesta se materializó en una frase que funciona más como actitud que como eslogan: ¿Avanzamos?

Se trata de una pregunta abierta que invita a la acción y que refleja la esencia del acompañamiento proyectivo: avanzar juntos. Desde esa perspectiva, la marca deja de situarse como una voz que habla desde la distancia para convertirse en una presencia cercana, que propone, acompaña y comparte dirección.

No es una promesa unilateral ni una afirmación institucional. Es una invitación a caminar en la misma dirección, construyendo progreso de forma compartida. Una expresión que conecta con una forma más relacional de entender la marca y con una visión en la que el avance tiene más sentido cuando se produce junto a las personas.

Capítulo 3. Una nueva forma de ser

Un posicionamiento solo tiene sentido cuando se traduce en cambios reales. Cuando pasa de ser una declaración a convertirse en una manera distinta de actuar, comunicar y tomar decisiones. Por eso, esta evolución no se limita a una nueva narrativa. Implica transformar la manera de comunicar, diseñar y tomar decisiones dentro de la organización, para que la marca se exprese con coherencia en cada punto de contacto.

Este proceso ha supuesto revisar varios aspectos clave:

  • simplificar el lenguaje y hacerlo más cercano
  • humanizar la comunicación
  • diseñar experiencias desde la perspectiva del usuario
  • desarrollar una identidad visual más dinámica y flexible

En lo visual, la marca evoluciona hacia un sistema más vivo, capaz de adaptarse a diferentes contextos y momentos de vida. Una identidad más flexible, preparada para acompañar mejor la diversidad de situaciones en las que las personas se relacionan con BBVA.

En lo verbal, el cambio avanza hacia una voz más directa, más clara y más relacional. Una comunicación que busca ser más comprensible, más útil y más cercana, sin renunciar al rigor ni a la consistencia.

El objetivo es que la marca se exprese de forma coherente en todos los puntos de contacto con el cliente. Que cada interacción, cada mensaje y cada experiencia reflejen una misma idea: estar al lado de las personas y empresas para ayudarles a avanzar.

Capítulo 4. El momento de comunicarlo

Comunicar una evolución de esta magnitud requiere algo más que creatividad. Exige coordinación, consistencia y un modelo de trabajo capaz de integrar estrategia, creatividad, medios y datos bajo una misma visión.

Para hacerlo posible, BBVA ha desarrollado un nuevo modelo publicitario omnicanal y ha reforzado la colaboración entre equipos internos y socios estratégicos. El objetivo es construir una implementación global, coherente y adaptable, capaz de trasladar el posicionamiento a todos los mercados y canales de manera ordenada y eficaz.

Este proceso ha incluido:

  • el desarrollo de manuales estratégicos y creativos
  • nuevas guías de narrativa y tono
  • sistemas visuales adaptables
  • herramientas para facilitar la implementación global

Todo ello responde a una idea central: que el posicionamiento no se quede en una campaña, sino que se convierta en una nueva forma de entender la marca y la relación con las personas.

Porque una transformación de marca solo cobra sentido cuando se incorpora de verdad a la cultura de la organización, cuando alinea equipos, decisiones y formas de hacer en torno a una misma ambición compartida.

En definitiva, el posicionamiento de marca representa, en última instancia, una evolución cultural. Una manera de entender que el valor de una marca ya no reside únicamente en lo que vende, sino en cómo ayuda a las personas a avanzar. Porque hoy, más que nunca, avanzar significa hacerlo acompañado.