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Banca de inversión 21 feb 2018

Tendencias en las inversiones en banca privada

La realidad económica mundial ha cambiado de forma relevante durante los últimos años influyendo de manera decisiva en el estilo y la forma en que los inversores gestionan su patrimonio.

La acumulación de deuda en las principales economías del mundo, durante los últimos 70 años, junto con el envejecimiento de la población en las regiones desarrolladas, ha propiciado un nuevo entorno o realidad económica caracterizada por:

  • Unos crecimientos económicos reducidos e inflaciones contenidas.
  • Unos niveles en las tasas de referencia de los bancos centrales negativos o cercanos a cero,  algo que no sucedía desde mediados del siglo pasado.

A esta situación de tasas de referencia cercanas a cero de forma estructural, se han unido otros fenómenos tales como la baja volatilidad de los activos financieros sostenidos por las compras de los bancos centrales en los mercados secundarios, o la tendencia alcista de los principales activos de riesgos, tales como bolsas o deuda corporativa de baja calidad.

Efectos sobre los inversores

Uno de los primeros efectos en los inversores globales es la pérdida o la disminución de la sensación de riesgo. Dado que todos los activos financieros presentan un buen comportamiento independientemente de su calidad, los inversores se acostumbran a que el mercado siempre suba o que en caso de caídas las pérdidas sean limitadas.

El segundo efecto o influencia en el cambio de la psicología del inversor viene motivado por el hecho de que las tasas de referencia son cercanas a cero de forma estructural. Esto provoca que los inversores se vean ‘obligados’ a asumir mayores riesgos para obtener las mismas rentabilidades nominales, desplazando al alza el perfil natural de riesgo de dichos inversores.

Por último, se aprecia otro tercer efecto sobre el tipo de estrategias de inversión más demandadas. En las últimas fases de un mercado alcista tan prolongado como el actual, los gestores activos tienden a ofrecer a sus clientes rentabilidades menores que las de sus índices de referencia, debido a que las últimas fases del ciclo son las más emocionales, más basadas en el exceso de confianza y menos racionales, menos basadas en las valoraciones. Por ese motivo, muchos inversores deciden comprar estrategias o vehículos de gestión pasiva basándose en que su desempeño es mejor, y provocando fuertes entradas de capitales en este tipo de vehículos en detrimento de los de gestión activa.

Estos tres efectos: pérdida o disminución de la percepción del riesgo, incremento en el perfil de riesgo y favorecer las estrategias de gestión pasiva han sido los principales ‘drivers’ del mercado durante los últimos años. En la medida en que cambien los motivos que los propiciaron, podríamos ver situaciones inversas o cierta vuelta a la normalidad durante la próxima década.

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