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Historia 14 oct 2016

Breve historia de BBVA (I): nace Banco de Bilbao

Comienza, con este artículo, un repaso a la larga historia de BBVA. A través de varios capítulos, bbva.com quiere dar a conocer de una manera sencilla y divulgativa los casi 160 años de vida de una de las entidades bancarias con mayor reconocimiento a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI.

A mediados del siglo XIX la sociedad española se encontraba en un momento de cambio. La política nacional vivía momentos complicados, se contaba desde la década de los 40 con una Ley de Sociedades Anónimas, la pujante minería necesitaba de mejoras en las infraestructuras de transporte y una mejor financiación. Con la llegada de la revolución liberal, el panorama de las entidades bancarias va a comenzar a vivir un auge sin precedentes.

En 1837, España, reinando Isabel II, inaugura el primer tramo ferroviario de su historia aunque no tiene lugar en la península sino en Cuba. Se trata del recorrido La Habana-Güines. Habría que esperar una década más, hasta 1848, para que el primer tramo peninsular viera la luz: Barcelona-Mataró. Tras el mismo, surgirían el de Madrid-Aranjuez y el de Langreo-Gijón, que arribaría al puerto asturiano ya en 1954.

El 3 de junio de 1855, el gobierno progresista consigue hacer aprobar en Cortes la Ley de Ferrocarriles que determinaba el desarrollo de las líneas férreas españolas por medio de concesiones públicas a entidades privadas. Dentro de este modelo mixto de auxilio estatal con inversiones privadas, se estableció un dibujo radial de la futura red con inicio en de las líneas en Madrid y llegada hasta los principales puertos de mar o las fronteras, según el caso. A la promulgación de la ley le siguió un boom de tal calibre que durante la siguiente década se construyeron 5.000 kilómetros de vías para las que, lógicamente, se había hecho necesaria una fluida financiación.

Así el 28 de enero de 1856 se publica la llamada Ley de Bancos sobre la que se había estado trabajando durante el último semestre de 1855. La nueva norma continuaba permitiendo la existencia de varios bancos de carácter emisor, hasta uno por plaza, y convierte en Banco de España el que hasta entonces recibía la denominación de Banco Español de San Fernando que había surgido de la unión de otras dos entidades emisoras como eran el Banco de San Fernando y el Banco de Isabel II. De este modo, se crean 18 nuevos bancos emisores en España que se vienen a sumar al nuevo Banco de España y a los de Barcelona y Cádiz, igualmente existentes en aquel entonces.

De igual manera, la ley del 56 regula las sociedades de crédito que eran bancos no emisores que se dedicaban al préstamos y al descuento. Nacen con la intención de captar el ahorro de los ciudadanos españoles y prestarlo a la industria. Fundamentalmente a la pujante industria ferroviaria, tan necesitada de aliento financiero. Las sociedades de crédito aparecen en un número importante tras la nueva legislación, llegando a ser 35 más otras dos entidades dedicadas al giro.

Vista de Bilbao (grabado), por Percival Skelton. Mediados del siglo XIX.

Banco de Bilbao, el inicio del futuro BBVA

Los empresarios que formaban en la década de 1850 la Junta de Comercio de Bilbao responden con celeridad a la Ley de Banco de Emisión de 1856 para tratar de dotar de un mayor impulso a la industria vizcaína. El Bilbao de la época, a la que había llegado el romanticismo imperante en Europa, cuenta con menos de 18.000 habitantes. Muy lejos de los más de 400.000 que acabarían viviendo en la villa a finales del siglo XX.

Tres semanas después de la aprobación en Cortes de la ley, Pablo de Epalza, presidente de la Junta de Comercio, anima a sus compañeros a la creación de una comisión para el estudio de la creación de un banco en Bilbao. El 7 de marzo se convoca a los interesados a la lectura del informe que se había realizado a tal efecto y su contenido es acogido con gran entusiasmo por los que forman la Junta de Comercio de Bilbao. Una semana más tarde se solicita al gobernador civil de Vizcaya el permiso para constituir en la villa vizcaína un banco de carácter emisor. En la petición, que lleva aparejada una súplica a la reina Isabel II, aparece como denominación escogida la de Banco Bascongado, si bien, este primer nombre aparece tachado en el documento y sustituido por el de Banco de Bilbao.

El 29 de abril de 1856, los fundadores del Banco de Bilbao otorgan escritura ante el escribano Serapio de Urquijo “para la fundación de un banco particular de emisión, descuentos, giros, préstamos, y otras operaciones, denominado Banco de Bilbao. Tras los procelosos trámites de paso por el Gobierno Civil de Vizcaya, la convocatoria de la Junta General de Accionistas, la aprobación por parte de ésta y el otorgamiento de escritura adicional, el Real Decreto de aprobación del Banco de Bilbao aparece publicado en el diario La Gaceta de Madrid, un año después: el 28 de mayo de 1857.

El Banco de Bilbao nace con permiso para una duración de 25 años desde el momento de su constitución legal y con un capital social de 8 millones de reales, dividido en 4.000 acciones de 2.000 reales cada una. Dicho capital social fundacional permitía una emisión de billetes de hasta 24 millones de reales. Los fundadores del banco fueron 106.

El 24 de agosto de 1857, en la modesta sede del número 7 de la entonces llamada calle de la Estufa, comienza la andadura del Banco de Bilbao como entidad financiera siendo alcalde de la villa don Carlos Adán de Yarza.

El Consejo de Administración fundacional del Bilbao estaba formado por:

Ambrosio de Orbegozo, director

Pablo de Epalza, vocal

José Pantaleón de Aguirre, vocal

Mariano de Zabálburu, vocal

Gabriel María de Ybarra, vocal

Felipe de Uhagón, vocal

Benito de Escuza, vocal

Vicente de Arana, vocal

Pedro Antonio de Errazquín, vocal

Luis de Violete, vocal

Ezequiel de Urigüen, vocal

Francisco Mac-Mahon, vocal

Leonardo de Lanzázuri, secretario

Santiago de la Azuela, comisario regio

Lista de suscriptores de la fundación del Banco de Bilbao. (Archivo BBVA)

Pese a que el Banco de Bilbao vio la luz como entidad de emisión, sus primeros pasos dejaron también bien a las claras su vocación como banco comercial y de inversión. Además, lejos de lanzarse a emitir los 24 millones de reales que tenían autorizados, sólo se emitieron 6 millones en su inicio en un claro ejercicio de cautela. Se llevaron a cabo seis series de 100, 200, 500, 1.000, 2.000 y 4.000 reales.

Viendo que desde la administración del Estado se reconocía la buena labor que la entidad iba realizando en sus primeros años, los regidores del Banco de Bilbao cubrieron la emisión hasta los 24 millones autorizados para 1861, solamente cuatro años después de su fundación. La confianza del gobierno central no tardó en incrementar el señalado tope hasta los 30 millones de reales.

El Banco de Bilbao fue acompañando cuantas iniciativas iban surgiendo en Vizcaya. Emprendimientos como talleres, negocios familiares, navieras, ferrerías, ferrocarriles, el puerto y las minas de hierro, entre otros, disfrutaron de la confianza de la sociedad financiera. Se puede afirmar que prácticamente no hubo iniciativa local ante la que no respondiera la joven entidad bancaria.

Por último, cabe reseñar que al igual que ocurriera en Bilbao, también surgieron al amparo de la nueva ley bancos emisores en ciudades importantes como Sevilla, Valladolid, Málaga, Zaragoza, Santander y La Coruña. Otras plazas de renombre no contaron en un principio con nuevos entidades emisoras y fueron atendidos por sucursales locales del Banco de España.

Billete de 1.000 reales de vellón emitido por el Banco Bilbao en 1859.

Fuentes consultadas:

  • ‘La Banca como motor de desarrollo en España: 150 años de historia bancaria, 1850-2000’. Autor: José Víctor Arroyo Martín
  • ‘Un siglo en la vida del Banco de Bilbao. Primer centenario (1857-1957)’. Varios autores
  • ‘Cientocincuenta años, cientocincuenta bancos’. Autores: Manuel Jesús González, Rafael Anes e Isabel Mendoza

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