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La nueva ecuación de la inversión pública: cómo movilizar capital privado a gran escala

La escala de las grandes prioridades públicas está cambiando también la forma de financiarlas. Infraestructuras, transición energética, defensa, digitalización, agua o vivienda exigen movilizar recursos de muy distinta naturaleza y coordinar capacidades públicas y privadas. En ese nuevo escenario, estructurar proyectos capaces de atraer capital institucional se está convirtiendo en una pieza cada vez más relevante de la inversión.

Las prioridades estratégicas del sector público abarcan cada vez más ámbitos y proyectos de mayor escala y su ejecución requiere combinar recursos públicos con nuevas vías de financiación capaces de ampliar la capacidad inversora. Gobiernos y entidades públicas están recurriendo cada vez más al capital privado como palanca complementaria para ejecutar estas agendas de transformación. No como sustituto de la inversión pública, sino como multiplicador de su alcance.

"El reto será desarrollar estructuras público-privadas que permitan convertir estas prioridades en proyectos financiables y atractivos para inversores institucionales", explica Iván Poza responsable de Instituciones Públicas y Fondos Soberanos de BBVA Corporate & Investment Banking. “La clave está precisamente en esa capacidad de estructurar: articular proyectos que optimicen el perfil crediticio, reduzcan el riesgo percibido y hagan viable la entrada del capital privado en sectores de alto impacto estratégico”. En esta línea, más que la disponibilidad de capital en sí misma, el desafío pasa por crear las condiciones para que ese capital pueda participar.

Iván Poza responsable de Instituciones Públicas y Fondos Soberanos de BBVA CIB

BBVA CIB ha construido una plataforma especializada para acompañar a estos clientes. El equipo cubre una amplia tipología: gobiernos, agencias de crédito, bancos centrales, banca de desarrollo, multilaterales y fondos soberanos. En estos dos últimos grupos el banco está acelerando su presencia, convencido de su papel central como movilizadores de capital a gran escala. Geográficamente, España, México, Turquía y Latinoamérica concentran el grueso de la actividad, mientras Europa del Este, Oriente Medio y el Sudeste Asiático ganan peso como mercados de alto crecimiento. Asimismo, hay que tener en cuenta que cada geografía tiene su propio ecosistema institucional, sus prioridades específicas y su marco regulatorio, y conocerlas de cerca es parte esencial de la propuesta de valor.

"Nuestro principal valor diferencial es combinar una franquicia especializada en sector público con una fuerte presencia local y capacidades globales de CIB", apunta Iván Poza. "Esto nos permite entender no solo las necesidades de financiación de nuestros clientes, sino también sus prioridades estratégicas y el contexto económico, regulatorio y geopolítico en el que operan". Esa capacidad de leer el contexto, y no solo el balance, es lo que convierte al banco en un socio estratégico antes que en un simple proveedor de financiación.

Esa capacidad de leer el contexto, y no solo el balance, es lo que convierte al banco en un socio estratégico antes que en un simple proveedor de financiación

El crecimiento de la actividad refleja también esta evolución: en los últimos dos años, la cartera vinculada al sector público se ha multiplicado por tres. Al mismo tiempo, la relación con estos clientes se ha ampliado hacia soluciones de mercados, gestión de liquidez y servicios transaccionales.

De la prioridad pública al proyecto financiable

La actividad abarca distintas soluciones de financiación, desde estructuras respaldadas por agencias de crédito a la exportación (ECAs), organismos multilaterales o seguros privados hasta mandatos en mercados de deuda (DCM), especialmente para emisores soberanos. Esta oferta se completa con financiación colateralizada, derivados que permiten convertir deuda denominada en moneda fuerte a divisa local y servicios de captación de depósitos institucionales, incluidos los de bancos centrales.  Todas estas herramientas persiguen un mismo objetivo: adaptar la estructura financiera y el reparto de riesgos a las características de cada proyecto y facilitar el acceso a nuevas fuentes de capital.

La sostenibilidad ha pasado de ser una preferencia a una necesidad de financiación concreta. La demanda de soluciones de este ámbito crece con fuerza en infraestructuras logísticas, de adaptación climática y sociales, y BBVA CIB ha articulado una respuesta en varias líneas: planes comerciales por mercado, comenzando por España; alianzas con bancos multilaterales de desarrollo; y una propuesta de asesoramiento y bonos o préstamos temáticos para fondos soberanos. A estas iniciativas se suman mecanismos de reducción de riesgo orientados a facilitar la participación de inversores institucionales.

Más allá de su dimensión financiera, estas inversiones tienen también un impacto directo en el desarrollo económico y social de los países. Proyectos vinculados a la movilidad sostenible, la gestión eficiente del agua, la adaptación al cambio climático o el acceso a servicios esenciales como la sanidad, la educación y la vivienda contribuyen a mejorar la competitividad de las economías, reforzar su resiliencia y generar oportunidades de crecimiento inclusivo. En este contexto, la colaboración entre el sector público, la banca y los inversores institucionales resulta clave para canalizar recursos hacia iniciativas que combinen rentabilidad financiera con beneficios ambientales y sociales medibles, ampliando así el alcance y el impacto de la inversión pública.

Más allá de su dimensión financiera, estas inversiones tienen también un impacto directo en el desarrollo económico y social de los países

En esta línea se enmarca el mandato como Co-Asesor de Estructuración de Sostenibilidad del Türkiye Wealth Fund, para el que el banco desarrolló su primer Marco de Financiación Sostenible. Se trata, además, del primer mandato de asesoramiento en sostenibilidad de BBVA con un fondo soberano.

Las operaciones recientes permiten ver cómo estas estructuras se traducen en soluciones concretas. Con la República de Panamá, BBVA actuó como suscriptor único en una financiación estructurada en yenes japoneses equivalente a 1.400 millones de dólares, con cobertura del 95% del Grupo Banco Mundial, a través de la cual estamos ayudando a la República, y a otros Gobiernos, a eficientar sus perfiles de deuda. En Polonia, el mandato con el banco de desarrollo BGK para financiar la adquisición de tres submarinos (4.700 millones de euros con garantía de la ECA sueca) refleja el creciente protagonismo de la defensa en las agendas públicas europeas y la capacidad de BBVA CIB para operar en mercados de alto crecimiento.

En conjunto, los casos responden a una misma lógica: no existe una única fórmula para movilizar capital hacia las prioridades públicas. La estructura depende del activo, del mercado y del perfil de riesgo, pero el objetivo es común: hacer financiables proyectos de gran escala y ampliar las fuentes de inversión disponibles.

La próxima década estará marcada por la capacidad de transformar grandes prioridades públicas en proyectos capaces de movilizar inversión a escala. Para ello será necesario combinar financiación, conocimiento y mecanismos de reducción de riesgo entre actores públicos y privados. El desafío no termina al decidir dónde invertir: empieza al hacer posible esa inversión.