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Corporate & Investment Banking Act. 20 octubre 2026

"La resiliencia también se financia: la liquidez como garante de la nueva geografía industrial"

En un artículo de opinión recientemente publicado en El Confidencial, Francisco Javier Fernández de Trocóniz, responsable de Global Trade & International Banking en BBVA CIB, analiza cómo la reconfiguración de las cadenas de suministro y la nueva geografía industrial están transformando las necesidades de financiación de las empresas, situando la liquidez, el trade finance y el acceso al crédito de los proveedores como elementos estratégicos clave para garantizar la resiliencia, la competitividad y la viabilidad de los procesos de internacionalización en un entorno de creciente incertidumbre geopolítica y comercial.

Durante tres décadas, el comercio internacional se trató como un problema de optimización: dónde producir más barato, cómo transportar más rápido y cuánto inventario eliminar. De esa lógica nacieron cadenas de suministro largas, lineales y extraordinariamente eficientes. También profundamente dependientes de una premisa que parecía inamovible: que las rutas seguirían abiertas, los aranceles serían marginales y las reglas de juego apenas cambiarían. Esa premisa ya no existe y, con ella, la lógica que ordenaba las decisiones de localización industrial.

Hoy en día, cuando una multinacional decide dónde producir o de quién abastecerse, los costes laborales y logísticos siguen pesando, pero ya no se deciden en solitario. Ahora compiten con la estabilidad geopolítica, la seguridad jurídica, la exposición arancelaria, las reglas de origen, la disponibilidad de talento técnico y la capacidad de cumplir con las exigencias regulatorias cada vez más complejas. La pregunta ha cambiado de naturaleza: ya no se busca el emplazamiento más barato, sino aquel donde se pueda producir con menor incertidumbre y un mejor acceso al mercado final.

No asistimos, por tanto, a una desglobalización, sino a una globalización distinta. Las empresas no se están retirando del tablero mundial: redistribuyen sus riesgos. Reducen las dependencias excesivas de un solo país, proveedor o corredor, acercan parte de la producción a sus grandes mercados de consumo y refuerzan aquellos territorios que ofrecen mayor certidumbre política y comercial. El nearshoring en Norteamérica, el eje Europa-México-Estados Unidos, la ampliación de Europa del Este o las estrategias China+1 son expresiones de una misma transformación.

"Las empresas no se están retirando del tablero mundial: redistribuyen sus riesgos"

México ilustra bien, tanto el potencial, como los límites de este proceso.  El país se ha consolidado como el principal socio comercial de Estados Unidos y encadena récords de inversión extranjera directa. Sin embargo, dos tercios de esa inversión corresponden a la reinversión de beneficios de compañías ya instaladas, mientras que el valor de los proyectos anunciados para plantas de nueva creación avanzan con mayor cautela. El nearshoring no es un espejismo pero tampoco un acontecimiento puntual. Es una transición larga, gradual, sujeta a la revisión de los tratados y financieramente muy exigente.

Ahí reside una de las dimensiones menos visibles de la nueva geografía industrial: trasladar una fábrica no consiste únicamente en invertir en activos, también exige financiar el tiempo que transcurre, hasta que la nueva cadena empieza a funcionar.

Durante esa fase intermedia, la empresa soporta duplicidades, pruebas de calidad, homologación de proveedores, inventarios de seguridad, anticipos y mercancías en tránsito, mientras la producción todavía no genera ingresos con normalidad. La resiliencia, antes de convertirse en ventaja competitiva, consume caja. Su coste aparece hoy; sus beneficios, más adelante.

A esta tensión de caja se suma un desafío intangible: la confianza. Cuando un comprador incorpora proveedores nuevos en mercados donde la relación comercial aún no está consolidada, necesita tender puentes entre quien produce, quien compra y quien financia. Por ello, el trade finance, que durante años se percibió como una disciplina puramente técnica y rutinaria, vuelve a situarse en el centro de la reflexión estratégica. Una carta de crédito confirmada permite que un proveedor fabrique con la garantía de que cobrará en una geografía donde todavía nadie conoce su solvencia. Asimismo, un programa de financiación de la cadena de suministro permite que una multinacional extienda su calidad crediticia a proveedores locales que, por tamaño o historial, jamás accederían a esa financiación por sí solos. No estamos ante meros productos financieros, sino ante los facilitadores indispensables que hacen viable la nueva cadena de valor.

Aquí aparece la asimetría que marcará la próxima década. La corporación europea o estadounidense que decide fabricar en México, suele disponer de un acceso holgado al crédito; el proveedor de segundo o tercer nivel del que depende su fábrica, no. El déficit global de financiación comercial ronda los 2,5 billones de dólares y se concentra precisamente en ese estrato. El principal obstáculo no parece estar en el acceso al capital de las grandes multinacionales, sino en la capacidad financiera de las Pymes que sostienen su producción.

"La proximidad física de la fábrica solo genera valor si va acompañada de proximidad financiera, conocimiento regulatorio y presencia sobre el terreno"

Esta asimetría explica por qué también ha cambiado lo que las empresas esperan de sus entidades financieras. Durante años, financiar el crecimiento internacional consistía, fundamentalmente, en aportar balance. Hoy consiste en conectar la inversión industrial con el ciclo de caja, la cobertura de tipos de cambio con la estructura de ingresos, la financiación del proveedor con la del comprador y la estrategia global con la realidad local. En un corredor como Europa-México-Estados Unidos, esta capacidad resulta decisiva. La proximidad física de la fábrica solo genera valor si va acompañada de proximidad financiera, conocimiento regulatorio y presencia sobre el terreno.

Durante décadas, financiar el comercio exterior consistió en acompañar el movimiento de una mercancía. En adelante, consistirá en sostener la viabilidad de una decisión industrial. Porque una cadena de suministro sólo es verdaderamente resiliente cuando también puede financiar su propia transformación.