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Georges Aperghis recibe el Premio Fronteras por reinventar el teatro musical

El compositor griego Georges Aperghis ha sido galardonado con el premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Música Contemporánea por reinventar el teatro musical utilizando sonidos, gestos, tecnologías y espacios, e incorporando a los intérpretes al proceso creativo de composición.

El jurado del premio, que esta mañana ha hecho pública su decisión en la sede de la Fundación BBVA en Madrid, destaca que George Aperghis (Atenas, 1945) “ha abierto un camino singular en el ámbito del teatro musical que comprende nuevos dispositivos escénicos, en los que todo se convierte en música, partiendo de los gestos del intérprete, e incluyendo los ruidos sacados de elementos del decorado o de diferentes objetos utilizados a modo de percusión”.

Este músico afincado en París ha revolucionado el teatro musical, abriéndolo a otras artes como la coreografía, la interpretación o el videoarte, así como la utilización de dispositivos electrónicos, incluidos robots.

El teatro musical de Aperghis ha captado nuevos públicos y ha logrado incluir la música contemporánea en la experiencia teatral común. Además, el jurado ha destacado que la obra de Aperghis coincide con el espíritu de los premios que concede la Fundación BBVA, ya que traspasa las fronteras entre el entre teatro y música. Ayer el propio galardonado lo expresaba así: “Para mí no hay fronteras entre la música y el teatro, hay una continuidad en la que la acción teatral es una prolongación de la música y la música contiene la acción”.

Imagen de Georges Aphergis, premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Música Contemporánea

Un compositor autodidacta

Nacido en Atenas en 1945, George Aperghis nunca recibió formación musical reglada. Descubrió la música gracias a la radio y a las clases de piano que recibía de una amiga de la familia y en la escuela, pero sin llegar a acudir al conservatorio.

A los 17 años se trasladó a París para continuar sus estudios de música. “Era curioso y, sobre todo, escuchaba música del mundo entero. Iba casi todo los días a un concierto, a la Unesco, al Museo del Hombre, que proponía conciertos de música asiática. Adoro también el rock: vi a los Beatles en el Olympia, a los Rolling Stones en el Palacio de los Deportes, a Pink Floyd en los Campos Elíseos… Iba a ver a los compositores con mis trabajos bajo el brazo. Este es el modo en que conocí a Iannis Xenakis”

Adoro también el rock. Vi a los Beatles en el Olympia, a los Rolling Stones en el Palacio de los Deportes, a Pink Floyd en los Campos Elíseos

En París entró en contacto con el mundo del teatro y se inició en el serialismo del Domaine Musical, en la música concreta de Pierre Schaeffer y Pierre Henry, y en las obras de Iannis Xenakis, que le inspiró en sus primeros trabajos.

Hacia 1970, decidió profundizar en un lenguaje más libre y comienza sus búsquedas y exploraciones sobre el sonido de la voz. Interesado en particular por el teatro musical compone en 1971 su primera obra en este ámbito, La tragique histoire du nécromancien Hiéronimo et de son miroir. En ella comienza a combinar música, palabras y escenario, y se plasma su afán innovador, que años más tarde sintetizaría de esta forma: “Si hay algo que tengo claro es esto: nunca volver al pasado ni a nada de lo que se ha hecho desde la segunda Guerra Mundial”.

La emoción de ver a un robot llorar

A partir de los años noventa Aperghis, y gracias a los medios que el Instituto e Investigación y Coordinación sobre Acústica y Música (IRCAM) le facilitó, incorpora a su trabajo las nuevas tecnologías: vídeo, electrónica y tratamiento del sonido en tiempo real. “Con la electrónica puedo hacer cosas que no están al alcance de la voz: extender un sonido hablado durante un tiempo largo, crear una cadena larga de palabras a partir de la voz, manipular registros, solapar voces, e incluso eliminar algunas sílabas. Hay una poética particular propia de la electrónica: el mismo tipo de emoción que sentimos cuando vemos a un robot llorar o morir”.

A pesar de ser el creador, director y compositor de sus espectáculos, hace partícipes de su proceso creativo a los intérpretes, ya sean músicos, actores, cantantes o bailarines. “No es un músico convencional que presenta una partitura cerrada a los intérpretes, sino que trabaja con ellos en un proceso de búsqueda, de investigación, en el que se dan fenómenos de “hibridación”: los actores se convierten en músicos y al revés”, explica el jurado.

Aperghis busca un lenguaje universal en el que el texto no es lo importante y se sustituyen las palabras por la onomatopeya, el fonema o el ruido. Esa fragmentación se articula con un montaje surrealista en el que en ocasiones crea idiomas imaginarios siguiendo la estela de la poesía sonora.

Incluso su música instrumental se asimila a las recitaciones vocales porque más que buscar un significado, trata de encontrar el sentido en la confrontación con el público, al que propone paradojas o elementos lúdicos con los que, a la vez, quiere provocar su reacción y su reflexión.

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