Educación preventiva frente a desastres naturales: una lección sobre terremotos
La educación preventiva es clave para crear una cultura y una sociedad más resilientes ante el impacto de fenómenos naturales extremos y otros riesgos derivados de la acción humana, sobre todo en regiones como América Latina, donde la recurrencia de los desastres es alta.
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“¡Comienza un temblor! ¿Cuál es el lugar más seguro para refugiarse? Si tienes que abandonar tu casa a continuación, ¿qué debes llevar en tu mochila?” Ante las preguntas de la profesora, todos los alumnos y alumnas levantan la mano para responder. Saben que deben colocarse bajo un mueble resistente y alejados de las ventanas, y que en su mochila no debe faltar agua, un pequeño botiquín y una linterna con pilas.
La situación se repite en diferentes puntos del mundo con preguntas sobre incendios, inundaciones, erupciones volcánicas o deslizamientos de tierra, dependiendo de las características o las amenazas de cada lugar. Y es que los niños también participan en la reducción de riesgos y facilitarles instrucciones claras sobre qué hacer en caso de alerta es crucial para reducir las consecuencias de los desastres.
Para ello, existe lo que conocemos como educación preventiva, una estrategia integral que busca fortalecer las capacidades de la comunidad educativa para anticiparse, responder y actuar ante las amenazas que afectan el bienestar de niñas, niños y adolescentes.
Aunque este tipo de formación es muy relevante en las escuelas, ya que los más pequeños trasladan la concienciación a sus familias, las campañas de prevención deben dirigirse a todos los sectores de la sociedad. De hecho, la falta de conciencia en un sector puede afectar a toda la comunidad. De tal forma que, si se logra integrar en todo el territorio se puede lograr un impacto más profundo y sostenible, fomentando una cultura preventiva de cara a minimizar riesgos y reducir costos.
La educación preventiva es clave en América Latina
“La educación preventiva ante desastres y fenómenos de origen natural es indispensable en entornos educativos, comunidades y familias en todo el mundo porque permite reducir el número de muertes y afectaciones”, explica Lourdes Herrera, coordinadora del proyecto Horizontes Seguros. Este proyecto, implementado por Plan Internacional Perú y que cuenta con financiación de la Unión Europea, promueve procesos formativos para asegurar una educación resiliente ante los desastres en comunidades vulnerables.
“En América Latina adquiere una relevancia imperante debido a las brechas estructurales como la desigualdad, la migración forzada y el impacto del cambio climático que vuelven a la región más vulnerable frente a emergencias y desastres”, añade la coordinadora de Horizontes Seguros.
Las cifras lo confirman: según datos procedentes del Informe de Evaluación Regional sobre el Riesgo de Desastres en América Latina y el Caribe (RAR 24), elaborado por la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, la región de América Latina y el Caribe es la segunda más propensa a desastres de todo el mundo. Entre los años 2000 y 2022, alrededor de 190 millones de personas fueron afectadas por 1.534 desastres. El 83% de los mismos fueron de origen climático.
Los sistemas de alerta temprana reducen el impacto económico de estos desastres en un 30%, según el citado estudio, pero todavía falta mucho por mejorar en este ámbito. A la relevancia de estos sistemas de alerta se suma la importancia de que la población responda de forma adecuada ante los peligros y sepa establecer medidas preventivas acordes a la realidad de su entorno. Y es que, tal y como señala Herrera, el caso de cada región y comunidad es diferente. Sin embargo, recalca, la región guarda factores en común.
“La falta de planificación urbana, la expansión desorganizada y la construcción en zonas de riesgo hace que miles de familias vivan en zonas inestables, de alta amenaza sísmica, riberas de ríos o viviendas de infraestructura deficiente, lo que incrementa el impacto a partir de fenómenos como inundaciones, huaicos, sequías, sismos, entre otros”, explica.
“A todo esto -añade la directiva- se suman las desigualdades económicas y educativas, así como los impactos de la violencia en entornos educativos, que limitan a las comunidades a acceder a servicios básicos, información preventiva y servicios de protección. En América Latina, la educación preventiva es una herramienta capaz de construir justicia e igualdad. Es necesario acentuar este enfoque en las escuelas, no solo como complemento educativo, sino como parte esencial en la gestión de riesgos y desastres”.
Educando para mejorar: las escuelas de Horizontes Seguros
En los últimos años, la estrategia del proyecto Horizontes Seguros ha llegado a escuelas de Perú, Ecuador, Bolivia y Colombia con el objetivo de convertirlas en lugares seguros, protectores y resilientes, libres de violencia y de riesgos. Para conseguirlo, se crean protocolos, se capacita a los docentes en gestión de riesgos y desastres y se implica a todos los agentes involucrados, desde los niños a los líderes locales, pasando por los padres y las madres de familia.
“El proyecto acompaña la planificación de la seguridad escolar a partir de la evaluación de los múltiples riesgos y la identificación de medidas de prevención, mitigación, preparación, respuesta y recuperación postdesastres. Esto se consigue gracias al fortalecimiento de capacidades del personal docente, de directivos, de niños y adolescentes y de la comunidad en general”, explica Herrera.
¿Y cómo se traslada esto a la realidad? Desde la institución implementan simulacros de acción ante situaciones de riesgo y realizan mejoras en las infraestructuras. Además, desarrollan actividades de refuerzo para los escolares, todo ello de forma coherente con las políticas públicas. “Hemos logrado que más de 230 estudiantes accedan a refuerzo escolar. Asimismo, capacitamos a más de 270 docentes en gestión de riesgos, primeros auxilios psicológicos y contención emocional para sus estudiantes en casos de emergencia, e impulsamos que más de 10.000 estudiantes de 13 instituciones en las regiones de Piura y Tumbes en el Perú cumplan con el desarrollo de simulacros, cuenten con planes actualizados y dispositivos de seguridad como extintores, camillas o botiquines, entre otros”, explica Herrera.
Para lograr resultados aún mejores -indica- es crucial ampliar el compromiso intersectorial y fortalecer la alianza entre Estado, sociedad civil y sector privado. “Además, es clave garantizar un presupuesto público sostenido para la seguridad escolar e integrar el enfoque de derechos y de género en las políticas públicas. Solo así lograremos que cada niño, niña y adolescente tenga acceso a una educación segura, digna, continua y libre de violencia”, concluye.
| Cómo actuar ante una catástrofe natural | |
|---|---|
| Momento | Acción preventiva |
| Antes | Identificar riesgos, preparar una mochila de emergencia y conocer las rutas de evacuación. |
| Durante | Mantener la calma, seguir los protocolos y protegerse en zonas seguras. |
| Después | Revisar los daños, atender las emergencias y seguir las indicaciones oficiales. |
La importancia del material educativo
Junto a proyectos concretos como Horizontes Seguros, existe otro factor clave para garantizar la formación en prevención: el acceso a materiales educativos e informativos. “La comprensión temprana es fundamental para que los niños y las niñas entiendan cómo actuar en caso de riesgo. Para conseguirlo, y a lo largo de las últimas décadas, entidades como UNICEF o Eduteka (de la universidad colombiana Icesi) han preparado todo tipo de materiales educativos y divulgativos dirigidos especialmente a los más pequeños.
En ellos no se explica solo cómo se forman fenómenos como los terremotos o los huracanes, sino también en qué consiste la vulnerabilidad, cómo reducirla y cómo actuar ante diferentes situaciones de riesgo. “¿Recuerdas qué se debe considerar para determinar si un peligro puede generar un desastre? Tiene que ver con la respuesta de la sociedad ante el peligro. Es lo que se considerar vulnerabilidad. O dicho de otra manera, la escasa capacidad que tiene la población de un lugar para actuar antes, durante y después de presentarse un peligro”, según datos del material educativo para prevención de desastres elaborado por el Gobierno de México.
Además, en este tipo de documentos se explica la responsabilidad del ser humano en algunos contextos (por ejemplo, cuando cambia el curso de los ríos, construye sus viviendas en las laderas de un volcán o cambia con sus actividades el clima del planeta), lo que fomenta la capacidad crítica de los alumnos.
Información y educación preventiva para todos los ciudadanos
A todo esto, se suman los materiales que también van dirigidos a toda la comunidad: mapas de evacuación en edificios públicos, señalización en espacios de riesgo o campañas de comunicación accesibles. La combinación de educación e información práctica no solo debe preparar a los más jóvenes, sino que debe estar disponible para todos.
De hecho, se puede encontrar un buen ejemplo en el este de Colombia: en el litoral que toca el océano Pacífico, en regiones como Cauca, numerosas localidades cuentan en sus calles con señales que indican qué ruta seguir en caso de tsunami. Estas señales, unidas a una educación previa que incluya la realización de simulacros, pueden resultar determinantes para salvar vidas.
Más allá de la formación y los simulacros, la educación preventiva debe entenderse como una herramienta de transformación social. No solo prepara para actuar frente a un desastre, sino que impulsa cambios de comportamiento sostenibles en la vida cotidiana: promueve la planificación urbana responsable, el consumo consciente, la protección de ecosistemas y la cooperación vecinal ante riesgos comunes. En este sentido, la prevención se convierte en un elemento clave de ciudadanía activa, capaz de fortalecer la cohesión social y la resiliencia colectiva frente a los desafíos ambientales y humanos del siglo XXI.
En un contexto cada vez más marcado por el cambio climático y el aumento de la frecuencia y la intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, así como por otros riesgos ligados a la geopolítica, el reto está en que apostar por la educación, la prevención y la sensibilización no se entienda como complemento, sino como una necesidad.
Preguntas frecuentes sobre educación preventiva ante desastres naturales
¿Qué es la educación preventiva ante desastres?
La educación preventiva ante desastres es una estrategia formativa que prepara a la comunidad para anticiparse, responder y actuar frente a riesgos como terremotos, inundaciones, incendios, erupciones volcánicas o deslizamientos.
¿Por qué es importante en las escuelas?
Porque ayuda a niñas, niños y adolescentes a saber qué hacer ante una emergencia. Además, el aprendizaje adquirido en la escuela puede trasladarse a las familias y fortalecer la cultura preventiva de toda la comunidad.
¿Qué debe incluir un plan de educación preventiva?
Debe incluir evaluación de riesgos, protocolos de actuación, simulacros, rutas de evacuación, materiales educativos, formación docente y medidas de respuesta y recuperación tras un desastre.
¿Por qué América Latina es una región especialmente vulnerable?
América Latina y el Caribe registran una alta exposición a desastres. Entre 2000 y 2022, alrededor de 190 millones de personas fueron afectadas por 1.534 desastres en la región, según el informe RAR 24 citado en el texto.
¿Qué papel tienen los simulacros?
Los simulacros permiten practicar protocolos de actuación, identificar fallos en la preparación y mejorar la respuesta de estudiantes, docentes y comunidades ante una emergencia real.
¿Cómo ayudan los sistemas de alerta temprana?
Los sistemas de alerta temprana permiten anticipar riesgos y activar medidas de protección. Según el informe citado en el texto, pueden reducir el impacto económico de los desastres en un 30%.
¿Qué materiales ayudan a prevenir riesgos?
Ayudan los mapas de evacuación, la señalización en zonas de riesgo, las guías educativas, los protocolos escolares, las campañas de comunicación y los materiales adaptados a niñas, niños y adolescentes.