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El impacto del teletrabajo en la calidad de empleo

La pandemia impulsó un crecimiento masivo del teletrabajo en 2020 y 2021. Desde entonces, muchas empresas han avanzado hacia modelos híbridos que combinan oficina y trabajo remoto. La evidencia muestra beneficios en productividad y conciliación, aunque también plantea retos.

Imagen de apertura generada mediante Inteligencia Artificial

En la Unión Europea, en 2019 trabajaban desde casa un 5,4% de todos los empleados, pero en 2021 eran ya el 13,3 %, según datos de Eurostat. Sin embargo, en la última serie disponible (2023), el porcentaje había bajado hasta el 8,9%. La misma tendencia se aprecia en España, donde se pasó del 4,8 % en 2019 al 10,9 % en 2020 para caer a un 7,1% en 2023. Y en América Latina, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se pasó de un 3 % de los empleados en situación de teletrabajo antes de la pandemia a cerca de un 30 % a mediados de 2020. Aunque no hay datos actualizados, hay informes, como el del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico de Perú, que apuntan que el porcentaje en la región ha ido cayendo gradualmente desde entonces.

Efectos positivos del teletrabajo en la calidad del empleo

Existen múltiples indicadores para evaluar la calidad del empleo. La OIT tiene cerca de un centenar de indicadores para establecer qué es un trabajo decente. Estos se centran en factores como ingresos adecuados, productividad, conciliación de la vida laboral y personal, estabilidad y seguridad en el empleo, igualdad de oportunidades, desarrollo profesional, formación continua y bienestar físico y mental.

Teniendo en cuenta este marco de trabajo, un estudio de 2023 de la OIT concluye que los acuerdos de trabajo flexible, como el teletrabajo o la flexibilidad horaria, tienen dos grandes efectos positivos sobre la calidad del empleo:

  • Aumento de la productividad, asociado también a una reducción del absentismo y del estrés de los trabajadores. Según un estudio del Fondo Monetario Internacional,  el trabajo híbrido equivale a un aumento salarial de alrededor del 8%. Este efecto es evidente cuando acompaña a jornadas laborales estándar (hasta 40 horas semanales), pero se diluye en jornadas prolongadas (más de 48 horas semanales).
  • Mejora de la conciliación. El trabajo flexible brinda a los empleados mayor control sobre su tiempo, lo que reduce el estrés y favorece la salud física y mental. De hecho, el Informe sobre Teletrabajo y Flexibilidad en España (Robert Walters, 2023) indica que el 79 % de los profesionales considera que el teletrabajo ha contribuido a mejorar su desempeño y la gestión de equipos.

Además, otros impactos positivos ampliamente documentados son:

  • Inclusión laboral: facilita la incorporación de personas con discapacidad, residentes en zonas rurales o con limitaciones de movilidad.
  • Reducción de desigualdades, en especial de género, al permitir una mayor corresponsabilidad en el hogar.
  • Atracción y retención de talento, sobre todo en las nuevas generaciones que priorizan la flexibilidad y la calidad del empleo.
  • Mejor reputación corporativa, clave para clientes, trabajadores e inversores.
  • Menor impacto medioambiental, gracias a la reducción de desplazamientos diarios.
  • Reducción de costes logísticos para las empresas, que pueden ahorrar en infraestructuras y espacios físicos de trabajo.

Los efectos negativos del teletrabajo

“El teletrabajo supone un ahorro en costes para la empresa, pero sin reducir la productividad. Sin embargo, para mí, es un arma de doble filo, porque si estás en casa se desdibuja la línea que separa tus actividades privadas de tus actividades profesionales”, señala Carmen Bueno Castellanos, antropóloga y profesora de la Universidad Iberoamericana de México. “Las plataformas digitales permiten que estemos conectados con el trabajo a cualquier hora, algo que se acentúa con las empresas globales que tienen a los empleados en cualquier punto del planeta. Para mí, hay una pérdida de calidad de vida evidente”, comenta.

Este es uno de los principales impactos negativos del teletrabajo que también señala la Organización Internacional del Trabajo. Existen, además, varios aspectos que pueden disminuir la calidad del empleo:

  • Aislamiento social y profesional, que puede derivar en individualismo y pérdida de vínculos con los equipos.
  • Extensión de la jornada laboral, por la falta de límites entre lo personal y lo profesional.
  • Menor visibilidad de los trabajadores, lo que puede limitar la progresión profesional.
  • Desigualdad de acceso, ya que no todos los perfiles en una empresa pueden teletrabajar.
  • Menor cohesión con el equipo y la empresa, dificultando la cultura corporativa.
  • Problemas de salud física, cuando los puestos de trabajo en casa no están bien adaptados (dolores musculares, fatiga visual, etc.).

Para limitar estos efectos negativos, la OIT subraya la necesidad de mejorar las leyes y regulaciones de la jornada laboral sobre el número máximo de horas de trabajo diarias y los períodos de descanso reglamentarios, con especial atención al derecho a la desconexión digital al finalizar la jornada laboral.

La desigualdad de género y el teletrabajo

La OIT advierte que el teletrabajo puede ser una herramienta para mejorar la corresponsabilidad en el hogar, pero también un riesgo: en contextos donde las tareas de cuidado recaen principalmente en las mujeres, el trabajo remoto puede intensificar esta carga. Esto puede derivar en menor tiempo disponible para el desarrollo profesional y, en consecuencia, limitar las oportunidades de ascenso y de acceso a beneficios sociales.

El trabajo flexible y las plataformas digitales

De acuerdo con la antropóloga Bueno Castellanos, no se puede hablar de trabajo flexible sin hablar de la economía de las plataformas, es decir,  aquellas actividades laborales facilitadas por intermediarios digitales que conectan a usuarios o clientes con trabajadores a través de aplicaciones o entornos tecnológicos. Ejemplos conocidos son las plataformas de transporte, reparto de comida o trabajo freelance online.

El auge de estas actividades (solo en la Unión Europea se estima que 43 millones de personas trabajan para alguna de estas plataformas) ha favorecido también los acuerdos de trabajo flexible, pero ha venido en parte acompañado de una precarización del empleo y de un empeoramiento de la calidad del trabajo.

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Imagen generada mediante Inteligencia Artificial

“En América Latina, las plataformas han favorecido una especie de autoempleo de una gran informalidad, algo que muchos trabajadores asumen a cambio de un horario más flexible y una libertad mayor. Sin embargo, genera impactos significativos en la estabilidad laboral, el aumento de la competencia, los ingresos y la extensión de la jornada laboral”, sostiene la antropóloga mexicana. Para ella, las soluciones pasan por avanzar en la legislación de un sector que, hoy en día, opera en un entorno prácticamente desregulado.

“El principal problema es que muchas de estas plataformas buscan modelos de explotación y extracción de valor económico, no están preocupadas por sus efectos a nivel local. Hay países que han empezado a regular estas actividades, sobre todo, para empezar a ingresar impuestos que hasta ahora se estaban escapando. Sin embargo, a nivel de protección del trabajador, apenas hay nada hecho”, concluye Bueno Castellanos.

Avanzar hacia marcos normativos en materia de teletrabajo

En definitiva, el teletrabajo y otras formas de trabajo flexible representan una transformación profunda en las dinámicas laborales contemporáneas. Si bien ofrece oportunidades valiosas para mejorar la calidad del empleo en aspectos como la conciliación y la productividad, también plantean desafíos importantes relacionados con la salud, la equidad y la protección de derechos laborales.

Para aprovechar plenamente sus beneficios, es fundamental avanzar hacia marcos normativos que garanticen condiciones de trabajo justas, sostenibles y adaptadas a los nuevos entornos digitales.

Algunos ejemplos recientes son:

  • Ley de Teletrabajo en España (2020), que establece el derecho a la desconexión digital y regula gastos asociados al trabajo en remoto.
  • Directiva europea sobre condiciones laborales transparentes y previsibles (2019), que amplía derechos en contratos de trabajo y horarios.
  • Proyectos en América Latina, como la Ley de Teletrabajo en Argentina (2021) o las regulaciones en Colombia y Chile, que buscan equilibrar la flexibilidad con la protección laboral.