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Social Retos sociales 05 ene 2026

¿Qué tipos de brecha digital existen?

En 2024, más de un tercio de la población –2.500 millones de personas– carecía de acceso a internet según el Foro Económico Mundial. A esta primera brecha digital se le suman otras vinculadas con la calidad, el uso o la formación. Mujeres, personas mayores o con discapacidad, habitantes del entorno rural son algunos de los colectivos en situación de riesgo.

​​Los primeros abordajes sobre el concepto de brecha digital eran dicotómicos y se expresaban en términos muy binarios. De hecho, la diferencia se establecía, básicamente, entre quienes tenían y no tenían estas herramientas. Así lo explica Silvia Andreoli, directora general del Centro de Innovación en Tecnología y Pedagogía (CITEP) de la Universidad de Buenos Aires.

A medida que avanza la tecnología, las brechas digitales se van haciendo cada vez más profundas y la complejidad del fenómeno aumenta. Actualmente, se podrían dividir en cinco  grandes grupos: la citada brecha de acceso, la de la calidad, la del uso, la de apropiación y la de la formación.

¿Qué tipos de brecha digital existen?

Brecha de acceso: quién tiene conexión y quién queda fuera

La brecha de acceso se puede definir como la desigualdad que se produce entre quienes cuentan con conexión a internet y dispositivos para utilizarla, y quienes carecen de ellos. Esta se puede cuantificar, “y es en la que más se han centrado las políticas públicas en Latinoamérica, sobre todo en el ámbito educativo”, señala Andreoli. Proveer y dotar de pantallas a los estudiantes ha servido para atenderlos, y también para que, a través de ellos, los dispositivos entren en los hogares. La especialista del CITEP pone a Uruguay como caso de éxito en este tipo de iniciativas. Los datos lo refrendan: en 2022, el 91 % de los hogares del país sudamericano contaba con algún tipo de conexión a Internet, según la quinta edición de la Encuesta de Uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación (EUTIC).

La brecha de acceso se produce también entre empresas de distinto tamaño, como alerta la última edición del informe ‘Digitalización de la empresa española’, del sindicato UGT, que evidencia que la inversión en inteligencia artificial acentúa esa brecha. En 2024, según el INE, en España usaban IA el 4,7 % de las microempresas, el 9,54 % de las pequeñas, el 21,17 % de las medianas y el 45,29 % de las grandes.

Brecha de calidad: velocidades desiguales y desigualdad cultural

No basta con tener acceso; también hay que evaluar si las velocidades de carga y descarga son suficientes para las necesidades locales. Un informe de 2024 del Instituto Peruano de Economía exponía los avances en cobertura –el uso de Internet se ha multiplicado por cinco en el país desde 2004– y confiaba en el despliegue de tecnologías de alta velocidad –como la red 5G– para seguir avanzando.

Brecha de uso

Cerrar las brechas digitales de acceso y de calidad tampoco garantiza que desaparezca la brecha de uso, marcada por los conocimientos y habilidades digitales que se poseen para aprovechar correctamente la tecnología. Un ejemplo paradigmático es el de una persona mayor en un país desarrollado: tiene a su disposición un buen servicio de Internet, y los dispositivos necesarios, pero está poco o nada familiarizada con el mundo digital.

Brecha de apropiación

El uso más o menos intensivo que se le dé a las tecnologías digitales está directamente relacionado con la apropiación digital, una cuestión que interesa especialmente a la directora general del Centro de Innovación en Tecnología y Pedagogía (CITEP) de la Universidad de Buenos Aires. Se trata de que las personas –también las empresas u organizaciones– no se limiten a utilizar las nuevas herramientas para realizar tareas simples, sino que las integren en sus vidas y las adapten a sus necesidades específicas.

Existe una gran diferencia entre el uso básico de una herramienta tecnológica y la capacidad para utilizarla de una manera innovadora, transformadora y creativa.  Aprovechar esta capacidad es clave para reducir la brecha de apropiación.

Para Andreoli, esta brecha también marca la manera de entender el ejercicio de la participación y la ciudadanía digital, y la distancia que media entre un uso responsable, reflexivo y crítico, y el contrario.

Andreoli detecta también que las diferencias de acceso, calidad y uso entre personas, culturas o regiones del mundo provocan brechas de apropiación digital.

La experta se plantea, por ejemplo, cuáles son las consecuencias de que existan diferencias de conectividad entre la bajada y la subida de información en Internet. La idea de que, en algunas regiones del planeta, la velocidad de bajada de información es mayor que la de subida la lleva a pensar que hay zonas, pensamientos, idiomas o manifestaciones culturales más representadas en la red que otras que tienen menos posibilidades de transmitirse. “¿Desde qué lugar del planeta se habla?, ¿en qué idioma? Lo digital no solo refuerza desigualdades preexistentes, sino que construye nuevas”, reflexiona.

¿Qué tipos de brecha digital existen?

Brecha de formación: colectivos en desventaja digital

La falta de alfabetización o educación digital empobrece la calidad del uso de internet y las tecnologías digitales, que no tienen el mismo impacto si se utilizan sólo para comunicarse o se exprimen para lograr nuevas oportunidades educativas, laborales o de acceso a servicios de la administración pública.

La directora general del Centro de Innovación en Tecnología y Pedagogía de la Universidad de Buenos Aires identifica a varios colectivos discriminados por su falta de conocimiento sobre el uso y las posibilidades que abren las TIC:

  • De género. Un informe de la consultora McKinsey sobre la brecha tecnológica de género concluye que las mujeres no representan más del 30 % de las posiciones tecnológicas de las compañías analizadas.
  • Etaria. Un estudio sobre brecha digital generacional de la Universidad de Vigo cita que, en España, el 59,3 % de las personas de 65 a 74 años no tienen ninguna competencia digital
  • De personas con discapacidad. Un 25 % de los británicos con discapacidad o con problemas de salud carece de habilidades digitales básicas, según la Fundación Good Things, dedicada a la inclusión digital.
  • En el mundo rural. Según la ONU, en América Latina y el Caribe los hogares urbanos duplican el acceso de los rurales (74,8 % vs. 35,8 %). La brecha varía mucho entre países: en algunos, menos del 20 % de los hogares rurales están conectados; en cambio, Chile y Panamá se acercan a niveles de acceso rural comparables a los de la OCDE.
  • De la población penitenciaria. El Programa Iberoamericano de Acceso a la Justicia sostiene que abordar el analfabetismo digital en las prisiones no solo mejora las perspectivas de los reclusos, sino que también contribuye a una sociedad más justa y reduce la reincidencia.

La falta de acceso a internet, la velocidad de carga y descarga de la información y la necesidad de una alfabetización digital de toda la sociedad dibujan el panorama de las distintas brechas digitales, que también requieren de empatía y sentido común.

Un ejemplo: en Argentina, para viajar en el autobús urbano o en el 'subte' (sistema de trenes subterráneos y tranvías) es necesaria una tarjeta que solo puede gestionarse de manera ‘online’. Todo aquel que no pueda conectarse a Internet, o no sepa cómo usarlo, se verá privado de un servicio esencial y estará en inferioridad de condiciones respecto a quien sí esté familiarizado con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Como concluye Silvia Andreoli, este caso solo ejemplifica una cascada de brechas digitales que, a medida en que avanza la tecnología, se hace cada vez más compleja.