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2015, año récord en la emisión de bonos verdes

En 2015 las emisiones de bonos verdes alcanzaron los 41.300 millones de dólares, un 15% más que el volumen emitido en 2014. Las principales divisas de las emisiones son el dólar y el euro, complementadas por una parte muy pequeña de otras divisas que los bancos de desarrollo están probando en sus programas de mercados de capital. BBVA Global Markets Research estima que en 2016 estas emisiones alcanzarán al menos los 50.000 millones de dólares a nivel global.

Existe un universo de bonos referenciados a clima y medio ambiente, diferenciados entre ellos por el nivel en que sus actividades contribuyen a la sostenibilidad medioambiental. Dentro de ese universo, ‘bono verde’ es la etiqueta que se le da al instrumento de deuda emitido en los mercados de capitales que permite obtener una financiación para proyectos medioambientales concretos como inversiones en energía renovable, eficiencia energética o proyectos de sostenibilidad.

Los primeros bonos verdes los emitió el Banco Europeo de Inversiones (BEI) en 2007, aunque desde 2013 una amplia variedad de emisores corporativos financieros y no financieros han acudido a los mercados a emitir este tipo de títulos de deuda.

La comparabilidad y transparencia de estos instrumentos han mejorado gradualmente a lo largo del tiempo gracias, entre otros, a la publicación de unos estándares voluntarios en 2014, los ‘Principios de los Bonos Verdes’ (‘GBP’ por sus siglas en inglés), así como a los estándares técnicos ambientales lanzados por la Iniciativa de ‘Bonos Climáticos’ (‘Climate Bonds Iniciative’).  Los primeros detallan la arquitectura que se requiere para asegurar que un bono verde es creado y gestionado de acuerdo a una serie de estándares comparables, mientras que los segundos se ocupan de la comparabilidad del impacto medioambiental real de los proyectos financiados por dichos bonos. Además, este protocolo voluntario ha sido complementado en otros mercados, en particular China e India, con movimientos regulatorios verticales para reconocer las finanzas climáticas y especialmente los bonos verdes.

Así, un bono verde tendrá que responder a alguna de las categorías que los ‘Principios de los Bonos Verdes‘ establecen como por ejemplo energía renovable, eficiencia energética, uso sostenible de la tierra, conservación de la biodiversidad, transporte limpio o adaptación al cambio climático, entre otros. A continuación, se llevará a cabo un proceso de evaluación del proyecto para determinar cómo encaja en la categoría, analizar los criterios que hacen que sea un buen candidato para usar la financiación y sus objetivos en términos de sostenibilidad medioambiental.

Estos estándares y protocolos han hecho de esta iniciativa una realidad, existe una intención de cooperación internacional real con compromisos para combatir el cambio climático. No obstante, todavía queda un largo camino por recorrer. Los acuerdos legales alcanzados no se refieren a las emisiones, no existen mecanismos de sanción todavía para los países que exceden el volumen de emisiones planeado y los planes de financiación son inciertos.

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