APIs para empresas: Qué son, cómo funcionan y por qué lideran la transformación digital
Una API, siglas de Application Programming Interface o interfaz de programación de aplicaciones, es una conexión que permite que aplicaciones, sistemas o dispositivos intercambien datos y servicios de forma segura, sin necesidad de conocer cómo funciona internamente el otro. Las empresas utilizan APIs para automatizar procesos, conectar plataformas digitales y desarrollar nuevos productos sin crear toda la tecnología desde cero.
Una aplicación puede necesitar consultar un dato, procesar un pago, mostrar un mapa, comprobar una identidad o iniciar una transferencia. Para hacerlo, no siempre necesita crear esa tecnología desde cero. Puede conectarse a otro sistema que ya ofrece ese servicio a través de una API.
“Es un mecanismo que permite a una aplicación brindar información y servicios a otras”, explica Leandro Antonelli, investigador del Laboratorio de Investigación e Informática Avanzada (LIFIA) y profesor en la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). También puede entenderse como una capa de comunicación que evita que dos sistemas tengan que conocer todos los detalles internos del otro para poder trabajar juntos.
Cómo funciona una API paso a paso
El proceso sería el siguiente:
- El cliente inicia la petición: una aplicación (web o móvil) realiza la solicitud a una URL.
- La API valida. Actúa como enlace, acreditando las credenciales de seguridad y el formato de la solicitud.
- El servidor procesa la orden.
- La API vuelve a ejercer su labor de puente, recogiendo y enviando la respuesta al cliente.
En muchos casos, todo este proceso se completa en milisegundos. Para el usuario, la experiencia parece inmediata: pulsa un botón, confirma una compra, consulta una información o recibe una respuesta sin percibir la complejidad técnica que hay detrás.
En un artículo de 2024, Eduardo del Pino, manager del área de Digital Finance en FAAS de EY España, avanzaba que cada vez más procesos de negocio, en cualquier sector, requerirán la intercomunicación entre sistemas para realizar diversas tareas, en distintos escenarios y a cualquier hora, de una manera cada vez más eficiente, sin demoras ni errores de interpretación. Los ecosistemas tecnológicos serían, dice Del Pino, una Torre de Babel sin las API ejerciendo de traductoras entre sistemas.
Para qué utilizan APIs las empresas
Las empresas utilizan API para conectar sistemas, automatizar tareas y crear servicios digitales de forma más rápida. Su valor no está solo en la tecnología, sino en la capacidad de integrar procesos que antes funcionaban de manera separada.
Cuando la aplicación de transporte Uber nació en 2009, en California, tenía dos opciones: crear desde cero los mapas necesarios para el seguimiento de sus vehículos o utilizar los que ya había desarrollado Google Maps. Como explica Álvaro Felipe Chávez (fundador de la plataforma de divulgación tecnológica EDteam), la segunda opción permitió a Uber aprovechar ese desarrollo de un tercero para su aplicación, con un enorme ahorro de costes aparejado. Esa es la puerta que abren las API.
“En un comercio electrónico, si la aplicación de venta se integra con la aplicación de pago, el usuario compra, paga y finaliza el proceso en el mismo sitio”, valora Antonelli. De hecho, el ‘e-commerce’ es, para este experto, el principal uso que las empresas están dando a las API: la integración de software y sistemas “de forma que interoperen para facilitar y mejorar la experiencia de los usuarios”.
Las API “son herramientas ideales para la automatización de procesos que involucran múltiples sistemas, servicios o plataformas, ya que eliminan la necesidad de realizar tareas manuales o repetitivas”, defiende en un artículo BBVA API_Market, plataforma abierta que facilita a empresas, desarrolladores y startups integrar soluciones financieras en sus propias aplicaciones, webs o sistemas internos.
Pueden integrar datos de diferentes fuentes y automatizar tareas de marketing, administrativas o de captación de clientes. Y facilitar a esos clientes compartir sus datos, confirmar la disponibilidad de fondos, automatizar el cálculo o la posibilidad de préstamos para alguna compra.
Para Jonathan Lema, profesor del Máster en Fintech de la Universidad de Barcelona y Manager en Minsait (Indra), “las API son el sistema circulatorio de las ‘embedded finance’” (Finanzas embebidas), que integran servicios financieros como pagos, crédito, seguros o inversiones dentro de los procesos comerciales de empresas no financieras. Esta capacidad es posible gracias a que “los datos, con consentimiento, viajan de una entidad a otra de forma segura, en tiempo real y se transforman en valor económico para todos los actores”.
Preguntas frecuentes sobre cómo exportar un negocio
¿Qué significa exportar un negocio?
Exportar consiste en vender productos o servicios en mercados internacionales para ampliar clientes, diversificar ingresos y hacer crecer la empresa.
¿Qué necesita una empresa antes de empezar a exportar?
Necesita una situación financiera estable, un producto competitivo, un plan de internacionalización y una estrategia adaptada al mercado objetivo.
¿Cuáles son las ventajas de internacionalizar una empresa?
Permite acceder a nuevos mercados, reducir la dependencia del mercado local, mejorar la competitividad y aumentar la resiliencia frente a crisis económicas.
¿Qué errores deben evitarse al exportar?
Improvisar, no adaptar el producto al mercado local, ignorar la regulación o no contar con una estrategia digital son algunos de los errores más habituales.
¿Cómo ayudan las herramientas digitales a exportar?
El ecommerce, los marketplaces y la publicidad digital permiten llegar a clientes internacionales sin necesidad de abrir tiendas físicas en otros países.
¿Qué ayudas existen para internacionalizar una empresa?
Organismos como Icex, ICO, Cofides o las Cámaras de Comercio ofrecen financiación, asesoramiento y programas específicos para impulsar la exportación.
¿Por qué exportar puede hacer más resiliente a una empresa?
Porque diversificar mercados ayuda a reducir riesgos y permite compensar posibles caídas de demanda en un país con ventas en otros mercados internacionales.