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Formas jurídicas para empresas: cómo elegir la mejor según tu negocio

Elegir la forma jurídica adecuada es uno de los primeros pasos para emprender con éxito. Esta decisión define el marco legal que regula la actividad de la empresa, su relación con socios, empleados y la Administración, así como el nivel de responsabilidad y fiscalidad. Escoger bien puede facilitar el acceso a financiación, subvenciones y evitar problemas futuros.

La forma jurídica define el marco legal aplicable a una empresa. Elegir mal puede generar problemas con socios, trabajadores o la Administración. También puede implicar un mayor pago de impuestos o la pérdida de ayudas y opciones de financiación”, explica Juan José Romero, profesor de EALDE Business School.

El ordenamiento jurídico permite a emprendedores y empresas elegir entre distintas formas legales para desarrollar su actividad. En general, existe libertad para escoger la estructura jurídica que mejor se adapte a las necesidades del negocio, siempre que esté reconocida por la ley. Esto ocurre tanto en España como, con algunas diferencias, en los países de América Latina.

Gracias a esa flexibilidad, una empresa puede operar como autónomo, crear una sociedad limitada o constituir una cooperativa. La elección dependerá de las necesidades y objetivos de cada proyecto.

Formas jurídicas para empresas: cómo elegir la mejor según tu negocio

Factores clave para escoger la forma jurídica de tu empresa

Los factores a contemplar para escoger la mejor forma jurídica de un negocio son múltiples, pero casi todos los sistemas legales en España y Latinoamérica coinciden en que las tres variantes a tomar en cuenta son:

  • el número de socios que conformarán la empresa.
  • la responsabilidad de los socios frente a las obligaciones sociales.
  • el capital para su constitución.

Estos tres puntos condicionan la estructura, riesgos y posibilidades de crecimiento del negocio. Actuar de oído es, sin duda, uno de los errores más comunes al montar un negocio. “Muchas personas asumen que lo habitual, o incluso lo único, es constituir una empresa como Sociedad Limitada (SL), y lo hacen de forma automática, sin detenerse a valorar otras alternativas”, afirma Romero, de EALDE Business School. “En muchos casos, se elige por imitación: ‘como todo el mundo lo hace así…’”.

Tipos de formas jurídicas según la actividad

En países como México, Perú, Argentina, Colombia y España, muchas figuras jurídicas para montar un negocio son parecidas, aunque tienen distintos nombres y matices legales.

Por ejemplo, la Sociedad Anónima (SA), la Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL o SL) y la figura del empresario individual existen en la mayoría de las jurisdicciones, aunque las denominaciones cambian. En España, la figura equivalente al empresario individual en México se denomina ‘autónomo’.

Pasos para elegir la forma jurídica correcta

Para elegir el tipo de forma jurídica, el primer paso es tener claro qué tipo de actividad se va a desarrollar y si se va a realizar de forma individual o colectiva.

Si va a iniciar la actividad de manera individual, existen dos grandes opciones:

Autónomo o trabajador por cuenta propia

Esta es la forma jurídica más simple para emprender. Es conocida como autónomo, empresario individual o trabajador por cuenta propia.

Se basa en la figura legal de la persona física. Esto significa que no se crea una entidad separada del individuo. La persona y el negocio son legalmente lo mismo, por lo que el emprendedor asume la actividad con su propio nombre y es el único responsable de sus obligaciones. Es decir, cuando la persona física ejerce una actividad económica como autónomo, no existe separación entre su patrimonio personal y el de la actividad que realiza. Es decir, que todas las obligaciones, deudas o responsabilidades derivadas del negocio recaen sobre él.

Sociedad Unipersonal

Una persona que trabaja por cuenta propia también puede constituir una sociedad mercantil, lo que crea una persona jurídica que es legalmente independiente del emprendedor. En España, esta figura es la Sociedad Limitada Unipersonal (SLU).

En Perú, se le conoce como Empresa Individual de Responsabilidad Limitada (EIRL). Esta es una persona jurídica de derecho privado creada por una sola persona natural, cuyo patrimonio está legalmente separado del de la empresa.

La Sociedad por Acciones Simplificada (SAS) es una figura jurídica similar a las sociedades unipersonales de otros países, con la ventaja de que puede ser creada por una sola persona o por varios socios. Se utiliza comúnmente en Argentina, Colombia y México.

Si va a iniciar la actividad de manera colectiva:

Sociedad limitada y Sociedad Anónima

Cuando un negocio se pone en marcha con el esfuerzo de varias personas, lo habitual es adoptar una forma jurídica asociativa.

Las más comunes son las sociedades de capital, especialmente la Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL o SL) y la Sociedad Anónima (SA). Estas son figuras jurídicas establecidas y comunes en España, México (conocida también como Sociedad Anónima de Capital Variable: SA de CV), Argentina, Colombia y Perú.

La Sociedad Anónima (SA) es una forma jurídica en la que el capital social está dividido en acciones, que pueden transmitirse libremente y los socios no responden personalmente de las deudas sociales. Es usual en empresas de mayor tamaño o con intención de cotizar en bolsa.

“La sociedad anónima es la forma jurídica por excelencia de la gran empresa en la economía”, dice José Antonio Payet Puccio, profesor de derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en un informe llamado Notas sobre el origen y la evolución de la Sociedad Anónima. “Es el vehículo que permite a miles de ciudadanos emprender y desarrollarse económicamente”, añade.

Por otro lado, la Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL o SL) se caracteriza por un capital social dividido en participaciones, que no pueden transmitirse tan libremente como las acciones. Está pensada para un número reducido de socios y una gestión más sencilla, lo que la hace ideal para pequeñas y medianas empresas.

La SRL es la más utilizada por su flexibilidad, menores costes y trámites más sencillos de gestionar. Y tanto esta figura como la Sociedad Anónima comparten dos características esenciales:

  • El capital social es clave, ya que define el grado de participación y poder de decisión de cada socio. Las decisiones se toman según el principio de mayoría, que es más acusado en la SA que en la SRL.
  • La responsabilidad de los socios está limitada al capital aportado, lo que significa que su patrimonio personal no se ve afectado si la empresa contrae deudas.

Ventajas y desventajas de cada forma jurídica

Las ventajas o desventajas en cada caso derivan de la fiscalidad y las obligaciones legales y contables. ¿Cuál es la mejor opción? Depende del caso concreto que se esté planteando por parte del emprendedor o emprendedores.

El autónomo o trabajador independiente tributa en el Impuesto sobre la Renta, como se le conoce en México y Colombia (IRPF, en España), el Impuesto a la Renta de Personas Naturales en Perú o el Impuesto a las Ganancias (en Argentina) por los beneficios de su actividad. Este es un impuesto progresivo: cuanto más se gana, más se paga.

Por otro lado, las sociedades pagan un tipo impositivo fijo. Este porcentaje es el mismo sin importar cuánto se gane. Esto es más ventajoso cuando se tienen grandes beneficios, ya que el peaje fijo suele ser más bajo que los tramos más altos del peaje progresivo de las personas físicas.

Principales formas jurídicas para emprender
Forma jurídica Descripción Ventajas Desventajas
Autónomo o Persona Física La persona física asume la actividad con su propio nombre, sin crear una entidad legal separada. Es la forma más sencilla y directa de emprender. No requiere capital ni trámites complejos. Menos obligaciones legales y contables. Responsabilidad ilimitada (responde con su patrimonio personal). Tributa con un impuesto progresivo, lo que puede suponer una carga fiscal alta si los ingresos son elevados.
Sociedad Unipersonal Una persona constituye una sociedad mercantil que es legalmente independiente.

En España: Sociedad Limitada Unipersonal (SLU).

En Perú: Empresa Individual de Responsabilidad Limitada (EIRL).

En Argentina, Colombia y México: Sociedad por Acciones Simplificada (SAS), que también puede ser de varios socios.

La responsabilidad es limitada al capital aportado. El patrimonio personal queda protegido. Requiere más trámites y costes de constitución. Sujeta a mayores obligaciones legales y contables.
Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL o SL) Formada por varias personas. Su capital se divide en participaciones, cuya transmisión no es tan libre. Ideal para pequeñas y medianas empresas con un número reducido de socios. La responsabilidad es limitada al capital aportado. Ofrece más flexibilidad y menores costes que una SA. Pueden acceder a contratos públicos. Mayores trámites y costes de constitución que ser autónomo. Gestión más compleja que la figura individual.
Sociedad Anónima (SA) Formada por varias personas. El capital se divide en acciones que pueden transmitirse libremente. Usualmente usada en empresas grandes o con intención de cotizar en bolsa. La responsabilidad es limitada al capital aportado. Mayor facilidad para atraer grandes inversiones y cotizar en bolsa. Trámites más complejos y costosos. Mayores requisitos de capital y obligaciones legales. Gestión más compleja y rígida.

Son muchos los factores clave para decidir cuál es la forma jurídica que mejor se adapta al negocio. No existe una opción universal, cada una presenta características particulares que deben analizarse con detenimiento. “Cada una de estas formas tiene sus particularidades, y por eso conviene un análisis previo de objetivos para encontrar la que mejor se adapta a las necesidades de cada uno”, concluye el experto de EALDE Business School.

La información contenida en este artículo es meramente orientativa y divulgativa. Para elegir la forma jurídica y fiscal más adecuada para tu caso particular, te recomendamos consultar siempre con un asesor legal o gestor profesional.