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Economía Digital 13 may 2019

Retos y reformas que necesita España ante la revolución digital

Los países pueden acabar en escenarios muy diferentes: dependiendo de cómo gestionen la revolución digital, se podría generar una nueva división internacional del trabajo y de la riqueza mundial. Rafael Doménech, de BBVA Research, ha afirmado en el foro anfix Connect 2019 que “las mejores políticas serán las que conseguirán los mejores resultados”.

La pregunta es: ¿qué tipo de reformas son necesarias llevar a cabo, ahora, en España? La respuesta se podría concentrar en diez propuestas muy concretas:

  1. Un mercado de trabajo más eficiente y equitativo
  2. La mejora de la eficiencia del sector público en la revolución digital
  3. Sostenibilidad y suficiencia del estado del bienestar ante el reto demográfico
  4. Facilitar el aumento del tamaño medio de las empresas
  5. Mejores regulaciones y clima de negocio para la inversión, innovación y creación de empleo
  6. Mayor internacionalización y competitividad ante el reto de la globalización
  7. Mayor calidad institucional
  8. Más innovación y aumento del capital tecnológico
  9. Más y mejor capital humano para aprovechar la revolución digital
  10. Reducir la desigualdad y lograr un crecimiento más inclusivo

Con respecto a la primera propuesta, las más urgentes a corto plazo para una sociedad con una tasa de desempleo que todavía se sitúa por encima del 14%, hay que tener en cuenta que el pobre desempeño del mercado laboral en España no se debe a su estructura o capacidad productiva, ni a su capital humano o calidad institucional. España está en todos estos ámbitos mejor que el 80% de los países en el mundo, pero casi todos ellos exhiben tasas de desempleo muy inferiores a la española. ¿Cómo podemos resolver un problema que es toda una anomalía internacional?

Para reducir la tasa de desempleo estructural (al 6%, en línea con otros países europeos), “se necesitan reformas que sean integrales, no incrementales e internamente consistentes entre sí”, ha señalado Rafael Doménech. Unas reformas que deben estar orientadas a:

  • Modernizar la contratación para incentivar el empleo indefinido
  • Mejorar la negociación colectiva, la flexibilidad salarial y la estructura fiscal
  • Más recursos y mejoras en la eficiencia de las políticas activas y pasivas
  • Fomentar la competencia en los mercados de bienes y servicios
  • Mejorar el proceso de búsqueda y emparejamiento entre vacantes y desempleados mediante inteligencia artificial aplicada a ‘big data‘ de empresas y trabajadores (tanto en España como en la UE)

Con respecto a la penúltima propuesta, la más importante a largo plazo, para aumentar y mejorar el capital humano es necesario tener en cuenta que el progreso técnico está sesgado hacia habilidades en las que las personas son complementarias a la automatización y a la inteligencia artificial, y que en el futuro aparecerán nuevas ocupaciones difícilmente imaginables en el presente que requerirán nuevos conocimientos. Por este motivo, no solo se exige ya más sino que, sobretodo, irá creciendo la necesidad de una mejor y una mayor flexibilidad en formación a lo largo de carreras laborales más largas en el tiempo, por el aumento de la esperanza de vida.

Al comparar con otros países, España presenta también una enorme debilidad en las condiciones de partida de su capital humano para afrontar la revolución digital. Entre los jóvenes adultos con edades comprendidas entre 25 y 34 años se observa una enorme dualidad. Mientras el 41% tiene algún tipo de educación superior, un 35% a penas ha alcanzado el ciclo inferior de educación secundaria, tras muchos años en los que España ha estado a la cola de fracaso escolar en la UE. Por el contrario, en países como Corea el 70% de los jóvenes adultos tiene educación superior y sólo un 2% abandonó prematuramente sus estudios. Si además se tiene en cuenta que la probabilidad de invertir en formación continua a lo largo de la carrera laboral es mucho más elevada para los trabajadores con educación superior, un tercio de la población joven española podría no estar suficientemente preparada para afrontar con éxito los retos que supone la revolución digital si no se adoptan las políticas apropiadas.

En definitiva, el progreso económico y el bienestar social dependen a largo plazo de los avances técnicos, la productividad, el empleo y la equidad. La revolución digital es una oportunidad en la historia de la humanidad pero también un enorme reto. Es imprescindible que la sociedad española se anticipe y gestione estos cambios de manera activa con un amplio conjunto de reformas y políticas que permitan retomar la senda de convergencia con las sociedades más avanzadas, con más empleo y productividad, y un crecimiento más inclusivo.

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