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Análisis y opinión 29 oct 2018

Las noticias falsas y la calidad de contenido

Dicen que el mercado no soporta la indefinición. Y esta es consecuencia —entre otras— de la ausencia de certezas. Los rumores son una ramificación natural de lo indefinido. Ese es el territorio propicio para los bulos.

¿Cómo podemos protegernos frente a los falsos rumores? El antídoto contra ellos es una nueva capacidad crítica y emocional. La educación tradicional no está preparada para enfrentarlos. Un estudio reciente señala que la mayoría de los bulos circulan hoy por las redes sociales, se acelera su propagación por el efecto de verdad ilusoria y suelen ser confusos. La lectura comparativa y atenta es útil. Y si somos precavidos y tenemos una red de lectura digital estaremos más apertrechados. Una lectura de estas características es una exigencia para los partícipes del mundo empresarial, político o periodístico pero también para todo aquél que no quiera ser engañado en la red.

Jason Zweig, en su edición del clásico de Benjamín Graham ‘El inversor inteligente’, dice algo sobre el análisis empresarial en base a suposiciones: «Es como determinar los precios de las casas basándose en el rumor de que Cenicienta va a construir su próximo castillo a la vuelta de la esquina.» Y lo que antes era un gran riesgo hoy se complica más debido a la inflación de contenidos a cribar.

“Es como determinar los precios de las casas basándose en el rumor de que Cenicienta va a construir su próximo castillo a la vuelta de la esquina”

Los rumores siempre han existido. Son una forma natural de comunicación social. Se han solido transmitir de forma oral y suelen mezclar lo cierto, lo falso y lo posible. Son peligrosos porque pueden confundir. De una u otra manera la civilización ha intentado progresar a pesar de ellos. El intento de superar aquellas invenciones creadas por el pueblo de al lado: “nuestros dioses son más poderosos que los vuestros” atraviesa la prehistoria, la historia y llega al tiempo actual. Todos aquellos que intentan avanzar hacia a alguna parte —y con ello también me refiero a sus proyectos— necesitan evitar los peligros de la confusión.

Algunas recomendaciones prácticas para evitar las noticias falsas las da una página asociada al proyecto Fact-Checking Network: malditobulo. Además de ello es importante tener en mente varios presupuestos que quizás nos ayuden a la lectura informativa en Internet.

Aunque haya una aspiración competitiva por ser el primero en dar a conocer una noticia es más importante informar con acierto, lo que no significa tarde. Distinguir entre información de calidad y desinformación significa reconocer aquellos medios de los que no lo son y entender los procesos de investigación científica y periodística.

Otro asunto relevante es la precaución al hablar del otro, o al lanzar información no confirmada que pueda alterar la fama de instituciones o personas. Los nuevos hábitos digitales, que pueden incluir la cortesía, son también un plan de ruta que subraya ciertos valores sobre la convivencia humana en un mundo comunicativo pero no necesariamente informado. Y por fin estaría, claro que sí, la capacidad analítica.

Gian Volpicelli ha publicado en Wired UK un artículo que podría traducirse como ‘Pelear contra los bulos’. En él da a conocer —entre otras cosas— a Full Fact una organización que revisa las certezas de las declaraciones de políticos y medios de comunicación británicos. Full Fact se centra en verificar los hechos sobre economía, salud, crimen, educación, inmigración y ley. Proyectos como este serán cada vez más necesarios. Porque hoy la desinformación puede cambiar los resultados electorales de un país, producir conflictos internacionales, alterar la bolsa y confundir al paciente con una enfermedad grave.

La importancia de un pensamiento crítico se traduce hoy en la necesidad de la verificación. Este es uno de los grandes desafíos para el lector digital. Muchos medios de comunicación excelentes tienen un departamento de verificación. Uno de los más conocidos está en el semanario ‘The New Yorker’. Un aviso de reclutamiento laboral reciente en sus páginas podría ser un programa de formación para todo lector crítico: mantenerse al tanto de las circunstancias internacionales en política, ciencia y cultura; capacidad de análisis textual en búsqueda de errores; saber detectar fallos lógicos; omisiones importantes y saber examinar las fuentes. Entre las capacidades del candidato también se señala a la ética, la precisión y la tenacidad. Sobre el origen de los verificadores escriben en ‘Jot Down Bárbara Ayuso y Borja Bauzá.

La diferencia entre el procesamiento informativo del siglo XX y el XXI pasa por la cantidad de información presente en la red, pero también por la trasformación de sus canales. Una causa es la digitalización del texto. Otra es la aparición de las redes sociales. Son estructuras de comunicación muy potentes pero expuestas al fenómeno de la desinformación, la manipulación y el oportunismo. Lo que no ha cambiado y no cambiará es que hay contenido de calidad, medios solventes y canales efectivos.

Por eso una de las claves para enfrentar la desinformación es tener experiencia de certezas. Saber cuáles son los mejores medios de comunicación y los mejores comunicadores. Esto, añadido al haber leído literatura de calidad genera un talento especial para divisar al intruso, el farsante y sus argumentos falaces. Claro que esto supone esfuerzo.

Octavio Paz lo anticipó bien en su ensayo ‘La nueva analogía: poesía y tecnología’. Decía «la tierra y el cielo que la filosofía había despoblado de dioses se cubren con las formidables representaciones de la técnica. Sólo que esas obras no representan nada y, en rigor, nada dicen». Efectivamente, porque para decir algo cierto hay que construir también su contenido.

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