La educación financiera es una habilidad clave para la prosperidad futura, y la infancia representa el momento decisivo para formar las bases de una gestión económica sólida. Este 30 de abril, con motivo del Día del Niño, se presenta una excelente oportunidad para reflexionar sobre la importancia de inculcar desde temprana edad valores y hábitos financieros positivos, integrándose de forma natural en la rutina familiar para que los niños desarrollen una relación sana y responsable con el dinero.
El Día del Niño es un excelente momento para recordar que los mejores aprendizajes no siempre vienen de palabras, sino de lo que los niños observan y viven en casa. La educación financiera se transmite principalmente a través del ejemplo y de experiencias cotidianas. Aquí se comparten algunas formas prácticas de fomentarla en la rutina familiar:
El poder del ejemplo
Un niño o niña que crece viendo cómo en casa se comparan precios o se prioriza el ahorro desarrollará habilidades financieras desde temprana edad para tomar decisiones informadas, sostenibles y alineadas a sus metas en la adultez.
Enseñar con el ejemplo es el punto de partida que podría marcar la diferencia frente al 61% de los adultos en México que no alcanzan el mínimo deseable en conocimientos financieros, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Su primer laboratorio financiero
La mesada o el dinero de los “domingos” podría servir como una herramienta que les permita, a las niñas y niños, comprender que los recursos son limitados, que la administración es la clave del equilibrio y que hay que organizar y separar el dinero que reciben en dos categorías: por un lado está el dinero que se usará (gastos) y por otro la cantidad que se guardará para más adelante (ahorro).
La pausa como estrategia para decidir qué comprar
Uno de los pilares del bienestar financiero es la capacidad de distinguir objetivamente entre una necesidad y un deseo. En lugar de prohibir, antes de realizar cualquier compra conviene hacer una pausa y decir en voz alta ¿Lo necesito ahora? ¿puede esperar? Esta estrategia fortalecerá la voluntad frente a los impulsos del momento y formará el criterio de niñas y niños para tomar una decisión.
Las metas: la conexión emocional que impulsa la constancia
Guardar dinero sin un propósito claro suele diluirse con el tiempo. Tener una meta, por ejemplo, comprar un juguete, un videojuego o un libro y participar en el proceso para llevarla a cabo activa el hábito y comienzan a desarrollar constancia. Richard Thaler, en sus hallazgos de la economía del comportamiento, concluye que las personas tienden a sostener hábitos cuando existe una conexión emocional con el resultado. La meta convierte un esfuerzo abstracto en algo tangible.
Como parte de su compromiso con la educación financiera desde la infancia, BBVA México recomienda a las familias guiar a los más pequeños hacia la autonomía financiera a través de acciones prácticas y consistentes. Establecer objetivos de ahorro en conjunto durante las comidas o paseos familiares. Además, enseñar a los menores el hábito del ahorro puede ser a través de cuenta para niños como la Link Card de BBVA México, que ayuda a fomentar el sentido de responsabilidad.
Por otro lado, se puede descargar la aplicación BBVA.mx para que los niños entrenen con misiones y hacks financieros, y participar en actividades especializadas como el taller “1, 2, 3 Finanzas para peques”, son algunas de las formas más efectivas de integrar hábitos financieros positivos en la rutina diaria y ayudar a los niños a desarrollar una relación sana y responsable con el dinero desde temprana edad.
La construcción de hábitos financieros requiere que los menores se involucren en actividades cotidianas que les permitan practicar, tener acompañamiento y la constancia para brindarles el legado más valioso: la capacidad de decidir sobre su propio destino financiero.