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Opinión 13 agosto 2019

Las ‘bigtech’ en el sector financiero: la visión de las autoridades

El entorno actual de continua innovación en la industria financiera exige un equilibrio más complejo entre los objetivos de política pública. Lucía Pacheco, manager de Regulación y Control Interno de BBVA, explica los efectos de la entrada de las ‘bigtech’ en la actividad financiera.

Por un lado, la evolución tecnológica y la entrada de nuevos actores ofrece grandes oportunidades en forma de mayor competencia, ganancias de eficiencia y seguridad y un mayor acceso a servicios financieros más convenientes.

Sin embargo, en los últimos meses un tema ha escalado posiciones en la agenda de las autoridades que deben asegurar la estabilidad financiera: los efectos de una incursión más decidida de las grandes empresas tecnológicas – las llamadas ‘bigtech’ – en la actividad financiera. Su oferta de servicios financieros es aún limitada en la mayoría de las geografías, a excepción de China, pero estas empresas ven en esa incursión una forma de reforzar sus ya exitosos ecosistemas digitales.  

Esta no es la primera oleada de nuevos jugadores que el fenómeno fintech ha traído consigo. ¿Qué es entonces lo que preocupa a autoridades como el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés), el BIS o el Banco Central Europeo? La respuesta la avanzaba el FSB en febrero: estas empresas cuentan con una ventaja competitiva procedente de su amplia base de usuarios, la ingente cantidad de datos a la que tienen acceso y sus grandes capacidades tecnológicas y financieras. Esta ventaja competitiva, apunta el FSB, puede generar cambios profundos en la composición y concentración del sector financiero, pudiendo dar lugar rápidamente a impactos relevantes sobre la estabilidad del sistema.

Son muchas las vías por las que estas empresas pueden involucrarse en el sector financiero. En primer lugar, como proveedores de insumos críticos – servicios de computación en la nube o de análisis de datos – que las instituciones financieras van a necesitar de manera incremental. Ante esta dependencia cada vez mayor, las autoridades apuntan a la concentración en unos de los pocos proveedores de estos servicios como una fuente potencial de riesgo sistémico.

Las autoridades apuntan a la concentración en uno de los pocos proveedores de estos servicios como una fuente potencial de riesgo sistémico

Las ‘bigtech’ pueden además convertirse en la cara visible para el usuario de servicios de pago, crédito, seguros o inversión, actuando en solitario o colaborando con otras entidades en la provisión de esos servicios a los clientes finales. Aunque cada modelo de participación generará sus propias dinámicas y riesgos, el grueso del debate se ha centrado últimamente en su actividad en el entorno de los pagos.

Un uso generalizado de sus servicios transaccionales y de almacén de valor – que se vería facilitado por la introducción del ‘open banking’ en muchas geografías – podría tener efectos sobre el modelo de financiación de los bancos y sobre la originación del crédito, al tiempo que daría lugar a la aparición de nuevas infraestructuras críticas para el funcionamiento de los sistemas de pagos.

Ante esta posibilidad, las autoridades financieras deben preguntarse si se encuentran bien equipadas con herramientas capaces de hacer frente a unos riesgos como los descritos, localizados fuera del paraguas del marco prudencial actual. La cooperación entre autoridades con distintos mandatos y de distintos países será clave ante un fenómeno que es inherentemente global.

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