Para planear unas vacaciones de verano baratas, el quid de la cuestión es el tiempo. Comprar  y reservar los vuelos con tiempo es esencial. Pero muchas veces sucederá que no se saben las vacaciones hasta última hora.

En esta situación, lo mejor es empezar a organizar las vacaciones lo antes posible. Lo primero a considerar son las fechas, ¿tienen que ser las que se tienen en mente o tal vez se pueden cambiar a otras en temporada baja? Si se está dispuesto a pasar el verano donde se reside puede ser una buena idea, aunque hay que reconocer que una vez que se ha conseguido asegurar las fechas, algo no siempre fácil,  puede que la última intención sea cambiarlas.

También hay que ver lo que la flexibilidad de fechas puede significar. Si se dispone de dos semanas seguidas, tal vez resulte que es más barato hacer un viaje de una semana de miércoles a miércoles y una escapada a un destino nacional, que hacer un viaje de dos semanas. Para el fin de semana que queda descolgado, siempre se pueden hacer planes de ocio en casa.

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Establecer un presupuesto

Establecer un presupuesto es lo mejor para no gastar de más en el viaje.  Las vacaciones se pueden ir de las manos fácilmente, por lo que es conveniente contar con un presupuesto claro y definido. Lo mejor es decidir esto y, a partir de ahí, pensar en diferentes alternativas de destino nacional, europeo o internacional.

Ser flexible con el destino y el transporte

Una forma de ahorrar en vacaciones es ser flexible con el destino. Muchas veces sucede que se quiere ir a tal o cual sitio que se ha puesto de moda, pero resulta que, precisamente, esos destinos son los más caros. En cambio hay alternativas menos conocidas, pero no por ello menos apetecibles.

Otra opción es estar dispuesto a utilizar medios de transporte más baratos, aunque más lentos. Por ejemplo, se pueden consultar  las líneas de autobús que salen de la ciudad donde se reside y comparar precios con tren o vuelos. Hay incluso rutas internacionales que llevan a capitales europeas a menor precio, eso sí, habrá que asumir muchas horas en un asiento incómodo y con poco espacio. Una vez en destino, será necesario ahorrar con el siguiente capítulo, el alojamiento.

Alojamiento alternativo

Lo más usual y cómodo es alojarse un hotel, pero su precio —entre las alternativas para una familia con pocos recursos—, salvo buenas ofertas, suele ser prohibitivo. Existen otras opciones como los ‘hostels’,  que son sensiblemente más baratos a cambio de renunciar a comodidades como habitación propia. Normalmente suelen estar ocupados por jóvenes con poco presupuesto y ganas de ver mundo, pero son válidos incluso para familias. Se pueden reservar en servicios como hostels.com, hostelbookers.com y hostelworld.com.

Otras posibilidades son hacer camping, alquilar una autocaravana (que sirve de alojamiento y de medio de transporte) u otras para aquellos más aventureros como el ‘coachsurfing’ o alquilar habitaciones en casas de particulares.

Restauración de bajo coste

La restauración más barata suele ser la que se cocina uno mismo. En casi cualquier destino hay cerca supermercados y tiendas de alimentación. Muchos ‘hostels’, además,  disponen de una pequeña cocina y utensilios para sus clientes. Otra alternativa a las cadenas de comida rápida, que no está mal pero puede cansar, es utilizar cupones descuento para ir a los sitios, o también alejarse de las zonas más turísticas (primera línea de playa, al lado de la Fontana de Trevi, etc.), sobre todo a la hora de salir a comer.

Aprovechar las posibilidades del entorno personal

Por último, muchas veces hay oportunidades que no se aprovechan ¿ Hay familia o amigos en el extranjero que están deseando que se les visite un fin de semana? ¿Hay familiares que pueden prestar o alquilar por poco dinero un apartamento playero o una casa en el pueblo? Puede que un tío mayor esté encantado de ir acompañado a la casa del pueblo, pues no se atreve a ir sólo dada su edad avanzada. Existen muchas posibilidades de este tipo sin explotar.

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