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Cómo organizar la despensa y la nevera para reducir el desperdicio alimentario

Una buena organización del frigorífico y la despensa ayuda a reducir el desperdicio alimentario. Rotar los productos, cerrar bien los envases y colocar cada alimento según sus necesidades de conservación son claves para mantenerlos en buen estado durante más tiempo.

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Cómo organizar despensa y nevera para reducir el desperdicio alimentario

Una parte del desperdicio alimentario se produce en los hogares y está relacionada con hábitos cotidianos como comprar más de lo necesario, planificar mal las comidas o conservar incorrectamente los alimentos. Una nevera o una despensa desordenadas pueden hacer, además, que algunos productos queden olvidados hasta que dejan de ser aprovechables.

Organizar los alimentos según sus necesidades de conservación y consumir primero los que llevan más tiempo almacenados ayuda a reducir estas situaciones. Para ello, conviene saber qué productos necesitan frío, dónde colocarlos y cómo mantener visibles los que deben consumirse antes.

Para Miguel Ángel Lurueña, tecnólogo de los alimentos y autor del blog de divulgación alimentaria Gominolas de petróleo, la palabra clave es rotación. “Cuando almacenamos la compra, hemos de poner delante la leche, los huevos o los yogures que ya teníamos. Consecuentemente caducarán antes, y dejar detrás los recién adquiridos”. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recurre, para explicarlo, al concepto ‘First in, First out’, es decir: “Lo primero que entra es lo primero que sale”.

Consejos para organizar la nevera y la despensa y evitar desperdicios

  • Revisa antes de comprar. Comprueba qué alimentos quedan en la nevera, el congelador y la despensa antes de preparar la lista de la compra.
  • Aplica el método FIFO. Coloca delante los productos más antiguos y detrás los recién comprados para consumir primero los que llevan más tiempo almacenados.
  • Mantén los alimentos visibles. Evita acumular productos unos detrás de otros y agrúpalos por categorías para localizar fácilmente lo que tienes.
  • Etiqueta las sobras. Anota la fecha de preparación o almacenamiento en los recipientes para saber qué conviene consumir primero.
  • No sobrecargues el frigorífico. Deja espacio suficiente para que el aire frío circule y la temperatura se distribuya correctamente.
  • Utiliza recipientes cerrados. Guarda alimentos abiertos y comidas preparadas en envases adecuados para protegerlos y evitar derrames o contaminación cruzada.
  • Revisa periódicamente la despensa. Identifica los productos próximos a su fecha de consumo preferente y planifica comidas para aprovecharlos.
  • Congela lo que no vayas a consumir a tiempo. Si el alimento admite congelación, hacerlo antes de que se deteriore puede prolongar su conservación.
  • Compra cantidades ajustadas a tus necesidades. Las promociones o formatos grandes solo compensan si los alimentos pueden consumirse o conservarse adecuadamente.
  • Sigue las instrucciones del envase. Una vez abierto un producto, respeta las indicaciones del fabricante sobre temperatura, conservación y plazo de consumo.

Otros dos conceptos aledaños, y que a juicio de Lurueña se confunden a menudo, son la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente. La primera es un semáforo en rojo que no se puede saltar porque indica el momento a partir del cual no es seguro comer un producto muy perecedero (carnes en lonchas o bolsas de ensalada, por poner dos ejemplos). En la segunda, el semáforo podríamos decir que está en ámbar: no hay garantías de que los alimentos, no tan perecederos en este caso (congelados, conservas, leche UHT), estén perfectos en cuanto a calidad, olor o sabor.

Cómo organizar despensa y nevera para reducir el desperdicio alimentario

Una mala organización del frigorífico favorece la contaminación cruzada y el desperdicio alimentario.

¿Cómo organizar los alimentos en la despensa, la nevera y el congelador?

Según AESAN, clasificaremos los alimentos en tres categorías: “los que no necesitan frío, los refrigerados y los congelados. Los del primer bloque se colocan en la despensa, un espacio limpio, fresco y seco, lejos de envases químicos o de limpieza. Una vez abierto un envase, deben seguirse las instrucciones de conservación indicadas por el fabricante. Los productos que no necesitan refrigeración pueden mantenerse en la despensa bien cerrados, mientras que aquellos que requieran frío después de abrirse deben trasladarse al frigorífico.

Las conservas abiertas deben mantenerse refrigeradas siguiendo las indicaciones del envase y protegidas en un recipiente adecuado para evitar contaminación y pérdida de calidad.

Los comestibles que necesiten frío han de ponerse en el congelador y la nevera, por este orden, e inmediatamente. “Los errores más frecuentes suelen ser cerrar mal los táper y mezclar distintos tipos de comida mal cerrada en las baldas del frigorífico, de manera que un filete de carne cruda termine goteando sobre los yogures”, observa Lurueña. Así como llenar demasiado el electrodoméstico, lo que impedirá que el aire circule y le restará eficiencia. Advierte que estas malas prácticas, además de poner en riesgo la seguridad alimentaria, suponen una peor conservación, acortando la vida útil de las viandas.

La temperatura también es clave para conservar los alimentos. Como referencia, el frigorífico debe mantenerse alrededor de 5 °C y el congelador a −18 °C. Además, conviene evitar sobrecargar la nevera para permitir que el aire frío circule correctamente.

¿Dónde colocar cada alimento en el frigorífico?

No todos los frigoríficos distribuyen el frío de la misma manera, por lo que conviene consultar las instrucciones del fabricante. Como regla general, los alimentos más perecederos deben situarse en las zonas más frías y los productos que necesitan menos frío, en las zonas de temperatura más moderada.

Los cocinados –como sobras de comida– han de guardarse en fiambreras bien tapadas, en el estante de mayor temperatura del frigorífico que suele ser el de arriba, aunque varía según el modelo. “No deben estar más de tres días, y algunos de especial riesgo como el marisco, la pasta y el arroz cocidos, no más de 24 horas”, subraya Lurueña. Resulta buena idea escribir la fecha en la que han sido guardados.

Cómo organizar despensa y nevera para reducir el desperdicio alimentario

Imagen retocada con IA de Photoshop.

En la balda del centro irían los huevos, los productos lácteos o los embutidos; en la inferior, carnes y pescados –“siempre envasados y separados adecuadamente», según AESAN– y productos en descongelación, para evitar derrames. En la puerta, leche, zumos o refrescos. En el verdulero, frutas y verduras. Pero no todas. A los plátanos, los cítricos, la granada, el tomate, los ajos y las cebollas, entre otras, el frío les produce “daños o pérdidas en sus propiedades, aroma, textura o sabor”, como indica la Organización de Consuomidores y Usuarios (OCU). Para ellas, mejor la despensa o un frutero en la encimera de la cocina.

Zona del frigorífico Alimentos recomendados ¿Por qué?
Zona superior Sobras y platos preparados, bebidas, salsas y otros productos abiertos Suele ser una zona de temperatura más moderada, adecuada para alimentos cocinados o que no necesitan el máximo nivel de frío.
Zona intermedia Lácteos, embutidos cocidos y otros productos abiertos Permite mantener una temperatura relativamente estable para alimentos que necesitan refrigeración.
Zona inferior o más fría Carne y pescado frescos Los alimentos más perecederos necesitan mayor refrigeración. Deben mantenerse cerrados y separados para evitar derrames y contaminación cruzada.
Cajones Frutas y verduras que necesitan refrigeración Están diseñados para favorecer unas condiciones adecuadas de conservación para productos vegetales.
Puerta Bebidas, salsas y productos que toleran mejor las variaciones de temperatura Es una de las zonas más expuestas a cambios de temperatura al abrir el frigorífico.

Receta 'La nevera medio llena': pizza de quinoa

La Procuraduría Federal del Consumidor de México conmina a mantener limpios los espacios de almacenaje y a llevar un inventario de los comestibles guardados, revisando frecuentemente el contenido y teniendo en cuenta que hay productos de largo plazo –legumbres, pastas, arroces– y de corto plazo –huevos, pescados, quesos frescos– con una rotación mayor. Lurueña invita a no acaparar ni obnubilarse con las ofertas 2x1 o 3x2 que pueblan los supermercados. “Hay que ir con una lista de la compra, más o menos flexible, pero cerrada, de manera que nos permita comprar calabaza en vez de calabacín, pero no dejarnos llevar por ofertas que no necesitamos, y que corren el riesgo de que se nos caduquen”, aconseja.

Preguntas frecuentes sobre cómo organizar la nevera y la despensa

¿Cuál es la temperatura adecuada de la nevera y el congelador?

Como referencia, el frigorífico debe mantenerse alrededor de 5 °C y el congelador a −18 °C. También conviene evitar sobrecargar la nevera para que el aire frío pueda circular correctamente.

¿Dónde colocar la carne y el pescado en el frigorífico?

La carne y el pescado frescos deben guardarse en la zona más fría del frigorífico, bien cerrados y separados de los alimentos listos para consumir. Así se reduce el riesgo de derrames y contaminación cruzada.

¿Qué significa el método FIFO para organizar los alimentos?

FIFO significa “First in, First out”, es decir, “lo primero que entra es lo primero que sale”. Consiste en colocar delante los productos más antiguos y detrás los recién comprados para consumir primero los que llevan más tiempo almacenados.

¿Cuánto tiempo pueden guardarse las sobras en la nevera?

Como orientación general, los platos preparados pueden conservarse entre dos y cuatro días en el frigorífico si se refrigeran y almacenan correctamente. El plazo puede variar según el tipo de alimento y su preparación.

¿Qué alimentos se conservan mejor fuera del frigorífico?

Alimentos como patatas, cebollas, ajos, plátanos o algunos cítricos se conservan habitualmente mejor fuera de la nevera, en un lugar fresco, seco y protegido de la luz. Las necesidades concretas pueden variar según el alimento y su grado de maduración.

¿Cómo ayuda una buena organización a reducir el desperdicio alimentario?

Mantener visibles los productos, revisar periódicamente la despensa y el frigorífico, aplicar el método FIFO y planificar las compras ayuda a evitar que los alimentos queden olvidados o se deterioren antes de consumirse.

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