Desperdicio alimentario: qué es, causas y cómo reducirlo en casa
El desperdicio alimentario ocurre cuando alimentos aptos para el consumo terminan desechándose en hogares, comercios o restauración. A este problema se suman las pérdidas que se producen antes de llegar al punto de venta. Reducir ambos fenómenos permite aprovechar mejor los alimentos y los recursos utilizados para producirlos.
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Zanahorias que se enroscan sobre sí mismas, tomates que se dividen en dos y patatas con formas insospechables. Muchas de las frutas y verduras que crecen en los huertos nunca llegan a pisar los supermercados. Su aspecto las condena: se consideran comida fea y poco atractiva y, por tanto, inadecuada para terminar en nuestros platos. Sin embargo, su calidad y su sabor pueden ser tan buenos –o incluso mejores– que los de las demás.
El problema no termina ahí. A estos alimentos descartados nada más salir de la tierra se suman los que se pierden durante el procesamiento y la distribución. También se desperdicia comida en la hostelería, los comercios y los hogares.
A escala mundial, alrededor del 13,2 % de los alimentos se pierde después de la cosecha y antes de llegar al comercio minorista, según la FAO. El desperdicio continúa en las etapas de venta y consumo. En 2022, comercios, restaurantes y hogares desecharon 1.050 millones de toneladas de alimentos. La cifra equivale al 19 % de los alimentos disponibles para los consumidores, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
El desperdicio alimentario es uno de los grandes problemas del siglo XXI. Se trata de otro fallo de nuestro imperfecto sistema, con importantes consecuencias sociales y medioambientales. La buena noticia es que crece el interés por hacerle frente y también aumentan las opciones e iniciativas para reducirlo.
La estética y el etiquetado son factores clave del desperdicio alimentario en origen.
¿Cuáles son las principales causas de la pérdida y el desperdicio de alimentos?
El desperdicio de alimentos se da a lo largo de toda la cadena alimentaria y tiene diferentes causas. “Entre ellas, cuestiones comerciales y de estética. Se tiran porque son productos que están próximos a alcanzar su fecha de consumo preferente o de caducidad, o porque tienen errores en el etiquetado o defectos en los envases, entre otras razones”, explica Marie Lindström, directora general en España de Too Good To Go, una ‘app’ que hace de intermediaria entre los consumidores y los restaurantes o tiendas que ofrecen (a precio reducido) productos o alimentos que no han vendido.
“En lo que respecta al consumidor también hay algunos motivos, como son las compras por impulso, la falta de planificación o muchas veces la falta de información o desconocimiento de cómo conservar y almacenar correctamente los alimentos para alargar su vida útil o sacar el máximo partido de ellos en la cocina”, añade Lindström.
Los hogares tienen un peso especialmente relevante en el problema. Según el último PNUMA, generaron 631 millones de toneladas de desperdicio alimentario en 2022, alrededor del 60 % del total contabilizado en hogares, restauración y comercio minorista.
¿Y cuáles son los alimentos que más se tiran? De acuerdo con la Comisión Europea, en las viviendas el listado lo lideran las frutas y las verduras, productos frescos y perecederos. “Si se compran de manera impulsiva sin tener en cuenta las cantidades o no se conservan correctamente en la nevera o en la despensa, se corre el riesgo de que se acaben estropeando y de no consumirlos a tiempo”, explica Lindström.
¿Qué impacto social, económico y ambiental tiene el desperdicio alimentario?
Al pensar sobre el desperdicio alimentario, la primera consecuencia que suele venir a la mente es la social. Y no es para menos: el mundo continúa siendo un lugar muy desigual en el que millones de personas pasan hambre cada día. Según el Informe mundial sobre las crisis alimentarias 2025, en 2024 unos 295,3 millones de personas en 53 países y territorios afrontaron altos niveles de inseguridad alimentaria aguda, 13,7 millones más que el año anterior. Además, la situación empeora debido a problemas como los conflictos y las consecuencias del cambio climático.
Muchas veces, los problemas se encuentran muy cerca de los lugares en donde más se desperdicia. En 2024, el 8,5 % de la población de la Unión Europea no podía permitirse una comida con carne, pescado o un equivalente vegetariano cada dos días, según los últimos datos de Eurostat.
Además, el desperdicio alimentario tiene también una huella económica importante tanto para la industria como para las familias. “Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación del Gobierno de España, supone unos 250 euros por persona al año. Por ello, reducir el desperdicio de alimentos es clave también para ahorrar”, señala Lindström.
La pérdida y el desperdicio de alimentos generan entre el 8 % y el 10 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, según la FAO. Además, implican utilizar tierra, agua, energía y otros recursos para producir alimentos que finalmente no se consumen. Pero lo cierto es que esta huella medioambiental no se limita a las emisiones. Está relacionada también con la contaminación, por los residuos de envases que se tiran sin que su interior se haya consumido; por la sobreexplotación de la tierra, que se fomenta para producir cada vez más alimentos; o incluso por la crisis de biodiversidad, ligada a la pérdida de variedad de cultivos para ganar en eficiencia (de nuevo, para producir más alimentos que terminarán en gran parte en la basura). Y la lista continúa.
El desperdicio de alimentos genera desigualdad, costes y emisiones innecesarias.
¿Qué iniciativas ayudan a reducir el desperdicio alimentario?
En 2022, el Instituto de Investigación Capgemini publicó su estudio ‘Reflejar. Reflexionar. Reconsiderar. Por qué el desperdicio alimentario es un problema de todos’, que concluía que el 60 % de los consumidores se siente culpable al desperdiciar alimentos. Pero fue otra de las cifras la que llamó la atención: durante el año anterior, las búsquedas de iniciativas y soluciones para evitar el desperdicio de alimentos en internet había aumentado un 80%.
“Está habiendo un gran cambio y una mayor sensibilización respecto a esta problemática. Esto viene motivado en parte por la inflación, pero también por una creciente conciencia medioambiental que nos ha hecho valorar aún más la comida y la importancia de no desperdiciarla”, explica la directora general de Too Good To Go en España.
Too Good To Go nació en Dinamarca en el 2015, después de que sus creadores vieran cómo la comida sobrante de un bufé terminaba en los cubos de la basura.
A la lucha de Too Good To Go se suman muchas otras, que tienen un carácter desde local hasta internacional. Entre los muchísimos ejemplos están TALKUAL, una iniciativa de Lleida que vende por internet fruta y verdura que hubiese terminado en la basura por fea o por rara; Naria, una startup que facilita que la comida que sobra a las empresas pueda llegar a las entidades sociales con tecnología ‘blockchain’; Oreka, la iniciativa que aprovecha los excedentes de los comedores de las oficinas como la de Ciudad BBVA en Madrid, y los distribuye a entidades sociales; o RedAlimenta, una asociación que entrega, a través de un sistema de voluntarios y voluntarias, el excedente de alimentos de diferentes establecimientos de hostelería a personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad.
Empresas, gobiernos y consumidores colaboran para frenar el desperdicio alimentario.
Leyes y regulación contra el desperdicio alimentario
Para que todo esto funcione hace falta, también, legislación y acción por parte de las empresas. “Se requiere colaboración y una combinación de esfuerzos a nivel individual, empresarial y gubernamental. Esto implica una mayor concienciación pública, educación sobre la gestión de alimentos, planificación en la compra y consumo, mejoras en la cadena de suministro de alimentos, así como regulaciones y políticas que impulsen e incentiven la reducción del desperdicio”, enumera Lindström.
España cuenta desde 2025 con la Ley 1/2025, de 1 de abril, de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario. La norma establece medidas para prevenir y reducir las pérdidas y el desperdicio a lo largo de la cadena y fija una jerarquía de prioridades que sitúa en primer lugar la prevención y el aprovechamiento de los alimentos para consumo humano.
La Unión Europea cuenta también con objetivos jurídicamente vinculantes para 2030: los Estados miembros deben reducir un 10 % el desperdicio alimentario en las etapas de procesamiento y fabricación y un 30 % per cápita, de forma conjunta, en comercio minorista, restauración, servicios de alimentación y hogares.
“Sabemos que es un reto de grandes dimensiones y que hay mucho trabajo por hacer en España, pero, como decía antes, está habiendo un cambio no solo en la sociedad sino dentro del sector y de la industria alimentaria. Esto me hace ver el futuro con optimismo y estoy convencida de que, a través de la colaboración y uniendo fuerzas entre la sociedad, la industria y las administraciones, vamos a frenar el contador del desperdicio alimentario”, concluye Lindström.
Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos
El 29 de septiembre se celebra el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, una fecha proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 2019 e impulsada conjuntamente por la FAO y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Su objetivo es promover la acción de administraciones, empresas, productores y consumidores para avanzar en la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos.
En 2026 se celebra su séptima edición, centrada en el potencial transformador de reducir las pérdidas y el desperdicio alimentario. Este año, la FAO y el PNUMA ponen especialmente el foco en la relación con los bosques y los sistemas agroalimentarios, ya que aprovechar mejor los alimentos puede reducir la presión sobre la tierra y otros recursos naturales.
¿Cómo reducir el desperdicio de alimentos en casa?
Si llegados a este punto te estás preguntando qué puedes hacer tú para reducir el desperdicio, aquí tienes algunas recomendaciones:
- Planifica tus comidas, aplica el ‘batch cooking’ y compra sólo aquello que sea necesario.
- Echa un vistazo a lo que ya tienes antes de ir a comprar.
- Almacena los alimentos correctamente y congela aquellos que no vayas a consumir próximamente.
- Utiliza tarros o ‘tuppers’ herméticos para mantenerlos frescos.
- Aprende la diferencia entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente. La segunda es solo un indicador de la calidad: si el producto está en buen estado (sabe bien, huele bien y tiene buen aspecto) no está caducado ni hace falta tirarlo.
- Si tienes muchos productos, coloca los viejos delante de los nuevos, para darles prioridad.
- Calcula las cantidades antes de cocinar.
- Si ves que un alimento puede estropearse pronto, cocínalo. Una vez cocinado, permanecerá en buen estado más tiempo.
- Aprovecha los restos de los alimentos para otras comidas o para picar entre horas.
- Elige la comida fea. Es probable que nadie más lo haga y termine en la basura.
Preguntas frecuentes sobre el desperdicio alimentario
¿Qué es el desperdicio alimentario?
Se refiere a los alimentos que, siendo aptos para el consumo, son desechados en cualquier etapa de la cadena alimentaria.
¿Cuánto alimento se desperdicia en el mundo?
Según la FAO, cerca del 30 % de los alimentos producidos globalmente se desperdician cada año.
¿Cuáles son las principales causas del desperdicio de alimentos?
Estética comercial, errores de etiquetado, falta de planificación en el hogar y conservación incorrecta.
¿Qué impacto tiene el desperdicio alimentario?
Provoca pérdida económica, emisiones contaminantes y acentúa la desigualdad alimentaria.
¿Cómo se puede reducir el desperdicio alimentario en casa?
Planifica tus compras, congela excedentes, diferencia las fechas de caducidad y reutiliza los restos.