Reducir el desperdicio de alimentos implica planificar las compras y los menús, conservar correctamente los alimentos y aprovechar las sobras antes de desecharlas, entre otras cosas. Estos 10 hábitos ayudan a utilizar mejor la comida y a reducir los residuos generados en el hogar.
Desperdicio alimentario
El ‘trash-cooking’ o cocina de aprovechamiento propone utilizar partes de los alimentos que normalmente se desechan, como cáscaras, tallos o huesos. Este enfoque ayuda a reducir el desperdicio alimentario, recuperar técnicas culinarias tradicionales y promover una alimentación más sostenible.
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Las soluciones de inteligencia artificial (IA) están transformando la cadena alimentaria. Los algoritmos optimizan la producción, la logística y el consumo para reducir el desperdicio alimentario en toda la cadena, mejorando la rentabilidad y disminuyendo el impacto ambiental.
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Aprovechar el pan que no se vende para elaborar cerveza es una forma de reducir el desperdicio alimentario. La iniciativa Sr. Mendrugo sustituye parte de la cebada por restos de pan en perfecto estado, evitando residuos y aplicando principios de economía circular y producción local.
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Una correcta gestión de los desechos frutícolas permite que tengan una segunda vida en forma de aditivos para cosmética, farmacia u otros alimentos, regeneración de suelos agrícolas o biocombustibles. La fruta rechazada por los compradores por tamaño o imperfecciones también se puede reutilizar.
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La deshidratación es una técnica de conservación que consiste en extraer gran parte del contenido de agua de los alimentos para alargar su vida útil. Se trata de una costumbre milenaria que, en la actualidad, cobra relevancia como una herramienta para reducir el desperdicio alimentario, optimizar recursos y aprovechar excedentes de producción agrícola.
El desperdicio alimentario genera el 10 % de las emisiones globales y afecta a 738 millones de personas con hambre. Entender la diferencia con la pérdida alimentaria permite abordar mejor sus causas y aplicar soluciones efectivas.
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El desperdicio alimentario incluye comida desechada por estética, etiquetado o falta de planificación. Cada año se pierden 2.500 millones de toneladas en toda la cadena, desde el campo hasta el hogar.
En la travesía de los alimentos por el mundo, existen multitud de paradas obligatorias: proyectos, iniciativas y empresas que buscan reducir la pérdida y el desperdicio y crean nuevas soluciones para garantizar el aprovechamiento. Estas soluciones buscan cambiar el rumbo en todas las etapas de la cadena, comenzando por la poscosecha y terminando en los hogares, pasando por el transporte y la comercialización.
Foto de apertura creada con Midjourney (IA)
Cada año, se desperdician más de 1.200 millones de toneladas de alimentos, según el Programa Mundial de Alimentos. Para reducir el impacto ambiental y social de esta crisis, numerosos países han desarrollado leyes contra el desperdicio alimentario. ¿Cómo funcionan y qué estrategias están implementando?
Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es reducir a la mitad el desperdicio alimentario. Esto requiere de la adopción de medidas en el día a día para lograrlo. En las charlas expertas de ‘Futuro Sostenible’, el ‘podcast’ sobre sostenibilidad de BBVA, Beatriz Moliz –dietista e ‘influencer’ que promueve el aprovechamiento alimentario– ofrece las claves para comprar de manera responsable y planificar las comidas para evitar que los alimentos vayan a la basura.
Los hábitos domésticos son responsables de casi 500 millones de toneladas de alimentos desperdiciados cada año en todo el mundo y, además, cada persona desperdicia una media de 74 kilogramos de alimentos al año, según la ONU. Joan Roca, chef de El Celler de Can Roca, da en este ‘podcast’ de ‘Futuro Sostenible’, recomendaciones sobre cómo evitar el desperdicio alimentario a través del aprovechamiento de alimentos.
Las aplicaciones móviles son herramientas eficaces para luchar contra el desperdicio alimentario. Conectan a comercios con consumidores, enseñan a planificar comidas, promueven intercambios y donaciones de productos entre vecinos o permiten comprar directamente a los productores. Estas son las aplicaciones móviles más utilizadas.
En un mundo donde millones de personas sufren hambre, resulta alarmante que aproximadamente un tercio de los alimentos producidos a nivel global acaben en la basura. Este dato pone de manifiesto una de las mayores contradicciones de nuestro tiempo y se convierte en el eje central de un nuevo monográfico publicado por BBVA, donde se analiza en profundidad el fenómeno del desperdicio alimentario y sus consecuencias sociales y medioambientales. Según la ONU, hasta el 10% de las emisiones de CO2 globales provienen de la comida que se tira.
Cada vez más países ponen el foco en la obligación de donar los excedentes alimentarios. Además de paliar situaciones de vulnerabilidad, esta actividad conlleva ventajas para los donantes: fiscales, legales, reputacionales y de talento. Solo en España en 2022, los bancos de alimentos repartieron 151.000 toneladas de comida entre más de 1,2 millones de beneficiarios.
Las compras 'verdes' y que respetan la sostenibilidad se nutren de productos de temporada, de proximidad, ecológicos y de comercio justo. La mayoría de supermercados e hipermercados va incorporando estas posibilidades a su oferta.
Un establecimiento hostelero tipo tira a la basura alrededor de 2,5 kilos de comida al día. Frenar el desperdicio alimentario implica cambios en la planificación, el almacenamiento, la cocina y el comedor. Incorporar más tamaños de raciones, permitir al cliente que se lleve a casa sus sobras o tener acuerdos con bancos de alimentos son acciones preventivas.
Ciudadanos que se organizan para comprar alimentos directamente a los productores, favorecer el comercio de proximidad, reducir intermediarios y cambiar hábitos. Son los denominados grupos de consumo, iniciativas que benefician también a agricultores y ganaderos y fomentan la concienciación sobre una alimentación más sostenible.
¿Y si en lugar de acabar en la basura, transformamos en sabrosos bocados los restos de carne, pescado, verduras y muchos otros alimentos? Las croquetas, arepas y tacu-tacu son la opción más conocida, pero hay otras recetas que amplían los sabores y texturas en la cocina de aprovechamiento.
Hacer una compra de alimentos sana, económica y sostenible depende de muchos factores, incluido el hambre. Pensar y planificar lo que queremos y necesitamos, revisar lo que hay en la nevera y la despensa, o apostar por productos de temporada son algunas de las recomendaciones para no tirar nada a la basura.
María José Tallón cambió su jornada de oficina por una vida dedicada al campo. De la mano de su marido, Rosendo Estévez, iniciaron un camino que les llevó a aprender desde cero y que, tras mucho esfuerzo e investigación, les permitió crear una tecnología pionera en el sector agroalimentario: un deshidratador de frutas autosuficiente energéticamente. Gracias a su compromiso con el cuidado del medioambiente, se alzaron con uno de los diez Premios BBVA a los Mejores Productores Sostenibles de 2023. Su producto estrella, las fresas deshidratadas, no solo representa una solución innovadora para el desperdicio alimentario, sino también un ejemplo de cómo la sostenibilidad puede ser el motor de un negocio de éxito.
La escuela y el hogar son dos espacios de concienciación importantes para reducir las sobras y poner en valor la comida. Analizar lo que se queda en el plato y trabajar en el huerto escolar, cocinar en familia y aprender sobre conservación de alimentos o consumo preferente, así como acercarse a los productores locales, son iniciativas esenciales contra el desperdicio alimentario.
Según la ONU, cada persona desperdicia una media de 74 kilogramos de alimentos al año. Con el objetivo de hacer reflexionar sobre la importancia de reducir el desperdicio alimentario, BBVA -en colaboración con el repostero Jordi Roca- ha puesto en marcha ‘La nevera medio llena’. Una iniciativa con la que, a través de una serie de vídeos, se muestran ideas de recetas para cocinar en casa y dar una segunda vida a las sobras de otros días, evitando así que terminen en la basura.