Cómo preparar a las comunidades para desastres naturales
Preparar a las comunidades ante desastres naturales implica fortalecer la cohesión social, la comunicación del riesgo y contar con financiación estable, especialmente en América Latina, una de las regiones más expuestas.
¡Suscríbete a nuestra 'newsletter' semanal de sostenibilidad!
Foto generada con IA.
América Latina es la segunda región del mundo más propensa a los desastres, solo por detrás de Asia-Pacífico. De los grandes ciclones del Caribe a los ciclos de sequías y lluvias torrenciales potenciados por El Niño, pasando por los riesgos sísmicos a lo largo de la cordillera de los Andes. La alta exposición a los desastres naturales de la región se interrelaciona con otros factores de riesgo como la desigualdad, el cambio climático o los desplazamientos forzosos, lo que multiplica la vulnerabilidad de muchas comunidades.
De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR, por sus siglas en inglés), América Latina ha registrado más de 1.500 desastres desde principios de siglo, que han afectado a más de 190 millones de personas. Esto tiene también un coste económico: los 74 desastres de mayor magnitud que afectaron a la región en 2024 causaron daños estimados en 10.000 millones de dólares, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
La relación entre desastres, pobreza, desigualdad y vulnerabilidad no funciona en un único sentido. Las vulnerabilidades de la región no solo afectan a las consecuencias de estos desastres, sino que influyen también en la preparación y en la capacidad de respuesta de las comunidades, lo que a su vez acaba provocando que algunas amenazas más leves sean mucho más destructivas de lo que deberían. Y es que, aunque los eventos catastróficos de origen natural no siempre puedan prevenirse, la preparación comunitaria es clave para minimizar sus impactos.
Preparación comunitaria: pilares clave para la resiliencia
La preparación es un elemento clave de la llamada resiliencia comunitaria, es decir, la capacidad de estar listo para lidiar con los peligros que amenazan a dicha comunidad, adaptarse a las condiciones cambiantes y recuperarse de las perturbaciones en un plazo determinado. De acuerdo con el programa de resiliencia del Departamento de Comercio de Estados Unidos, la preparación comunitaria se construye sobre tres pilares:
- El conocimiento y la comunicación del riesgo.
- La organización social y la construcción de redes comunitarias sólidas.
- La existencia de recursos adecuados y planes efectivos.
Foto generada con IA.
“Hay varios factores que sustentan la preparación de una comunidad, pero creo que la cohesión está en la base de todo”, explica Marta Leboreiro, experta en emergencias de la Agencia de las Naciones Unidas para las Migraciones (OIM, por sus siglas en inglés). “La pérdida de cohesión a causa de los conflictos o los desplazamientos impacta de lleno en la vulnerabilidad de la comunidad. La presencia de grupos heterogéneos que no comparten el conocimiento del riesgo ni las redes de apoyo influye en la capacidad que tienen las instituciones de trabajar con el grupo frente a una emergencia”.
El conocimiento del riesgo es, según Leboreiro, otro aspecto clave en la preparación comunitaria, que es también especialmente difícil de mantener entre personas migrantes o desplazadas, ya que no suelen conocer las amenazas del territorio al que llegan ni siempre reciben información oficial por los canales adecuados. Además, señala que, si bien la mayoría de los países de América Latina tiene buenas políticas y protocolos de gestión del riesgo, estas no siempre se implementan a nivel local por falta de financiamiento y de personal técnico. “Los presupuestos de los estados están, sobre todo, diseñados para responder, son reactivos, pero no funcionan para anticiparse a los problemas", añade la experta.
Cómo preparar a las comunidades: estrategias clave
| Pasos para fortalecer la resiliencia comunitaria | ||
|---|---|---|
| Paso | Objetivo | Ejemplos |
| Identificar los riesgos | Conocer las amenazas del territorio. | Mapas de riesgo, información climática y estudios locales. |
| Organizar a la comunidad | Crear redes de apoyo y liderazgo. | Brigadas vecinales, voluntariado y comités de emergencia. |
| Comunicar los protocolos | Que toda la población sepa cómo actuar. | Campañas, señalización y materiales en varios idiomas. |
| Practicar la respuesta | Mejorar la capacidad de reacción. | Simulacros, formación y sistemas de alerta temprana. |
| Garantizar recursos y financiación | Mantener la preparación de forma continua. | Presupuestos locales, planes de emergencia y equipamiento. |
La preparación ante desastres naturales es esencial para minimizar sus impactos y garantizar la seguridad y la resiliencia de una comunidad. Una comunidad preparada es una comunidad que conoce los riesgos a los que se enfrenta, está preparada y organizada para actuar con rapidez cuando se producen los eventos extremos y cuenta con la financiación adecuada para todo ello.
Estas son algunas estrategias clave para preparar a las comunidades ante desastres naturales recogidas en informes recientes de la UNDRR y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL):
Fortalecer la cohesión social, la participación y el liderazgo: Los planes de preparación ante desastres no funcionan si la comunidad está fragmentada, si los distintos grupos que la forman no participan activamente de ella y si no existen líderes locales con capacidad de movilización. Para responder de forma efectiva, la comunidad debe actuar como un grupo organizado, conocedor de sus riesgos y de sus vulnerabilidades, pero también de sus propias capacidades. Algunas de las acciones clave en este sentido son crear espacios para que la comunidad participe en el diseño de los planes de preparación, elaborar mapas con las capacidades de la comunidad y promover grupos locales que participen en la gestión del riesgo.
Garantizar una comunicación del riesgo clara, accesible e inclusiva: Una comunidad no puede prepararse para lo que no conoce. En este sentido, deben diseñarse planes de comunicación del riesgo y de las estrategias de preparación que solventen el acceso desigual a la información oficial, la falta de confianza en los canales de información de las instituciones y las barreras culturales o idiomáticas (especialmente complejas con población migrante). “En muchos países de América Latina, las instituciones tienen un protocolo ante emergencias muy sólido, pero las comunidades no lo conocen”, subraya Marta Leboreiro. “Es muy difícil activar un plan de evacuación si la comunidad no sabe cómo se tiene que evacuar”.
Alerta temprana, simulacros y capacitación local: La práctica es tanto o más importante que el diseño de los planes de preparación. La elaboración regular de simulacros, tanto a nivel nacional como a nivel local, permite comprobar si los protocolos y los sistemas de alerta temprana funcionan, si son conocidos por las diferentes comunidades y si cuentan con los recursos adecuados. Además, los simulacros sirven para entrenar a la población y para capacitar a los líderes locales para que sepan cómo actuar a la hora de llevar a cabo una evacuación real o cómo buscar refugio o protegerse en caso de desastre.
Integrar la gestión del riesgo en la planificación y asegurar una financiación suficiente: La preparación comunitaria ante desastres naturales no puede ser un proceso aislado, que dependa de proyectos puntuales o de simulacros esporádicos, sino que debe formar parte de la planificación del desarrollo urbano y territorial. Esto implica también destinar una financiación suficiente y estable para los planes locales de preparación, las estrategias de formación y de comunicación del riesgo o la organización y la cohesión de las comunidades.
Foto generada con IA.
Brigadas de voluntarios en Perú y acción familiar en Chile: dos casos de éxito
Leidy Marruz es una migrante venezolana en Perú. Tiene formación en emergencias en su país de origen, pero no puede ejercer de forma oficial en el lugar en el que ahora vive. Su caso se ha convertido en el mejor ejemplo del proyecto de preparación comunitaria que la OIM y la ONG Cesal han desarrollado en el país andino. Marruz es una de las 49 personas migrantes que, junto a ocho personas de Perú, recibieron una extensa formación en preparación y respuesta ante desastres dentro de un programa para la certificación de brigadistas voluntarios.
“Lo que buscábamos era reforzar las brigadas comunitarias de protección civil, incluyendo a la población migrante y así lograr aprovechar las capacidades de toda esa población desplazada que puede aportar mucho a la preparación ante desastres”, señala Leboreiro. "Es una estrategia que ha tenido mucho éxito y que estamos expandiendo a otros países, porque con ella hemos logrado aumentar la cohesión social, a la vez que reforzamos los mecanismos y los sistemas de preparación”.
Otra de las iniciativas en las que la OIM ha participado recientemente es en la elaboración de la guía Familia Preparada junto al Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres de Chile (SENAPRED). Consiste en la preparación de materiales para la coordinación y la participación de todas las personas que compartan una misma vivienda o pertenezcan a un grupo familiar y busca, en particular, integrar a niños, niñas y adolescentes para que sepan qué hacer en caso de encontrarse a solas en una situación de emergencia.
“En la preparación comunitaria entran muchos elementos en juego. Para abordarlos, es fundamental que dejemos de trabajar en silos de forma aislada. Debemos trabajar con enfoques que integren, entre otras cosas, lo que hacen las administraciones, lo que hace protección civil y lo que hacen los líderes comunitarios”, concluye la experta de la OIM. “Esto es clave, sobre todo, si hablamos de gestionar la respuesta a desastres de población vulnerable que sufre de múltiples crisis, población desplazada y afectada por conflictos y situaciones de violencia que también padece las consecuencias de un clima cada vez más extremo”.
Preguntas frecuentes sobre la preparación comunitaria ante desastres naturales
¿Qué es la preparación comunitaria ante desastres naturales?
Es el conjunto de medidas que permiten a una comunidad conocer sus riesgos, organizarse, responder con rapidez y recuperarse mejor ante una emergencia. Incluye planificación, comunicación, formación, simulacros y acceso estable a recursos.
¿Cuáles son los pilares de la preparación comunitaria?
Los pilares principales son el conocimiento y la comunicación del riesgo, la cohesión social y la organización comunitaria, y la disponibilidad de recursos, financiación y planes de actuación efectivos.
¿Cómo se puede preparar una comunidad ante un desastre natural?
La preparación requiere identificar las amenazas del territorio, crear redes vecinales, formar brigadas, establecer sistemas de alerta temprana, comunicar rutas de evacuación y realizar simulacros periódicos.
¿Por qué es importante la cohesión social ante una emergencia?
Porque facilita la coordinación, el apoyo mutuo y la movilización de recursos. Una comunidad cohesionada comparte información, identifica a las personas más vulnerables y puede actuar de forma más rápida y organizada.
¿Qué función cumplen los sistemas de alerta temprana?
Permiten avisar con antelación sobre una amenaza y activar los protocolos de respuesta. Su eficacia depende de que la población conozca las señales, reciba mensajes claros y sepa cómo evacuar o protegerse.
¿Por qué las personas migrantes o desplazadas pueden ser más vulnerables?
Porque pueden desconocer los riesgos locales, no estar integradas en las redes de apoyo o no recibir información oficial en un formato o idioma accesible. Por eso, los planes deben incorporar una comunicación inclusiva y su participación directa.