La cosmética ecológica es aquella para la que se utilizan ingredientes naturales de origen orgánico, evita químicos agresivos y protege tanto la piel como el medioambiente. Las certificaciones oficiales ayudan a diferenciar los productos realmente sostenibles.
Consumo responsable
Cada último viernes de noviembre, el 'Green Friday' promueve el consumo sostenible y responsable como alternativa al Black Friday, la fecha de mayor actividad comercial global impulsada por grandes descuentos.
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La moda regenerativa es la que consigue las materias primas –algodón, lino o cáñamo– sin degradar el terreno y manteniendo la máxima biodiversidad posible. Para ello es esencial rotar los cultivos, prescindir del arado y conservar los residuos orgánicos. El desafío es que estas prácticas no se queden solo en el campo.
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Millones de personas en el mundo consumen café a diario y la gran mayoría tira los posos a la basura. La Unión Europea aprueba su uso como una fuente de fibra apta para el consumo humano en alimentos como el pan y la repostería. La economía circular avanza también a través de este producto.
Pagar por el uso y no por la propiedad. La fórmula de la economía de la suscripción puede ayudar a consumir menos y de manera más responsable. Aunque la sostenibilidad del modelo depende del enfoque, los beneficios ambientales se consiguen cuando hay un sistema colaborativo y circular. Las nuevas generaciones abrazan más esta tendencia.
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La Etiqueta Ecológica Europea (EEE) identifica productos y servicios con bajo impacto ambiental durante su ciclo de vida. Creada por la UE en 1992, permite a los consumidores elegir opciones sostenibles con criterios científicos y verificados oficialmente.
La economía circular impulsa un modelo productivo sostenible basado en reducir, reciclar y reutilizar. Aprovecha los recursos al máximo para disminuir residuos, minimizar el impacto ambiental y transformar sectores como el textil, el agua o los residuos electrónicos.
El packaging ecológico reduce el impacto ambiental de los envases de un solo uso mediante materiales reciclables, biodegradables o reutilizables. Su diseño eficiente es clave en la transición hacia una economía circular.
La moda sostenible busca reducir el impacto ambiental y social de la industria textil, apostando por materiales reciclados, procesos menos contaminantes y condiciones laborales justas. Diseñadores y fabricantes avanzan hacia una producción más ética, impulsados por consumidores que rechazan la cultura de usar y tirar.
La ropa es mucho más que un refugio para nuestro cuerpo: es una poderosa expresión de nuestra identidad, cultura e ideas. Cada vez más marcas son conscientes de la importancia de crear prendas atractivas y sostenibles, que tengan calidad y hablen de su compromiso con el planeta y el futuro.
Unas fotos de alimentos congelados con microplásticos azules en una famosa red social abrieron el debate y centraron la responsabilidad en el envasado de la industria alimentaria. Aunque está claro que comemos y respiramos microtrozos de plástico, los expertos necesitan más datos e investigación para llegar a conclusiones certeras sobre su impacto.
Una de las soluciones para disminuir la basura electrónica es elegir dispositivos electrónicos reacondicionados. Esta opción de compra permite alargar la vida útil de los productos y ahorrar. En el podcast ‘Futuro Sostenible’ de BBVA, Marta Castillo, portavoz de Back Market España –el ‘marketplace’ de tecnología reacondicionada–, explica las características de estos dispositivos y desmitifica algunos aspectos.
Apostar por dispositivos electrónicos reacondicionados, alargar su vida o pagar una suscripción para disponer de electrodomésticos sin tener que comprarlos son opciones válidas para ahorrar energía. El auge de estos nuevos hábitos forma parte de un consumo más responsable y sostenible.
La moda tiene un gran impacto ambiental, exacerbado por la moda rápida. Aunque fibras naturales como el algodón o la lana parecen más sostenibles, también se enfrentan a desafíos como el alto consumo de agua y pesticidas. Reducir el consumo, extender su vida útil y optar por la ropa de segunda mano son pasos clave para minimizar este impacto.
La obsolescencia programada es una estrategia controvertida en la cual se acorta deliberadamente la vida útil de los productos para fomentar su reemplazo frecuente. Originada en los años 20, en torno a ella han surgido debates sobre si es resultado de las demandas del consumidor por tecnología nueva o de estrategias empresariales para aumentar las ventas.
En toda ficción no hay héroe sin villano, ni viceversa. En cambio, la vida real es menos nítida y suele estar teñida de claroscuros. Pero en el terreno de la ciencia, donde hablan los datos, a veces encontramos casos que se ajustan bastante fielmente al arquetipo del bueno y el malo. Si Thomas Midgley, fue el dañino inventor de dos lacras para la humanidad como han sido la gasolina con plomo y los clorofluorocarbonos (CFC), su némesis, Clair Patterson, libró al mundo de la primera. Y aunque en la ciencia a menudo los archienemigos no pelean frente a frente, y no llegan siquiera a conocerse, no por ello sus luchas son menos épicas.
Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es reducir a la mitad el desperdicio alimentario. Esto requiere de la adopción de medidas en el día a día para lograrlo. En las charlas expertas de ‘Futuro Sostenible’, el ‘podcast’ sobre sostenibilidad de BBVA, Beatriz Moliz –dietista e ‘influencer’ que promueve el aprovechamiento alimentario– ofrece las claves para comprar de manera responsable y planificar las comidas para evitar que los alimentos vayan a la basura.
La minería urbana es extraer metales y minerales del vertedero y no de la naturaleza. Cuando los recursos naturales se agotan y las inquietudes medioambientales crecen, el reciclaje de residuos electrónicos gana relevancia. Convertirlos en materias primas fomenta la economía circular y apoya la sostenibilidad.
Entre 1990 y 2020, la deforestación acabó con más de 400 millones de hectáreas de bosque, según la FAO. La fabricación, transporte, venta y desechado de muebles está detrás de gran parte de este impacto. Pero hay un cambio de tendencia en favor del mobiliario de segunda mano, reciclado o reacondicionado.
Enfocarse en lo esencial y no en la cantidad. El minimalismo es una herramienta para deshacerse de los excesos que va más allá de la mera renuncia a las cosas materiales y se perfila como una filosofía para una vida sencilla y más sostenible.
Las telas sintéticas mandan aunque las orgánicas y las recicladas van ganando cuota de mercado. El poliéster reutilizado es más sostenible que la lana o el algodón, y este último tiene una alternativa, aún incipiente, en la ortiga. La sostenibilidad de una prenda comienza por los hilos con los que está tejida. ¿Conoces todas las fibras de la ropa?
Los guardarropas cápsula, formados por un número determinado de prendas que se combinan entre sí para crear ‘looks’ diferentes, implican una menor rotación y son un antídoto contra las compras innecesarias y por impulso. Sus defensores dicen que supone un ahorro de dinero y un mayor autoconocimiento del propio estilo de vestir o de la imagen que se quiere proyectar.
Productores, vendedores y compradores del territorio, de la ciudad y el pueblo. En el comercio de proximidad, el lugar es importante. Frente a la rapidez, lo barato y el consumo masivo, comprar en el negocio local favorece la economía, promueve el empleo, refuerza la cohesión y reduce el impacto en el medioambiente.
Las prendas orgánicas son aquellas que se fabrican con fibras de origen vegetal y animal mediante procesos de elaboración sostenibles. Como reconocerlas no es sencillo, existen diferentes certificaciones que indican su bajo impacto en el medioambiente y en la salud de las personas que las elaboran.