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Minería urbana: las posibilidades de un vertedero más allá de los residuos

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La minería urbana es extraer metales y minerales del vertedero y no de la naturaleza. Cuando los recursos naturales se agotan y las inquietudes medioambientales crecen, recuperar residuos, sobre todo electrónicos, y convertirlos en materias primas ayuda a una economía más circular y fomenta la sostenibilidad.

El 37 % del aluminio y el 40 % del acero consumido en Europa en 2015 (últimos datos disponibles) no provenía de una mina sino de material reciclado, según la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER). La minería urbana, entendida como aquella que extrae del vertedero y no de la naturaleza, es un concepto que describe muy gráficamente ese proceso de recuperación, pero que, además, implica un cambio de paradigma según el cual un basurero donde va a parar lo que ya no sirve pasa a convertirse en una mina llena de posibilidades. Ya no son residuos, sino materias primas secundarias.

“Minería urbana es un término previo a la economía circular, ya que parte del mismo principio de recuperar materiales e incorporarlos al proceso productivo”, explica José Pérez, consejero delegado de Recyclia, entidad administradora del reciclaje de residuos electrónicos y pilas. No es casualidad que el ‘Monitor Global de Residuos Electrónicos 2020’, estudio auspiciado por la ONU y la Unión Internación de Telecomunicaciones, se subtitule ‘Cantidades, flujos y potencial de economía circular’.

El final de las materias primas baratas y fáciles

El metabolismo urbano excreta minerales que empiezan a escasear en la naturaleza, de manera que el interés por la minería urbana aumenta en la medida en que los recursos naturales se agotan. “La era de las materias primas baratas y fáciles de extraer toca a su fin”, dice la Fundación Ellen MacArthur, que promueve la economía circular. En paralelo, la recuperación de materia prima secundaria resulta cada vez más rentable. En los yacimientos urbanos pueden encontrarse metales y minerales valiosos mucho más concentrados que en una mina natural; algunos, raros, como el europio, el itrio, el neodimio o el terbio.

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En 2019, la Unesco publicó una tabla periódica para celebrar su año internacional, coloreando en verde, amarillo o rojo cada uno de sus elementos químicos naturales, en función de su grado de agotamiento. La organización de Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura alertaba de que “al indio le quedan unos 20 años”. Y se preguntaba qué ocurrirá con el litio si aumenta significativamente la producción del coche eléctrico con batería.

La UE vuelve los ojos hacia la circularidad según crece la competencia por metales, minerales y materiales naturales críticos para su economía. “El wolframio hace que los teléfonos vibren. El galio y el indio se utilizan en la tecnología LED. Los semiconductores requieren silicio metálico. Las pilas de combustible de hidrógeno y los electrolizadores necesitan metales del grupo del platino”, enumera el documento.

En la minería urbana hay filón por explotar. En 2019, el mundo generó 53,6 millones de toneladas métricas de residuos electrónicos, según el ‘Monitor Global de Residuos Electrónicos 2020’, y solo el 17,4 % se documentó oficialmente como recolectado y reciclado correctamente. “Desde 2014, el reciclaje ha crecido en 1,8 millones de toneladas, pero la generación total de desechos electrónicos ha aumentado en 9,2 millones de toneladas”, apunta. La conclusión es obvia: la capacidad recicladora no ha podido mantenerle el pulso al aluvión de desechos. “La forma en la que producimos, consumimos y desechamos es insostenible”, alerta.

La minería urbana está estrechamente relacionada con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 12, referido a los patrones de producción y consumo sostenibles. También con el ODS 8, sobre trabajo decente y crecimiento económico; con el ODS 3, sobre buena salud y bienestar; con el ODS 6, sobre desechos limpios y saneamiento; con el ODS 14, sobre la vida submarina.

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Una mina llamada ‘smartphone’

Los 'smartphones' incorporan hasta 50 elementos diferentes, algunos, como el estaño, el tantalio, el oro o el wolframio, extraídos de zonas de conflicto, según advierte la UE, que acaba de aprobar una legislación para detener su comercio. El ciclo de renovación de estos dispositivos “se ha reducido a 18 meses”, señala Recyclia, que agrega que anualmente se tiran 20 millones de unidades solo en España. La única buena noticia es que el residuo de los teléfonos tiene un índice de reutilización del 90 %, uno de los más altos junto con los ordenadores de sobremesa (93 %).

La tecnología actual permite recuperar 11,2 kilos de metales comunes –sobre todo hierro, cobre y aluminio–, 4,2 kilos de diferentes tipos de plásticos y una mínima proporción de metales preciosos –oro, plata, paladio– de un ordenador de 21 kilos (incluido el monitor de tubo de rayos catódicos), según Recyclia. Y que de un teléfono móvil de unos 100 gramos de peso se puedan extraer 62 gramos de plásticos –propileno, poliestireno, ABS, policarbonato–, 25 gramos de metales –aluminio y cobre– y 800 ppm (partes por millón, es decir, 0,0008 gramos) de metales preciosos.

También arrojan buenos índices de reciclabilidad las impresoras (un 83 %), y las pilas, a partir de las cuales Recyclia recupera “2,7 toneladas de hierro y 2,5 toneladas de zinc diarias”, según subraya Pérez.

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