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El impacto de El Niño se decide a escala local, según BBVA Research

El Niño no afecta de la misma manera a todos los países, regiones ni actividades productivas. Un nuevo estudio de BBVA Research y BBVA Risk sobre El Niño en el sector primario latinoamericano muestra que para anticipar sus consecuencias es necesario analizar conjuntamente dónde y cuándo se producen las anomalías climáticas y qué actividades están expuestas. El análisis de Argentina, Colombia y Perú revela impactos muy diferentes, incluso dentro de cada país, y señala que la tecnología, la gestión del agua, las infraestructuras y los sistemas de alerta temprana pueden reducir la vulnerabilidad del sector primario. Aunque los tres países han reforzado su capacidad de adaptación frente a los impactos climáticos en las últimas décadas, siguen lejos de las economías de mejor capacidad.

El impacto de El Niño se decide a escala local, según BBVA Research

El informe de BBVA Research y BBVA Risk ‘El Niño y el sector primario de Latinoamérica’ se presenta con motivo del II Encuentro Global Agro de BBVA, que este lunes reunirá en Madrid a más de 150 directivos y representantes institucionales de distintos países, y con la participación del banco en Fruit Attraction, la feria internacional del sector hortofrutícola que se celebra del 6 al 8 de octubre en IFEMA Madrid. Estas iniciativas forman parte del compromiso de BBVA con el sector agro y de su objetivo de acompañar a las empresas en su crecimiento y transformación.

Las previsiones recogidas en el estudio sitúan entre el 75% y el 90% la probabilidad de que la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial supere en más de 2 ºC sus valores habituales. Algunos modelos proyectan anomalías superiores a los 4 ºC entre finales de 2026 y comienzos de 2027.

Granularidad en la gestión y capacidad de anticipación

La intensidad del fenómeno, sin embargo, no determina por sí sola la magnitud de sus consecuencias económicas. El impacto dependerá también de la zona en la que se concentren las anomalías de temperatura y precipitación, del momento del año y de las actividades económicas expuestas.

Los efectos directos se concentran principalmente en el sector primario, a través de la agricultura, la ganadería y la pesca, y se extienden a la generación eléctrica, las infraestructuras y otras actividades económicas: “El impacto de El Niño no depende solo de su intensidad. La localización de las anomalías de temperatura y lluvia y el momento en que se produzcan resultarán determinantes para sectores como la agricultura, la pesca o la generación eléctrica”, asegura el informe.

BBVA Risk está desarrollando en colaboración con Lobelia Earth una proyección de las anomalías de precipitación y temperatura para un horizonte de meses y alta granularidad geográfica. Esta proyección permitirá establecer una gestión proactiva del riesgo derivado de los impactos del fenómeno en el sector primario y establecer sistemas de alerta temprana. Como ejemplo de este proyecto, el informe muestra un caso de uso para el arándano en Perú, con análisis de riesgos diferentes a lo largo de su ciclo productivo y dependiendo de la región considerada. Vincular la previsión climática con decisiones concretas de riego, cosecha, manejo del cultivo, cadena de frío o logística, ayudará a mitigar la severidad de potenciales impactos.

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00:00 21:37

Argentina: más precipitaciones y riesgo de inundaciones

El Niño suele provocar un aumento de las precipitaciones en Argentina, especialmente en las Pampas y la Mesopotamia. Una mayor disponibilidad de agua durante los meses críticos puede favorecer el rendimiento de algunos de los principales cultivos de exportación, entre ellos la soja y el maíz.

La evidencia histórica analizada por BBVA Research y BBVA Risk muestra que, de las 12 campañas de El Niño estudiadas, el rendimiento nacional del maíz se situó por encima de su media en 10 ocasiones y el de la soja, en 11. El comportamiento, no obstante, presenta diferencias entre territorios.ç

Un aumento de la producción agraria puede repercutir positivamente sobre la economía a través de las exportaciones, la entrada de divisas y la recaudación fiscal. En sentido contrario, unas precipitaciones excesivas en determinadas zonas pueden dificultar las labores agrícolas y causar daños en las infraestructuras utilizadas para transportar y comercializar la producción.

Colombia: menos lluvias para el campo y presión sobre la generación eléctrica

El patrón es prácticamente inverso en Colombia. El análisis climático recogido en el informe apunta a descensos de entre el 20% y el 50% de las lluvias en distintas regiones del país.

La menor disponibilidad de agua puede afectar tanto a los cultivos como a la ganadería. Un análisis del Ministerio de Agricultura citado por BBVA Research y BBVA Risk estima que El Niño reduce cerca de un 5% el rendimiento agrícola, con un impacto algo mayor en los cultivos permanentes que en los transitorios.

Los efectos pueden alcanzar también al sistema eléctrico. Alrededor del 60% de la electricidad en Colombia procede de la generación hidroeléctrica. Una reducción de las lluvias puede disminuir el nivel de los embalses y aumentar el recurso a fuentes térmicas, de mayor coste. La menor oferta de alimentos y el aumento de los costes energéticos pueden generar, a su vez, presiones sobre la inflación.

Perú: el momento del año determina buena parte del impacto

En Perú, el impacto de El Niño depende especialmente de la zona del Pacífico en la que se produzca el calentamiento y del momento del año.

Entre mayo y noviembre, durante la temporada seca, unas temperaturas más elevadas pueden afectar a la pesca y a la agricultura. El calentamiento del océano reduce la disponibilidad de especies de aguas frías como la anchoveta, uno de los principales recursos pesqueros de Perú, mientras que el exceso de calor puede reducir el rendimiento de algunos cultivos.

El riesgo aumenta si El Niño coincide con la temporada de lluvias, entre diciembre y abril. En ese supuesto pueden producirse desbordamientos de ríos, inundaciones y deslizamientos que dañen cultivos e infraestructuras y afecten al comercio, al transporte y a la generación eléctrica.

Los episodios históricos muestran la importancia del momento del año. Los fenómenos de 1982-1983, 1997-1998 y 2017 coincidieron con la temporada de lluvias y estuvieron asociados a pérdidas derivadas, entre otros factores, de la destrucción de infraestructuras. En cambio, El Niño de 2023 se desarrolló fundamentalmente durante la temporada seca y no provocó daños en infraestructuras de magnitud comparable.

La capacidad de adaptación condiciona el impacto económico

El análisis de BBVA Research y BBVA Risk señala que un episodio climáticamente comparable a otro del pasado no tiene por qué ocasionar en la actualidad el mismo daño económico. Con datos de Notre Dame Global Adaptation Initiative, los indicadores sintéticos de capacidad de adaptación climática¹ de Argentina, Colombia y Perú han mejorado durante las últimas décadas, pero existe margen para reforzarla.

La inversión en tecnología, la gestión del agua y de las infraestructuras y el aumento de la productividad del sector primario pueden contribuir a reducir la magnitud y duración del impacto de fenómenos como El Niño. Esto es especialmente relevante dado que el consenso científico apunta a que el calentamiento global puede intensificar los efectos de El Niño sobre los regímenes de precipitaciones, con periodos de lluvias más abundantes y sequías más severas.

1. Agregación de 12 indicadores de recursos, infraestructuras y capacidades sectoriales que potencialmente permiten reducir daños o responder a impactos climáticos.