¿Qué son las finanzas de transición y por qué son clave para descarbonizar la industria?
Las finanzas de transición son instrumentos diseñados para financiar la reducción progresiva de emisiones en sectores industriales difíciles de descarbonizar. Apoyar la transformación de las industrias ‘hard-to-abate’ a través de este tipo de financiación, es esencial para avanzar hacia una economía baja en carbono.
Según el World Economic Forum (WEF), los ocho sectores más difíciles de descarbonizar (acero, cemento, aluminio, productos químicos primarios, producción de petróleo y gas, aviación, transporte marítimo y transporte por camión) representan alrededor del 40% de las emisiones globales. Teniendo en cuenta esta cifra, la financiación de transición supone una oportunidad para las empresas.
Finanzas verdes vs. finanzas de transición: en qué se diferencian
Las finanzas verdes son el conjunto de instrumentos, inversiones y actividades financieras destinadas a promover o refinanciar proyectos y activos con beneficios ambientales claros, centrados principalmente en actividades que ya se consideran ambientalmente sostenibles conforme a taxonomías oficiales y estándares de mercado. Estas finanzas canalizan capital hacia sectores como las energías renovables, la eficiencia energética, la movilidad limpia, la gestión sostenible del agua o la protección de ecosistemas, y suelen regirse por marcos de referencia reconocidos —como la Taxonomía de la UE, los Green Bond Principles o estándares similares— que establecen criterios técnicos para determinar qué actividades pueden calificarse como verdes.
A diferencia de las finanzas verdes, las finanzas de transición ponen el énfasis en el proceso de cambio, financiando la reducción gradual y verificable de impactos negativos en lugar de solo el resultado final.
La financiación de transición (o Transition Finance) permite canalizar recursos hacia tecnologías intermedias y modelos de negocio que aún pueden depender parcialmente de los combustibles fósiles o de procesos productivos que son difíciles de descarbonizar, pero que ofrecen reducciones de emisiones significativas, cuantificables y medibles dentro de un horizonte temporal definido.
| Tipo de financiación | Objetivo | Actividades financiadas | Marco o criterios |
|---|---|---|---|
| Finanzas sostenibles (o verdes) | Canalizar capital hacia actividades que ya se consideran ambientalmente sostenibles. | Energías renovables, eficiencia energética, movilidad limpia, gestión sostenible del agua o protección de ecosistemas. | Se basan en taxonomías y estándares como la Taxonomía de la UE o los Green Bond Principles. |
| Finanzas de transición | Financiar la transformación de sectores intensivos en emisiones hacia modelos bajos en carbono. | Proyectos que reducen emisiones o mejoran procesos en industrias como energía, acero, cemento o transporte. | Se guían por planes de descarbonización, hojas de ruta sectoriales y criterios de transición creíble. |
¿Qué oportunidades ofrecen las finanzas de transición para la industria?
La financiación de transición va dirigida fundamentalmente, aunque no sólo, a los denominados sectores ‘hard-to-abate’, que comparten cuatro características estructurales que explican por qué su descarbonización es especialmente compleja y por qué requieren un enfoque específico de financiación.
- En primer lugar, generan una elevada proporción de emisiones. Sectores como el acero, el cemento, la aviación, el transporte marítimo, la energía térmica o determinadas actividades del sector petróleo y el gas concentran una parte muy significativa de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI). No se trata de sectores marginales, sino del núcleo industrial y energético de la economía. Por tanto, cualquier estrategia creíble de neutralidad climática debe necesariamente abordar su transformación.
- En segundo lugar, dependen de procesos industriales intrínsecamente emisores. En muchos casos, las emisiones no provienen únicamente del consumo de energía, sino del propio proceso químico o físico de producción. La fabricación de clinker en el cemento o la reducción del mineral de hierro en altos hornos son ejemplos claros. Esto implica que la descarbonización no se resuelve simplemente sustituyendo electricidad fósil por renovable: requiere rediseñar procesos productivos completos, incorporar nuevas tecnologías o desarrollar soluciones aún en fase de escalado industrial.
- En tercer lugar, operan activos de larga vida útil. Centrales térmicas, plantas siderúrgicas, refinerías, flotas marítimas o infraestructuras aeroportuarias están diseñadas para funcionar durante varias décadas. La inversión en estos activos es intensiva en capital y su amortización es de largo plazo. Cerrar anticipadamente estas instalaciones puede generar pérdidas significativas y activos varados si no existe una hoja de ruta clara de transición. Esto introduce una dimensión financiera crítica en la gestión del cambio.
- En cuarto lugar, disponen de alternativas tecnológicas limitadas o costosas. Aunque existen soluciones emergentes como el hidrógeno verde, la captura y almacenamiento de carbono, los combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés) o la electrificación de ciertos procesos industriales, muchas de estas tecnologías aún presentan un ‘green premium’ significativo, es decir, costes elevados, dependencia de incentivos públicos o desafíos de infraestructura. La brecha de competitividad frente a tecnologías convencionales sigue siendo, en muchos casos, un obstáculo relevante. Según la Agencia Internacional de la Energía, un 45% de las actividades necesarias para las cero emisiones netas cuentan con esa prima de coste. En muchos casos, la descarbonización implica rediseñar procesos productivos completos y realizar inversiones de gran escala. Por ello, requieren financiación estructurada y de largo plazo.
En este contexto, y para los sectores intensivos en emisiones, la transición climática se ha percibido inicialmente como una acumulación de riesgos: estos sectores se enfrentan a activos que pueden quedar obsoletos antes del final de su vida útil, a una presión regulatoria creciente, a un incremento progresivo del coste de capital y a posibles descuentos en valoración por parte de los mercados. En los casos más extremos, la falta de adaptación puede traducirse en un deterioro estructural del modelo de negocio.
Sin embargo, precisamente ahí es donde la financiación de transición actúa como elemento transformador ya que permite convertir ese escenario de riesgo en una palanca de modernización porque:
- Facilita la inversión en nuevas tecnologías.
- Facilita la adaptación de procesos industriales.
- Mejora de la eficiencia operativa.
Para las empresas, esto implica varias ventajas claras: modernización de activos, reducción de exposición a riesgos regulatorios futuros, mejora en la percepción de riesgo por parte de inversores y financiadores, y facilita el acceso a capital en condiciones más competitivas. Además, posicionarse tempranamente en soluciones de transición puede generar ventaja competitiva en mercados que inevitablemente evolucionarán hacia estándares más exigentes.
¿Por qué las finanzas de transición ganan relevancia en los mercados financieros?
Tras un periodo de incertidumbre sobre cómo abordar este tipo de financiación, en la actualidad el mercado cuenta con estándares formales impulsados por la Asociación Internacional de Mercados de Capitales (ICMA, por sus siglas en inglés) y por la Asociación del Mercado de Préstamos Sindicatos (LMA, por sus siglas en inglés), que proporcionan estructura, coherencia y credibilidad a estos instrumentos. Estos marcos han sido esenciales para dotar de integridad y confianza a un ámbito con mayor complejidad técnica y reputacional que la financiación verde tradicional.
Los estándares de ICMA y LMA son, en esencia, marcos voluntarios de mercado. No constituyen regulación obligatoria ni tienen fuerza legal directa. Sin embargo, precisamente por su carácter voluntario y por el respaldo amplio que han recibido por parte de emisores, inversores y entidades financieras a nivel global, se han convertido en referencias de facto para estructurar operaciones de financiación sostenible y, más recientemente, de financiación de transición.
Su importancia radica en varios elementos clave:
- Generación de confianza inversora. En financiación de transición no se financian actividades ya verdes, sino trayectorias futuras de transformación. Esto exige credibilidad. Los inversores necesitan un marco común que les permita evaluar la ambición, coherencia y transparencia de las operaciones. Los estándares de ICMA y LMA proporcionan ese lenguaje compartido, estableciendo requisitos mínimos en estrategia de transición, indicadores, objetivos y ‘reporting’. Esto reduce asimetrías de información, facilita comparabilidad y fortalece la integridad del mercado.
- Anticipación regulatoria. Aunque son estándares voluntarios, históricamente han servido de base para desarrollos regulatorios posteriores. En un entorno donde la regulación sobre transición aún está evolucionando, adoptar estos principios posiciona a las entidades alineadas con las mejores prácticas internacionales y reduce el riesgo de ajustes futuros. Permite construir capacidades internas antes de que sean formalmente exigidas.
- Legitimidad y disciplina técnica. En un ámbito con mayor complejidad técnica y sensibilidad reputacional que la financiación verde tradicional, estos estándares aportan estructura, rigor y credibilidad. No sólo ordenan el mercado, sino que elevan el nivel de exigencia interna en la estructuración y seguimiento de operaciones.
En definitiva, aunque voluntarios en su naturaleza, estos estándares desempeñan una función estructural: hacen que la financiación de transición sea creíble, escalable y sostenible en el tiempo.
¿Qué requisitos debe cumplir la financiación de transición?
Para financiar la transición es fundamental:
- Contar con un plan de transición de la empresa.
- Utilizar los fondos en base a criterios clave.
El plan de transición es el elemento central. Se trata de un documento estratégico que articula cómo una organización adaptará su modelo de negocio, operaciones y gobernanza para alinearse con un futuro de bajas emisiones de carbono y, en la medida de lo posible, con objetivos cero emisiones. Este plan no solo fija metas de reducción de emisiones en distintos horizontes temporales, sino que desglosa las acciones, hitos intermedios, recursos financieros y capacidades institucionales necesarias para alcanzarlas, integrando consideraciones técnicas, financieras y de gestión del riesgo.
La importancia de un plan de transición radica en que proporciona credibilidad, transparencia y responsabilidad a los compromisos climáticos de una empresa, permitiendo a inversores, clientes y supervisores entender y monitorear su progreso. También ayuda a gestionar de forma proactiva los riesgos financieros y operativos asociados al cambio climático y sirve como herramienta para reorientar la estrategia y priorizar inversiones en innovación y descarbonización. Un plan robusto es, por tanto, un elemento central para convertir objetivos climáticos en acciones concretas y financieramente viables, reforzando al mismo tiempo la resiliencia y competitividad de la organización en un entorno regulatorio y de mercado que evoluciona rápidamente. Sin un plan sólido, no existe base legítima para estructurar financiación de transición.
Por otro lado, está el uso de los fondos. En la financiación de transición, el uso de los fondos no puede evaluarse únicamente por su intención declarada. Debe cumplir cuatro criterios fundamentales que garantizan integridad, impacto real y coherencia con una trayectoria de descarbonización.
- En primer lugar, utilizar las Mejores Tecnologías Disponibles (BAT, por sus siglas en inglés). Los proyectos deben utilizar la mejor tecnología disponible en el mercado en términos de reducción de emisiones, siempre que sea técnica y económicamente viable. No se trata de financiar mejoras marginales cuando existen alternativas significativamente más eficientes. Este criterio introduce disciplina tecnológica y evita que se perpetúen soluciones subóptimas que retrasen la transformación estructural.
- En segundo lugar, impacto medible y orientado a resultados. La financiación debe contribuir a reducciones sustanciales y cuantificables de emisiones. No basta con una mejora relativa: es necesario demostrar impacto concreto, tanto en el corto como en el largo plazo. Esto implica definir métricas claras, establecer líneas base y garantizar seguimiento periódico. La credibilidad del instrumento depende de la capacidad de demostrar resultados reales.
- En tercer lugar, transición justa y principio de ‘no causar un daño significativo’ (DNSH, por sus siglas en inglés). La transición no puede generar impactos sociales o ambientales adversos que contravengan otros objetivos de sostenibilidad. Los proyectos deben evitar dañar ecosistemas, comunidades o trabajadores, y cuando sea posible, deben contribuir a una transición justa que tenga en cuenta el empleo, la cohesión social y el desarrollo local. Este elemento amplía la evaluación más allá del carbono e introduce una dimensión social clave.
- En cuarto lugar, evitar la dependencia estructural del carbono o ‘Carbon Lock-In’. Es esencial que la financiación no perpetúe infraestructuras intensivas en carbono sin un plan claro de sustitución o reconversión. Incluso cuando se financian soluciones intermedias, estas deben estar claramente integradas en una hoja de ruta que conduzca a una reducción estructural de emisiones. Evitar el ‘lock-in’ protege tanto la credibilidad climática como el perfil de riesgo financiero a largo plazo.
En conjunto, estos cuatro bloques garantizan que la financiación de transición no sea simplemente una mejora incremental, sino una contribución real a la transformación industrial. Introducen mayor exigencia técnica y mayor responsabilidad reputacional, pero son precisamente esos elementos los que dotan al mercado de integridad y credibilidad.
¿Por qué la financiación verde no es suficiente para descarbonizar la economía?
Según Climate Bonds, en los últimos años, la financiación sostenible ha experimentado un crecimiento notable. El mercado global de bonos verdes y otros instrumentos de deuda sostenible ha superado el billón de dólares anual en emisiones, con un volumen acumulado superior a cinco y seis billones de dólares, consolidándose como un instrumento clave para financiar la transición climática. Sin embargo, este crecimiento no está resolviendo el problema estructural de la descarbonización de la economía real.
El informe ‘Transition Finance in the Debt Capital Market’ publicado por ICMA en 2024 señala que, aunque el mercado sostenible ha avanzado, la financiación etiquetada como transición sigue siendo limitada en los sectores más intensivos en emisiones. ICMA subraya que existe un desajuste entre:
- Dónde se concentran las emisiones.
- Dónde se concentra la financiación sostenible.
Este diagnóstico es coherente con otros análisis internacionales. El World Economic Forum, en su ‘Net Zero Industry Tracker 2024’, estima que es necesario invertir hasta 30 billones de dólares hasta 2050 en estos sectores intensivos en carbono, mientras que la mayor parte del capital sostenible se ha canalizado hacia actividades ya alineadas con taxonomías verdes.
La Agencia Internacional de la Energía (IEA), en su ‘World Energy Investment Report 2024’ y en sus escenarios cero emisiones actualizados, advierte que alcanzar trayectorias compatibles con el Acuerdo de París exige no solo financiar tecnologías limpias (‘cleantech’), sino transformar procesos industriales existentes a gran escala, especialmente en industria pesada y generación energética.
Asimismo, organizaciones como Rocky Mountain Institute (RMI), en su análisis sobre ‘Transition Finance’ publicado en 2023, insisten en que sin financiación estructurada para sectores como acero, cemento, transporte pesado o generación térmica, la neutralidad climática es simplemente inalcanzable.
Según BloombergNEF, tan solo el 7,5% de los 2,3 billones de dólares invertidos en energías limpias en 2025 han ido destinados a tecnologías emergentes como el hidrógeno, los biofueles, el calor industrial o la captura de carbono, que son fundamentales para la descarbonización industrial. El mensaje es claro: el capital está fluyendo hacia lo que ya es verde, pero las emisiones permanecen concentradas en lo que todavía no lo es.
Si el sistema financiero se limita a financiar únicamente actividades plenamente alineadas, deja sin acompañamiento precisamente a los sectores cuya transformación es indispensable. Por tanto, financiar la transición se convierte en una necesidad estructural para transformar la economía real y para gestionar adecuadamente el riesgo crediticio de largo plazo en nuestras carteras.
Cómo BBVA impulsa las finanzas de transición
BBVA apuesta por acompañar a todos los clientes en su transformación sostenible, reconociendo de forma temprana que la descarbonización de la economía real requiere del acompañamiento activo a los sectores intensivos en emisiones en su transformación.
En línea con este enfoque, ha desarrollado y publicado su propio Marco de Finanzas de Transición, estableciendo criterios claros, exigentes y alineados con los estándares internacionales de mercado para estructurar este tipo de operaciones. Este posicionamiento permite a BBVA integrar la transición como una dimensión estratégica dentro de su actividad financiera, acompañando a los clientes a través de la sostenibilidad como motor de crecimiento.
Preguntas frecuentes sobre las finanzas de transición
¿Qué son las finanzas de transición?
Las finanzas de transición son instrumentos financieros diseñados para apoyar la reducción progresiva de emisiones de gases de efecto invernadero en sectores industriales intensivos en carbono.
¿Qué sectores necesitan financiación de transición?
Los sectores denominados ‘hard-to-abate’, como el acero, el cemento, la aviación, el transporte marítimo o la producción de petróleo y gas, requieren financiación específica para avanzar en su descarbonización.
¿En qué se diferencian las finanzas verdes de las finanzas de transición?
Las finanzas verdes financian actividades ya consideradas sostenibles, mientras que las finanzas de transición financian la transformación gradual de sectores que aún dependen de procesos intensivos en carbono.
¿Por qué son importantes las finanzas de transición?
Son esenciales para descarbonizar sectores industriales responsables de una gran parte de las emisiones globales y facilitar la transformación de la economía hacia modelos productivos con menores emisiones.
¿Qué papel juegan los planes de transición empresarial?
Los planes de transición definen los objetivos, inversiones y acciones necesarias para reducir emisiones y son el elemento central para estructurar operaciones de financiación de transición.