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Huella de Carbono

El calentamiento global es resultado del aumento del efecto invernadero. El concepto comenzó a investigarse en el siglo XIX, ganó popularidad en las décadas de 1960 y 1970 y desde entonces se ha expandido no solo por universidades y organismos públicos de todo el mundo, sino en las preocupaciones —y las experiencias— de cada vez más habitantes del planeta. Hoy se confirma como uno de los mayores desafíos de la civilización humana.

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En un contexto de preocupación global por el cambio climático, la protección del medioambiente y el desarrollo social, los términos sustentabilidad y sostenibilidad se utilizan con frecuencia como sinónimos. Sin embargo, desde un punto de vista técnico y conceptual, cuentan con características que, según los expertos, los hacen diferentes.

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La tecnología de captura, uso y almacenamiento de Carbono (CCUS, por sus siglas en inglés) permite capturar el dióxido de carbono (CO2) emitido por procesos industriales o presente en el aire, transportarlo y almacenarlo de forma permanente en el subsuelo. Además, hace posible reutilizar este gas como materia prima en distintos procesos industriales antes de su almacenamiento definitivo.

Un análisis reciente de BBVA Research titulado ‘La oportunidad de la captura de carbono para la economía española’ sitúa a las tecnologías de captura, uso y almacenamiento de carbono (CCUS, por sus siglas en inglés) con potencial de ser una herramienta clave en la transición hacia una economía descarbonizada y competitiva. Para España, donde un tercio de las emisiones procede de sectores industriales con emisiones difíciles de abatir (“hard to abate”), 10 puntos porcentuales más que en el promedio de la economía mundial, las CCUS pueden no ser una opción marginal, sino una pieza importante para fortalecer la competitividad industrial, cumplir los objetivos climáticos y favorecer un cambio menos traumático de actividades en los territorios más expuestos a estas industrias.